Te llaman de la tasadora y quedáis para mañana a las diez. Lo normal es que en ese momento te entren las dudas. ¿Recojo un poco? ¿Le doy una mano de pintura a la pared del salón? ¿Tengo que buscar algún papel? Saber qué mira el técnico cuando va a tasar un piso ayuda a preparar la casa y, sobre todo, a entender después el informe.
Conviene quitarse una idea de la cabeza: el tasador no entra, echa un vistazo y suelta una cifra. Trabaja con criterios técnicos y con una normativa oficial, y todo lo que hace va encaminado a que el valor sea lo más objetivo posible.
Lo primero en lo que se fija
Nada más entrar, toma nota de cómo está la casa en general. Humedades, grietas, desconchones en paredes y techos… y si se nota que se ha cuidado con los años. Luego vienen las cosas que más pesan cuando vives en ella: cuánta luz entra, hacia dónde está orientada y qué se ve desde las ventanas. Un exterior al sur y un interior que da a un patio de luces no juegan en la misma liga, aunque tengan los mismos metros.
La ubicación (el barrio, los servicios, el transporte) la estudia antes de ir, con datos de mercado. En la visita lo que hace es comprobar cómo se traduce eso en el día a día: si entra mucho ruido de la calle, si los vecinos de enfrente te ven el salón, cómo están las zonas comunes.
Los metros: lo que pone el papel y lo que hay
Una parte importante de la visita es medir. El tasador comprueba la superficie útil y la construida y la compara con lo que figura en el Catastro y en la escritura. Pasa más de lo que parece que no cuadren, sobre todo en pisos antiguos. Si la diferencia es grande, lo reflejará en el informe, y eso puede darte algún quebradero de cabeza con el banco.
También le da muchas vueltas a la distribución. Un pasillo larguísimo son metros que pagas y no usas. Una habitación cuadrada se amuebla mejor que una alargada y estrecha, y eso se nota en la valoración. Por eso dos pisos de 80 m² en el mismo edificio pueden tasarse por importes distintos.
Lo que suma y lo que resta
Después se fija en los materiales. Qué suelo hay (parquet, gres, mármol), cómo son las ventanas y si aíslan de verdad del frío y del ruido, las puertas, los alicatados. Y revisa las instalaciones: fontanería, electricidad, calefacción y aire acondicionado.
Lo que juega a favor es bastante intuitivo. Una cocina o un baño reformados con buenos materiales, una instalación eléctrica al día, una climatización que no se coma la factura o unas ventanas nuevas. El ascensor también cuenta, y bastante más en un cuarto que en un primero. En contra, las instalaciones viejas, las humedades sin resolver y las reformas chapuceras. Que la obra sea reciente no basta: el técnico mira cuándo se hizo y también cómo se hizo.
La terraza, el balcón y el trastero se miden igualmente, pero no valen lo mismo que un metro de salón. Se ponderan según cómo sean y en qué estado estén. Y antes de irse echa un ojo al edificio: el portal, la fachada, si hay que subir escalones para llegar al ascensor.
Lo que no mira (aunque mucha gente crea que sí)
Los muebles y la decoración no influyen. Se tasa la vivienda, no lo que hay dentro, así que el sofá que te costó un dineral no suma nada. Pintar la víspera tampoco cambia el valor, y si es para tapar una humedad, lo normal es que el técnico la vea igual. Y el precio al que tienes anunciado el piso le es indiferente: su cifra sale del estado de la casa y de lo que se está pagando en la zona.
Dicho esto, recoger un poco sí ayuda. Con la casa ordenada y todas las bombillas funcionando, la visita va más rápida y el técnico ve el piso tal y como es.
Los papeles que conviene tener a mano
Tener preparados unos cuantos documentos te ahorra tiempo: la escritura, el último recibo del IBI, el certificado energético si ya lo tienes y lo que puedas de la comunidad, como la última inspección técnica del edificio si se ha pasado.
Lo que no te va a preguntar es si el piso tiene cargas. Eso (una hipoteca sin cancelar, un embargo) se mira en el Registro de la Propiedad con la nota simple. Y cuando se va, el trabajo sigue en la oficina: busca comparables, que son ventas recientes de pisos parecidos en la misma zona, y con todo eso cierra el valor.
Antes de que llamen al timbre
Tanto si la tasación es para la hipoteca como para una herencia o para saber a qué precio vender, lo que conviene es que el piso se vea tal cual está. Arregla lo que se arregla en una tarde, como esa gotera o el enchufe que lleva meses sin ir, ten los papeles preparados y no te gastes dinero en maquillaje.
Y si es la primera vez y quieres entender bien cómo funciona todo, infórmate antes de tasar un piso. Llegarás a la visita con las ideas mucho más claras.
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