En España hay muchísimo dinero quieto. Según el Banco de España, los depósitos de los hogares sumaban 1,104 billones de euros a finales de agosto de 2026. Es una cifra récord. Habla de un país que ahorra, que es prudente y que guarda para cuando lleguen los malos tiempos. El problema es que ese colchón no está tan protegido como parece: el INE ha adelantado que la inflación de septiembre de 2026 se sitúa en el 4,9 %, seis décimas por encima de agosto. Las cuentas a la vista de los hogares, en cambio, pagaban de media un 0,16 % en julio.
Con la inflación cerca del 5 %, la cuenta corriente se convierte en una máquina de perder valor. Pongamos un ejemplo sencillo: quien tenga 10.000 euros en una cuenta al 0,16 % recibirá unos 16 euros de intereses en un año. Mientras tanto, los precios habrán subido un 4,9 %. El resultado es que esos ahorros pierden unos 450 euros de poder de compra en solo doce meses. El saldo de la cuenta no baja, pero con ese dinero se pueden comprar menos cosas. Es una pérdida silenciosa que casi nadie ve en el extracto, aunque se nota en el supermercado, en la gasolinera y en la factura de la luz.
¿Por qué pasa esto en un país que ahorra tanto? La respuesta incómoda es que a la mayoría nunca le han enseñado qué hacer con su dinero. Precisamente para cubrir ese hueco nacen proyectos como Economipedia, uno de los grandes portales de divulgación económica en español, que ofrece también una formación en inversión de Economipedia pensada para que cualquier ahorrador aprenda a tomar decisiones por su cuenta, sin depender del consejo interesado de su banco.

No falta ahorro, falta formación
El diagnóstico de fondo no es que los españoles ahorren poco. Ahorran, y mucho. Lo que falla es la educación financiera. La Encuesta de Competencias Financieras de 2021, que elaboran el Banco de España y la CNMV, lo resume con un dato demoledor: solo el 19 % de los adultos responde bien a tres preguntas básicas sobre inflación, interés compuesto y diversificación del riesgo. En 2016 lo hacía el 18 %, así que en cinco años apenas se ha avanzado un punto.
No son preguntas para expertos. Son los conceptos mínimos para entender por qué el dinero parado pierde valor, por qué empezar a invertir pronto marca una diferencia enorme a largo plazo y por qué no conviene meter todos los huevos en la misma cesta. Que ocho de cada diez adultos fallen al menos una de ellas explica buena parte de lo que pasa con esos 1,1 billones de euros.
La comparación con Europa tampoco ayuda. Según el Eurobarómetro de 2023, recogido por Funcas, España es el cuarto país de la Unión Europea con menos población con conocimientos financieros altos. Y el problema empieza pronto. En el informe PISA 2022, que mide la competencia financiera de los alumnos de 15 años, los estudiantes españoles obtuvieron 486 puntos, por debajo de la media de la OCDE (498). Solo un 5 % alcanzó el nivel más alto, frente al 11 % de media en los países de la OCDE.
Por qué pasa: nadie nos enseña
La raíz del problema es doble. Por un lado, la economía personal no se enseña en el colegio de forma seria. Un estudiante puede terminar el bachillerato sabiendo resolver ecuaciones de segundo grado sin haber oído hablar del interés compuesto, de lo que es un fondo indexado o de cómo leer una nómina. Las finanzas personales suelen aprenderse en casa, si hay suerte, o a base de errores.
Por otro lado, la mayoría delega sus decisiones en el banco. Es lo cómodo: la sucursal está cerca, el gestor conoce a la familia y parece lógico confiar en quien ya guarda tu dinero. Pero un banco es una empresa con productos propios que vender, y sus intereses no siempre coinciden con los del cliente. Cuando el ahorrador no tiene criterio propio, no puede valorar si lo que le ofrecen es adecuado, si las comisiones son razonables o si existen alternativas mejores. Y muchas veces la opción por defecto es no hacer nada y dejar el dinero en la cuenta corriente, que es justo lo que más está costando ahora.
Economipedia: la formación como punto de partida
Frente a esa situación, la solución no es buscar un producto milagroso, sino aprender. Ese es el enfoque de Economipedia, que lleva años explicando conceptos económicos en un lenguaje accesible y que ha dado el paso de ofrecer un programa estructurado para enseñar a invertir.
Andrés, de Economipedia, lo explica con una comparación que cualquiera entiende: “La gente dedica horas a decidir qué coche comprar, pero apenas dedica tiempo a decidir qué hacer con todos los ahorros de su vida. Y sin un plan, ese dinero pierde valor año tras año”.
La frase resume bien la paradoja española. Se comparan seguros, tarifas de móvil y modelos de coche durante semanas, pero el dinero que se ha ido acumulando durante toda una vida laboral se queda en una cuenta sin rentabilidad o se pone en el primer producto que propone el banco. La idea de fondo es que invertir no es cosa de expertos ni de ricos: es una habilidad que se puede aprender, igual que se aprende a conducir.
Qué proponen: primero el orden, después la inversión
El método que defiende Economipedia rompe con la idea de que invertir consiste en elegir acciones o adivinar qué va a subir. Empieza mucho antes y se apoya en tres pasos.
Ordenar tus finanzas
Antes de invertir un solo euro hay que ordenar las finanzas personales. Esto significa saber cuánto entra y cuánto sale cada mes, identificar gastos innecesarios, liquidar las deudas caras (como tarjetas revolving o créditos al consumo) y construir un fondo de emergencia que cubra varios meses de gastos. Sin esa base, cualquier imprevisto obliga a vender inversiones en el peor momento.
Hacer un plan financiero
El segundo paso es elaborar un plan financiero: una foto clara de la situación actual y de los objetivos que se quieren alcanzar. No es lo mismo ahorrar para la entrada de un piso dentro de cinco años que preparar la jubilación dentro de treinta o pagar los estudios de los hijos. Cada objetivo tiene un plazo, un importe y un nivel de riesgo que se puede asumir. Sin este plan, la inversión se convierte en una apuesta sin rumbo.
Diseñar una estrategia y una cartera
Solo después llega la parte que mucha gente cree que es la primera: crear una estrategia de inversión y construir una cartera enfocada en cumplir esos objetivos. Aquí entran en juego los conceptos que tantos adultos fallan en las encuestas: la diversificación, el largo plazo, el efecto del interés compuesto y el control de los costes. Una cartera bien diseñada no busca dar el pelotazo, sino crecer de forma constante por encima de la inflación y adaptarse a lo que necesita cada persona.
El coste de no hacer nada
Con la inflación en el 4,9 %, quedarse quieto también es una decisión, y es cara. Cada año que el dinero permanece en una cuenta que paga un 0,16 %, el ahorrador se empobrece un poco más sin darse cuenta. Multiplicado por los más de 1,1 billones de euros que los hogares tienen en depósitos, la pérdida de poder adquisitivo para el conjunto del país es enorme.
La buena noticia es que el problema tiene solución y no requiere ser economista. Requiere tiempo, formación y un plan. Dedicar a los ahorros de toda una vida al menos la misma atención que se le dedica a elegir un coche es, probablemente, una de las decisiones financieras más rentables que puede tomar cualquier familia española.
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