Ha sido un ejercicio de autocrítica contenido, de reconocimeinto de logros pero también de errores propios y ajenos. A sus 85 años, en su discurso no han faltado los reproches a otras instituciones, a los medios de comunicación e incluso a “algunas asociaciones de víctmas”. El obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte, ha asegurado hoy que en la Iglesia vasca “deberíamos haber sido los primeros” en “despertar” ante el dolor de las víctimas del terrorismo. Ha apuntado que la movilización de la comunidad critiana en su conjunto y de sus “pastores” en particular para motivarla debío haber sido “más temprana, más intensa y más eficiente”

En un discurso con el que ha cerrado la jornada “La Iglesia ante la violencia de ETA” que ayer y hoy se han celebrado en la Universidad del País Vasco en Vitoria, quien fuera uno de los mediadores en las conversaciones entre el Goberno del PP y ETA en 1998, ha considerado que el balance del papel de la iglesia arroja “más luces que sombras”. Ha señalado que el “despertar” ante el dolor de quienes sufrían la violencia fue tardío, no sólo en la Iglesia “sino en toda la sociedad española y vasca, nadie estuvo a la altura”.

Ha apuntado incluso que en determinados casos el interés por las vćitimas del terrorismo se inició “cuando algunos descubrieron el capital político que encerraban”. El obispo Uriarte también ha cuestionado el papel jugado por algunas asociaciones de víctimas, que no ha citado, que considera que “con sus posiciones” no contribuyeron a “modificar y enriquecer” las posiciones de apoyo hacia ellas. Uriarte ha rechazado que tanto los obispos como el conjunto de la Iglesia estuviera alejada de ellas. Ha afirmado que durante muchos años prelados y sacerdotes “visitamos a las familias y en fechas señaladas”.

Insuficiente y tardía

Ha recordado que durante un tiempo la cercanía con ellas por parte de la Iglesia fue insuficiente y tardía, “la sensibilidad y la movilizacion de la mayoría de la comunidad cristiana quedó por debajo de lo esperable”, ha dicho.

En su opinión las acusaciones de “equidistancia” que en muchos casos se lanzan contra la Iglesia son injustas. Recuerda que haber denunciado tanto la violencia ejercida por ETA como la que perpetraron otros movimientos violentos, en ocasiones vinculados al Estado, “nos mereció el ‘san Benito’ de equidistantes, cuando no, decir que apoyábamos a ETA”. Ha apuntado que la Iglesia debía denunciar la vulneración de derechos humanos si se cometían por parte del Estado “incluso si era contra los agresores”. Ha rechazado cualquier tipo de equidistancia, “no fue así, fue un descomunal malentendido”, ha afirmado, para recordar después que pese a que fue notablemente inferior a la ejercida por ETA, la violencia promovida por el Estado y otros grupos dejó un rastro de 97 muertes injustas, 746 heridos y muchas torturas”.

Uriarte ha destacado que desde el primer momento rechazaron la violencia de ETA, “ya en 1968 la reprobamos enérgicamente”. Ha apuntado que esa firmeza en contra de ETA fue fortaleciéndose con el tiempo, “ya entonces hablábamos de asesinatos y de terrorismo, era una posicion neta y fire que la Iglesia antepuso a muchas organizaciones sociales o incluso a medios de comunicación en aquellos años, que lo relegaban a páginas interiores”. A los medios les ha custionado el papel crítico que han tenido hacia la Iglesia, en especial por cuestionar su papel a lo largo de las últimas decadas e ignorar su aportación a la resolución de la violencia.

Silencio ante la feligresía

Ha reconocido que en el seno de la Iglesia sí hubo sacerdotes y lugares en los que la firmeza de la “doctrina episcopal” no era trasladada de igual modo. “Algunos la silenciaban para no dividir a la feligresía y otros la ignoraban deliberadamente. Fueron pocos los espacios eclesiales en los que se promovió el diálogo como vía de reconciliacion”.  Ha concluido su intervención confiando en que lo que “jamás debio suceder” no vuelva a ocurrir jamás.

Uriarte relevó a José Maríá Setién al frente del obispado de San Sebastián. Su llegada a la capital guipuzcoana se produjo después de haber ocupado el obispado de Zamora entre 1991 y 2000 y de haber ejercido como obispo auxiliar de Bilbao desde 1976.

El prelado participó en varias acciones de interloución y mediación relacionadas con la paz en Euskadi. Su papel más relevante lo llevó a cabo durante la tregua de 14 meses que ETA activó en 1998 y durante la cual el Gobierno de José María Aznar abrió un periodo de contactos con interlocutores de la banda y en la que participó Uriarte.

El obispo vizcaíno tuvo que celebrar el funeral de su propio primo en su localidad natal, Fruniz. Juan José Uriarte era taxista y fue asesinado por ETA en 1985 en Bermeo. Durante aquel funeral Uriarte reprobó con dureza el uso de la violencia armada.

Sin embargo, entre los muchos funerales a víctimas de ETA que ha tenido que celebrar, el más polémico fue el que ofició por el periodista José Luis López de Lacalle, asesinado por ETA en 2000. Se le reprochó que durante la homilía, al mismo tiempo que rechazaba la violencia de la banda, se dirigiera al ministro del Interior para apelar a la necesidad de reformzar el diálogo entre todas las formaciones, incluida la izquierda abertzale, para salir de la situación de bloqueo en la que se encontraba la búsqueda de la paz en Euskadi. Además, fueron muy criticadas sus palabras instando al acercamiento de los presos de la banda como gesto para avanzar en la convivencia.