Se sabía de antemano que este iba a ser un debate agrio y complicado. Siempre lo han sido aquellos en que se discutía una nueva ley educativa, en este caso, nada menos que la octava de la democracia. La llamada Ley Celaá ha terminado en gritos de «libertad, libertad» por parte de la bancada del PP y de Vox, que votarán en contra del texto por considerar, precisamente, que limita la libertad de los padres para escoger la educación que quieren para sus hijos, tanto en lo que se refiere a la escuela en castellano en Cataluña, como a la concertada o a la educación especial.

La protesta de los diputados del arco derecho de la Cámara ha sido respondido con los aplausos de los partidos de la coalición, que sacarán adelante el texto sin problemas con los votos de ERC, PNV y Más País, como poco. Ya con ellos suma los 176 necesarios de la mayoría absoluta al tratarse de una Ley orgánica.

No deja de resultar llamativo que PP, VOX y Ciudadanos se hayan sumado a una enmienda de PNV, Junts y PdeCat en defensa de la escuela concertada, uno de los grandes caballos de batalla en esta ley, aunque por el contrario, les separa un abismo respecto al hecho de que el castellano deje de ser lengua vehicular en aquellos territorios donde hay otra lengua cooficial, que el Gobie3rno aceptó para dar satisfacción a ERC, del que quiere su apoyo presupuestario.