Los agentes de los Mossos d’Esquadra que abatieron a los cinco terroristas de Cambrils el 17 de agosto de 2017 ha declarado hoy ante la Audiencia Nacional que tuvieron que disparar para evitar otra masacre como la de las Ramblas. En una declaración a cara descubierta -pese a que sus abogados habían solicitado que lo hicieran protegidos- los agentes han explicado los sucesos de esa noche, horas después de que Younes Abouyaaqoub asesinara a 15 personas en Las Ramblas. Era la primera vez que explicaban en público su experiencia, después de tres años celosamente protegidos por la policía autonómica.

La Audiencia Nacional ha reanudado el juicio de dos presuntos integrantes de la célula yihadista, Mohamed Houli y Driss Oukabir, y un supuesto colaborador, Said Ben Iazza, acusados de participar en la preparación de los atentados de Barcelona que dejaron un total de 16 muertos y 140 heridos. Hoy ha sido el turno de los trece mossos que participaron en el dispositivo de seguridad montado tras el atentado cometido en Las Ramblas. Entre ellos, los que actuaron en Cambrils.

En Cambrils, los otros cinco terroristas de la célula creada por el imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty, que salieron indemnes de la explosión de la casa de Alcanar siguieron el ejemplo de Abouyaaqoub para emprender un atropello masivo en el paseo marítimo de esta localidad costera. Atropellaron en la zona del club náutico a una mujer, que falleció, y a una mossa que resultó gravemente herida, y causaron lesiones a otras once personas a las que apuñalaron con cuchillos de grandes dimensiones y un hacha en el paseo marítimo.

Los héroes de Cambrils, retirados

Durante su declaración, la pareja de agentes que abatieron a los terroristas han relatado además que no han vuelto a trabajar desde entonces. Víctimas los dos de depresión por estrés postraumático, la agente que sufrió el atropello tiene la incapacidad total para trabajar y ha sido reconocida como víctima de terrorismo, pero su compañero está pendiente de resolución. Ambos se medican, han reconocido en una declaración en la que no han podido evitar algún sollozo al relatar lo ocurrido.

El agente ha contado que sufre un trastorno por estrés postraumático grave y también que ha sufrido varios episodios de depresión «en los cuales me encierro y me intento aislar de todo». Además, padece una hiperalerta constante cada vez que sale a la calle: «Tengo mucho miedo a que se me reconozca y que vuelvan a atacarme».

Pese a todo, ha indicado que «lo peor de todo es un sentimiento de culpa muy alto por cómo está afectando a mi familia». Su compañera ha relatado que tiene que «lidiar con la ansiedad» y «no puedo hacer cosas que hacía antes. Me estresa tener que correr, es como una amenaza para mi», ha añadido, apuntando que «cuando tienens a niños pequeños a tu cargo, se pasa mal».

La narración de ambos agentes ha sido acompañada por constantes aspavientos de Dris Oukabir, que señalaba a los mossos que habían matado a su hermano y ha llegado a levantarse. El juez Guevara le ha llamado la atención y se ha negado a permitirle abandonar la sala como pretendía.

La pareja de mossos, que hacían vigilancia estática, se vieron sorprendidos por el vehículo que irrumpió en las inmediaciones del Club Náutico -muy concurrido esa noche porque se celebraba un concierto- y que atropelló a la mossa.

El tiroteo

Su compañero, también visiblemente emocionado, ha explicado que perdió de vista a la agente víctima del atropello y vio como se le acercaba uno de los sospechosos con un hacha y al grito de «Alá es grande». «Disparé hasta abatirlo» con su subfusil, ha reconocido que no sabe cuantas balas.

«Seguidamente, cuando ya no tenía munición en el subfusil, otros tres vinieron corriendo hacia mí gritando Allahu Akbar; me desplacé rápidamente hacia la derecha y pude sacar mi otra arma reglamentaria y abrir fuego contra ellos y les abatí». Tras abatir a cuatro terroristas, el agente asegura que se quedó en estado de shock y que tuvo que pedir a un testigo el móvil para avisar a sus compañeros, porque había perdido la radio.

Su compañera ha relatado lo que vivió tras ser atropellada por el coche de los terroristas: «Vi que tenía sangre, a una señora en el suelo que no se movía, el vehículo volcado y a unos individuos en el suelo con cinturones con botes de aluminio que se estaban levantando».

«Vi que era un atentado y comencé a disparar, me quedé sin munición, se colocó delante de mí uno moviendo los brazos, le dije que no se acercara y se dio la vuelta y se fue en dirección contraria», ha relatado. La agente ha comentado que escuchó un «silencio aterrador» y que comunicó lo sucedido por la emisora. «Pensé que me quedaba allí muerta».

El quinto terrorista

Un mosso que participaba en el dispositivo de paisano ha declarado que tras el aviso de la anterior agente encontraron al terrorista que había salido con vida sentado en el suelo en la avenida de la Diputación junto a un local lleno de gente. «Llevaba un chaleco bomba con un objeto en la mano que pensaba que podía ser un detonador y gritaba Allahu Akbar con la mirada ida, vino hacia nuestro vehículo y como hizo caso omiso al decirle que fuera al suelo disparé contra él».

«Pero estando en el suelo, se volvió a levantar gritando Allahu Akbar riéndose y diciéndome con la mirada o me matas tú o te mato yo, dio dos pasos y volví a disparar», ha recordado este agente, que aún sigue con tratamiento psicológico por estrés postraumático.

Equipo de apoyo

Otros dos mossos que se desplazaron desde Salou a Cambrils para reforzar la actuación han explicado que al llegar vieron a sus compañeros de paisano con este terrorista, aún con vida. Uno de ellos ha narrado que al ver que llegaban agentes uniformados el terrorista volvió a incorporarse y se dirigió hacia ellos, y al no deponer su actitud le dispararon a las piernas ya que temían que explosionara el cinturón.

Un compañero del anterior ha añadido que el terrorista «comenzó a moverse otra vez, alzó el puño hacia el cielo con un dedo extendido hablando en árabe, volvimos a dispararle y cuando hizo un movimiento en dirección al cinturón le abatimos».

Los agentes han recordado que había mucha confusión pues no sabían si había más terroristas y que había mucha gente escondida en locales y personas que venían de la playa, a oscuras, con heridas.