Hace un par de semanas, Álvaro González le pidió a los monitores del Club Magic Extremadura un reloj de ajedrez para practicar en prisión. Nunca había jugado con un temporizador, tampoco había utilizado el ordenador como tablero ni se había enfrentado a rivales internacionales hasta que este martes ha tenido su particular bautismo al medirse con estadounidenses, rusos y armenios.

Él ha sido uno de los cinco presos que han representado a España en el cuadrangular Chess for freedom (Ajedrez para la libertad), que, organizado por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y la Oficina del Sheriff del Condado de Cook (Chicago), ha enfrentado a reclusos de cuatro centros penitenciarios de España, EEUU, Rusia y Armenia. Su victoria ayudó a firmar un empate con los armenios. Las otras dos partidas se saldaron con derrota.

Junto con las partidas en sí, la iniciativa Ajedrez para la libertad ha incluido diversas conferencias, como las del presidente de la FIDE (el ruso Arkady Dvorkovich, viceprimer ministro con Dmitri Medvédev) y la del campeón del mundo Anatoly Karpov, en las que se ha incidido en la importancia de este juego como elemento resocializador en el entorno penitenciario.

El padre, su «maestro»

«A mí me enseñó a jugar mi padre, él es mi maestro. Echábamos partidas por la tarde para entretenernos cuando él terminaba con el camión y yo volvía del colegio. Hace un par de días le mandé una carta y ya le avisé de que en la cárcel estoy subiendo el nivel y que la próxima vez le va a costar ganarme», bromea Álvaro González (32 años) en conversación telefónica con El Independiente poco después de disputar el torneo. Condenado a siete meses, espera poder enfrentarse a Argimiro, su progenitor, en septiembre.

Este madrileño y los otros cuatro internos españoles que han participado (cuatro hombres y una mujer) cumplen pena en el centro penitenciario de Cáceres, donde el ajedrez es desde el año 2009 mucho más que un entretenimiento para pasar las horas. Es una herramienta con la que se busca favorecer la reinserción de los presos a través del programa que desarrolla el Club Magic Extremadura bajo el título ‘Nuestro ajedrez reinserta’ y que cuenta con el patrocinio de la Fundación Jóvenes y Deporte de la Junta de Extremadura.

Desarrollo de la partida disputada entre los presos de España y EEUU en el cuadrangular ‘Ajedrez para la libertad’.

«Primero se apuntaron los muy aficionados, pero rápidamente lo enfocamos a enseñar los principios estratégicos del ajedrez y a trabajar la memoria, la atención y el razonamiento a través de ejercicios que hemos creado nosotros. E inmediatamente tuvo mucho éxito», explica a este diario el coordinador del programa y presidente del citado club, Juan Antonio Montero.

Del trabajo que vienen desarrollando desde 2009 se han beneficiado ya más de 1.200 presos y motivó que el Ministerio del Interior les concediera en 2012 la medalla de plata al mérito social penitenciario «por ser un medio favorecedor de la integración social y generador de hábitos de solidaridad entre los internos». Montero tiene claro cuál es el fin primordial de su trabajo: «Nuestro objetivo no es crear grandes jugadores, sino la reinserción».

Cinco presos españoles participan en un torneo de ajedrez con reclusos de EEUU, Rusia y Armenia a iniciativa de la Federación Internacional

En la actualidad, el club imparte sendos talleres en las prisiones de Cáceres y Badajoz en los que no sólo enseñan o ayudan a mejorar el juego al medio centenar de reclusos que asisten a las dos sesiones semanales de dos horas y cuarto de duración cada una. Psicólogo de formación, Montero ha patentado un método que permite trabajar las distintas funciones cognitivas (percepción, atención, memoria…) por medio de una serie de originales ejercicios ejecutados con las piezas del ajedrez y con los que se les intenta ayudar a prepararse para la vida en libertad.

«Hay muy poca estimulación cognitiva en las cárceles. La gente está siempre pensando en lo mismo. Andrés, un preso, me lo decía ayer: ‘Juan, ¿por qué he perdido memoria si siempre ha sido excelente y ahora me dicen el nombre de una tía y no me acuerdo?’ Los estímulos que tú y yo tenemos en el exterior no existen dentro. Esto es extraordinariamente positivo y se sienten muy bien cuando ven que progresan», añade Montero, que sueña con que la FIDE impulse en centros penitenciarios de otros países el método de ajedrez terapéutico y social (ECAM) que él ha desarrollado.

Según datos de la FIDE, la tasa de reincidencia por parte de convictos que han jugado al ajedrez en la cárcel durante menos de un año es del 47 %, frente al 72 % de media global. El porcentaje decrece al 22 % si se ha practicado entre uno y dos años y al 17 % si se ha superado ese plazo. «La impulsividad, la tentación de tomar atajos, la falta de autocontrol… todo eso es el origen de las peores decisiones. Y el ajedrez funciona como un antídoto ‘todo en uno’ contra ellas», mantiene David Llada, director de Marketing y Comunicación de la Federación Internacional de Ajedrez.

«Toma de decisiones»

En España, la actividad del ajedrez se desarrolla de forma regular en 18 prisiones con una participación media mensual de 448 hombres y 26 mujeres, según los datos ofrecidos por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. «Su práctica ayuda a hacer un uso eficiente del tiempo libre de las personas privadas de libertad, mejorando el proceso de toma de decisiones, la responsabilidad sobre las mismas, el pensamiento reflexivo y la socialización», destaca el departamento que dirige Ángel Luis Ortiz.

Uno de ellos es Álvaro González, que nota sus progresos en las aperturas desde que participa en el taller de ajedrez en el centro penitenciario de Cáceres. «Nos enseñan muchas jugadas en el tablero que tenemos en la pizarra: cómo dar mate en dos jugadas, cómo hacer jaque con torre o con reina, no encerrarnos…», detalla. Y añade: «En la cárcel hay más nivel que en la calle. Al tener tanto tiempo, se practica mucho más. Aquí aprendemos todos de todos».

Él no aspira a ser un gran maestro, sino a mejorar su juego y a que pase el tiempo hasta que las hojas del calendario marquen el mes de septiembre. A partir de ahora podrá decir que le ganó a los armenios, de donde era originario el campeón del mundo Tigran Petrosian (1963 y 1966) y donde el ajedrez es con diferencia el deporte mental más popular. «Ha sido una experiencia muy enriquecedora y hemos pasado un rato agradable», apostilla González, al que Argimiro enseñó a jugar cuando tenía diez años y que siempre prefiere piezas negras.