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Ratko Mladic, condenado a morir en prisión por el asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica

El criminal de guerra Ratko Mladic aguarda su veredicto en el tribunal de La Haya.

El criminal de guerra Ratko Mladic aguarda su veredicto en el tribunal de La Haya. EFE

La sangrienta guerra de Bosnia que asoló los Balcanes entre 1992 y 1995 y dejó en shock a Europa, anestesiada de conflictos tras la Segunda Guerra Mundial, se acerca a su final definitivo en los tribunales de La Haya tras la sentencia icónica confirmada este martes: cadena perpetua para Ratko Mladic, ‘el carnicero de los Balcanes’, responsable del asedio a Sarajevo y de la masacre de Srebrenica, la mayor tras el Holocausto, en la que las fuerzas a su mando ejecutaron a más de 8.000 niños y hombres bosnios musulmanes que se habían refugiado allí al amparo de las Naciones Unidas.

Tras el veredicto de Mladic ya sólo quedan dos casos por resolver definitivamente. Se trata de los responsables del espionaje serbio Franko Simatovic y Jovica Stanisic, absueltos de todos los cargos en 2013, aunque pendientes de la repetición de sus juicios.

El TPIY ha emitido ya 91 sentencias condenatorias por crímenes de guerra en la ex Yugoslavia, entre ellas siete cadenas perpetuas: la de Ratko Mladic, Radovan Karadzic, sus colaboradores en Srebrenica Zdravko Tolimir (muerto en 2016), Ljubisa Beara (muerto en 2017), Vujadin Popovic, y los militares Stanislav Galic -por el asedio a Sarajevo- y Milan Lukic -por los crímenes de Visegrad-.

De los 91 condenados, al menos 17 siguen cumpliendo penas en prisones europeas y cerca de 60 ya han cumplido sus penas y están en libertad. El resto murieron o se suicidaron en la cárcel, aunque el caso más mediático fue el del general bosniocroata Slobodan Praljak, ejecutor de la destrucción del puente de Mostar, que se suicidó en directo, bebiendo veneno, mientras se le leía su veredicto de condena a 20 años de prisión.

Mladic, que fue condenado en 2017 por los cargos confirmados hoy, llevó su caso a apelación para alargar una huida de la justicia que arrancó nada más terminar la guerra en Bosnia en el 95. Ya reclamado entonces por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, permaneció oculto durante años en mitad de una nube de rumores. Mientras algunos le situaban protegido por Slobodan Milosevic en un barrio de clase alta de Belgrado, los informes más precisos le sitúan, al menos algunos meses, en instalaciones militares serbias que abandonó en junio de 2002, cuando el país firmó un tratado de colaboración con las autoridades de La Haya.

Mladic consiguió eludir la captura mientras caían uno tras otro antiguos compañeros de guerra como el propio Milosevic o Radovan Karadzic. Durante ese tiempo, las televisiones bosnias llegaron a emitir imágenes de Mladic paseando, visitando la tumba de su hija o acudiendo a fiestas y restaurantes. El caso provocó importantes conflictos diplomáticos, con Holanda vetando cualquier conversación de acceso de Serbia a la Unión Europea mientras Mladic no fuera capturado y entregado a La Haya.

La caída del ex general se produjo finalmente el 26 de mayo de 2011, cuando fue capturado con dos armas en su poder y bajo la identidad falsa de Milorad Komadic. No opuso resistencia. En el momento de su detención se encontraba en la aldea de Lazarevo, solo 80 kilómetros al norte de Belgrado.

Mladic fue condenado a cadena perpetua en 2017 por la matanza de 8.000 niños y hombres musulmanes en Srebrenica y el asedio de Sarajevo. Sin embargo, tanto la defensa como la Fiscalía recurrieron el fallo, en el primero de los casos para solicitar la absolución y en el segundo para reclamar que también se le condenase por genocidio en otras seis zonas.

De los once cargos que pesaban contra Mladic, fue declarado culpable de diez de ellos en primera instancia, incluido el del genocidio de Srebrenica, el más importante. No obstante, se libró del cargo de genocidio por buscar el exterminio de la población bosniaca y bosniocroata. El primer fallo encontró a Mladic culpable de intentar crear territorios «étnicamente limpios» de bosniacos (musulmanes) y bosniocroatas y le responsabilizó «personalmente» de lanzar una «empresa criminal» para aterrorizar a la población civil de Sarajevo durante el largo asedio a la capital bosnia.

El general Mladic, que aún sigue siendo apoyado y elogiado como un héroe de guerra por buena parte de la población serbobosnia, también recibió condena por dos cargos de genocidio por la masacre de Srebrenica -en la que los militares bajo su mando mataron a más de 8.000 varones bosniacos (musulmanes) en los primeros días de julio de 1995- y por promover la eliminación de los bosniocroatas y los bosniacos durante la guerra de Bosnia y Herzegovina (1992-1995).

Mladic fue acusado además de cinco cargos de crímenes contra la Humanidad (por persecución, exterminio, asesinato, deportación y por actos inhumanos) y cuatro de crímenes de guerra (por asesinato, terror, ataques ilegales contra civiles y toma de rehenes). 

El condenado estaba procesado también por matar a cientos de bosniocroatas y a bosniacos en varios puntos del país durante la guerra y por promover y ordenar la expulsión de miles de mujeres bosniacas y bosniocroatas. Entre otros hechos, está acusado por haber matado a 144 personas en Biljani, a más de 200 detenidos en la localidad de Foca y a otros 140 arrestados en Susica.

El juicio de apelación recayó en el Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales, que asumió los casos que aún tenía pendientes el TPIY tras su cierre a finales de 2017. Las vistas debían haber comenzado en mayo, pero fueron aplazadas inicialmente por la salud de Mladic y, después, por la pandemia de COVID-19.

El genocidio de Srebrenica está considerada la peor atrocidad ocurrida en suelo europeo desde el Holocausto. Además de por esta matanza, Mladic también fue condenado por los 40 meses de asedio sobre Sarajevo, el trato inhumano a presos en campos de detención y la toma de soldados de la ONU como rehenes.

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