Como cada año el 11 de julio está marcado en el calendario con el nombre de Srebrenica, la ciudad mártir que en pleno siglo XX sufrió en las carnes de 8.000 de sus varones y niños el odio más atroz que cabe imaginar. Las fuerzas serbobosnias acabaron con sus vidas y esparcieron sus restos en fosas comunes. Aún hoy se siguen buscando y recomponiendo cadáveres para que sus familias puedan rendirles tributo en paz.

Este sábado se entierra a nueve de las víctimas de Srebrenica en el Memorial de Potocari, donde se encontraba el batallón de la ONU, que fue incapaz de proteger a los musulmanes de unas ganas de venganza alentadas con invocaciones del jefe militar, Ratko Mladic, y del líder de la República Sprska, Radovan Karadzic, a una derrota frente a los turcos seis siglos antes.

Srebrenica nos dice que no estamos a salvo de la barbarie… La brutalidad está presente incluso en la modernidad. Hay que estar alerta», afirma Miguel Roán

«Srebrenica nos dice que no estamos a salvo de la barbarie. En determinadas circunstancias políticas, sociales, económicas, no estamos a salvo. No lo estuvimos en Europa hace solo 25 años. La brutalidad está presente incluso en la modernidad. Hay que estar alerta. El mal puede apoderarse en cualquier momento de la sociedad», afirma Miguel Roán, politólogo y autor de Maratón balcánico.

«Para los bosniacos, Srebrenica es el símbolo de la tragedia humana como colectivo nacional, encarnada en el dolor de las madres de Srebrenica. Es un elemento de cohesión nacional también», añade el experto en Balcanes.

«Los serbios lo viven como una forma de ataque a la nación serbia, un hecho que les convierte en parias internacionales durante la guerra y que lleva a invisibilizar el genocidio contra los serbios de la Segunda Guerra Mundial», concluye Roán, que presenta su libro Balcanismos. Manifiesto ante los estereotipos.

No olvidemos Srebrenica

Deberíamos tener presente Srebrenica cada día del año, no solo cada 11 de julio. Aquella guerra fratricida sucedió a pocos kilómetros de Madrid o Barcelona, y otras capitales europeas. Sarajevo era una metrópoli multicultural y bellísima. Los balcánicos no eran bárbaros ancestrales. Son como tú y como yo. Lo que allí pasó puede suceder en cualquier sitio donde se aliente el odio.

No podemos olvidar lo que sucedió a pocas horas de las capitales europeas. Hemos de recordar cómo la inacción tiene consecuencias desastrosas», afirma Ruth Ferrero

«Hemos de tener en cuenta que no podemos olvidar lo que sucedió a pocas horas de las capitales europeas. Hemos de recordar cómo la inacción por parte de los gobiernos tiene unas consecuencias desastrosas. Lo que sucedió también fue por la ausencia de voluntad de decisión de los gobiernos europeos para poder proteger a los civiles que allí se encontraban. Hubo avisos por parte de las tropas de la ONU. Es esencial no olvidar esta fecha y seguir conmemorándolo», asegura Ruth Ferrero, directora del curso Nuevos escenarios de los Balcanes, del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

«Hemos de pensar qué hemos de hacer para evitar que vuelva a suceder», concluye Ruth Ferrero. En palabras del secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, hemos de enfrentarnos al pasado «para construir la confianza» y «dejar de lado la negación de los crímenes contra la Humanidad cometidos en Srebrenica».

Es un fracaso que nos perseguirá para siempre a los europeos, como dijo Kofi Annan. Un fracaso que nos ha de hacer desterrar el odio y poner freno a la polarización.