Slobodan Praljak fue condenado a 20 años de cárcel el 29 de mayo de 2013 por los crímenes de guerra que cometió y ordenó cometer durante la guerra bosniocroata. Este miércoles, simplemente escuchaba como el tribunal penal internacional de La Haya para la antigua Yugoslavia se limitaba a desestimar su recurso y hacer firme su condena. Fue entonces cuando echó mano de un frasco que ingirió de golpe, ante la sorpresa de la sala. “Señoría, acabo de ingerir veneno”, le dijo al juez. Horas después moría, a los 72 años, carente del valor necesario para hacer frente a su condena.

Praljak sirvió en el ejército croata como general, y después como dirigente del HVO, la fuerza armada de la República Croata de Herzeg-Bosnia, una de las tres entidades de facto que durante años constituyeron el territorio bosnio, junto a Bosnia-Herzegovina (de mayoría bosniaca) y la República Sprska (de mayoría serbia). Con ese cargo participó en la guerra, y lo que hizo entonces tuvo que volver a escucharlo hoy, mientras gritaba que todo eran falsedades, instantes antes de escuchar el veredicto y suicidarse ante los ojos del mundo.

¿Qué hizo Praljak? El ICTY de La Haya le encuentra culpable de “planificar, facilitar y dirigir” las operaciones del HVO en los municipios de Prozor y Vares, en 1993. También el asedio a la localidad de Mostar, que culminó con la destrucción de su puente, uno de los mayores símbolos históricos y civiles de Bosnia hacia el mundo. “Él, por tanto, tomó parte en los crímenes que se cometieron durante esas operaciones”. ¿Qué crímenes?

Campaña de terror contra los musulmanes

En Prozor, las fuerzas del HVO organizaron una campaña sistemática y brutal de acoso contra la población musulmana, que en 1991 representaba al 36,5% de sus 19.760 habitantes. El relato de la corte es estremecedor y arranca el 22 de octubre de 1992, cuando las fuerzas del HVO izan la bandera croata en la comisaría de Prozor y trasladan a los bosniacos que la paz estará asegurada si aceptan al nuevo gobierno.

No lo hicieron, y esa misma tarde las fuerzas bajo el mando de Praljak comenzaron a asaltar, desvalijar y quemar las casas de la población musulmana. Hombres, mujeres y niños fueron confinados y apaleados en la escuela de primaria. A cuatro de ellos los encerraron en una casa contra la que los soldados comenzaron a disparar y lanzar granadas de mano, matando a dos. Al día siguiente, un comandante del HVO presumió de que Prozor ya era una localidad “étnicamente limpia” porque todos los musulmanes estaban detenidos, muertos o huidos.

Las fuerzas de Praljak ejecutaban por la espalda a civiles musulmanes atados entre sí por cables de teléfono y a los que prometían liberar

Los musulmanes pudieron volver a Prozor en noviembre, pero la “tregua” duró seis meses y se recrudeció después. Los musulmanes que no huyeron fueron recluidos en localidades de las que no podían salir sin la aprobación del HVO. Los detenidos eran obligados a trabajos forzados y son innumerables los casos documentados de violación y abuso sexual.

El incidente más infame tuvo lugar el 31 de julio de 1993: los soldados del HVO escogieron a 50 prisioneros, a los que prometieron que dejarían escapar hacia territorio controlado por el ejército bosnio. Los dispusieron en línea, atados entre ellos con cables de teléfono por las manos y el cuello. Les hicieron avanzar, por delante de los soldados, y cerca del presunto punto de entrega les dispararon por la espalda. Prácticas similares tuvieron lugar en los meses siguientes.

‘No mostréis compasión por nadie’

En Vares, la situación fue similar. El HVO tomó control de la ciudad, de unos 22.000 habitantes, y dio un ultimátum a una de sus aldeas dependientes: Stupni Do, con unos 250 habitantes y de mayoría musulmana. Algunos de ellos estaban armados, lo cual sirvió de excusa definitiva para las fuerzas croatas. Fue Slobodan Praljak el que dio la orden directa: “No mostréis compasión por nadie”. Sus hombres entraron en Stupni Do a sangre y fuego: murieron 37 personas, sus estructuras fueron quemadas de arriba a abajo y toda la población civil retenida.

Praljak ordenó destruir el histórico puente de Mostar el 9 de noviembre de 1993, a las 10.15 de la mañana

Según el relato del tribunal de La Haya, el trato a los detenidos fue inhumano: “Fueron forzados a permanecer durante todo el día con sus manos tras la espalda y mirando al suelo. Soldados del HVO entraron en las escuelas y abusaron físicamente de los detenidos. Forzaron a los detenidos a golpearse entre ellos, frecuentemente obligándoles a apalizar a otros miembros de su familia”.

Praljak ha escrito libros y ha dirigido películas. Ha gritado en juicios que todos los cargos en su contra son sólo “propaganda”. Lo hizo también el miércoles antes de suicidarse. Ha mantenido incluso una página web dedicada a defender su inocencia. Ha defendido que todo lo que hizo fue simple estrategia de guerra.

También volar el Puente Viejo de Mostar, el 9 de noviembre de 1993 a las 10.15 de la mañana. El puente de los puentes en un país en el que los puentes son el símbolo por excelencia. Ivo Andric le dedicó una obra maestra al que cruza sobre el río Drina en Visegrado. Ganó el Nobel. Para cuando Praljak voló el de Mostar llevaba 18 años muerto, pero quizá habría ganado otro.

El puente de Mostar, rehabilitado en el año 2004, es actualmente un importante atractivo turístico.

El puente de Mostar, rehabilitado en el año 2004, es actualmente un importante atractivo turístico. WIKIMEDIA