Los ecos de ‘Patria’ aún le acompañan. Lo harán durante mucho tiempo. Han pasado cinco años y Fernando Aramburu continúa siendo un autor relacionado con la novela que supuso un hito editorial con pocos precedentes. Desde entonces, el escritor guipuzcoano no había publicado más novelas. La pandemia aceleró la publicación de ‘Los vencejos’ (Tusquets Editores), el nuevo trabajo con el que regresa ante sus lectores con una historia que también tiene a las personas en el centro de su historia.

Lo que en sus planes eran cinco años de trabajo para dar forma a la historia de Toni y su cuenta atrás hacia un propósito de terminar con su vida se acortaron a tres años. «Lo que hago en ‘Los vencejos’ es extraer de nuestra época y nuestro país un individuo, ponerlo en la mesa de disección y abrirlo y extraerle la novela que lleva dentro», asegura.

Pregunta.- ‘Los vencejos’ es la historia de un hombre desesperado, inadaptado a la sociedad que le rodea y que decide poner fecha a un año vista a su suicidio. A lo largo de la novela se adentra en su intimidad, en sus pensamientos, en su vida pasada y presente… ¿Por qué una novela así?

Respuesta.- La historia parte de la confesión a solas de un hombre que está en una situación personal delicada. El motor principal de la novela no es que Toni, a sus 54 años, decida suicidarse sino que no sabe por qué quiere hacerlo. Nota los síntomas pero no está seguro de las causas. Se concede un año para averiguar por qué siente tanta insatisfacción. Decide escribir todas las noches un fragmento en prosa, una confesión, más que un diario, que es un repaso de su vida. Esto hace que el lector asista en primera fila a la intimidad de un personaje apreciando todos los detalles. Es algo que en la vida no se suele dar. Habitualmente vivimos juntos, nos conocemos, pero siempre quedan áreas, flecos en secreto. La ficción permite diseccionar a un hombre y verlo con detalle, con sus miserias, debilidades, pensamientos, sus facetas tiernas y entrañables…

P.- Una novela con la desesperación y la muerte a un lado y la vida, pasada, presente y futura en el otro lado.

Pongo un hombre en la mesa de disección para extraerle la novela que lleva dentro»

R.- Yo quería enfrentarme a esta cuestión como ésta, descubrir cómo puede afectar conocer la hora de tu muerte, cómo afecta a una persona de nuestro tiempo. Yo eso también me lo he planteado. No soy un filósofo ni ensayista, a lo que me dedico es a contar mi visión del mundo a través de historias. Quería tratar historias de personajes inadaptados en la sociedad de nuestro tiempo. Personas con su posición social, sus comodidades, pero a los que la vida les ha dado palos y, alejadas ya de la juventud, están un poco solas. Pensando en todo esto ideé el personaje, le puse cara, le puse una familia, un pasado… y lo fui contando por medio de una confesión que él mismo escribe en pequeñas piezas. Lo que hago es extraer de nuestra época y nuestro país un individuo, ponerlo en la mesa de disección, abrirlo y extraerle la novela que lleva dentro.

P.- El personaje vive en el Madrid de 2019 y se siente inadaptado a esa sociedad española. ¿Son los cambios tan bruscos como para que alguien que nació en los 60 se sienta hoy desubicado?        

R.- Basta imaginarse que transcurrieran sucesivamente un día de 1963 a un día de 2019, sin transición. El cambio sería brutal, no a peor. Este país ha evolucionado muy positivamente, especialmente para las mujeres o si se tiene unas determinadas orientaciones sexuales o convicciones políticas en comparación con aquella España gris de la dictadura. El cambio ha sido enorme verdaderamente. 

P.- A lo largo de toda la novela la actualidad que vivió nuestro país en esos años está muy presente: Cataluña, las repeticiones electorales, etc…

R.- Sí, los personajes hablan de lo que dice la prensa. Se despachan a gusto en el bar, convencidos de que nadie les escucha. Dicen cosas que en otros lugares no dirían. Es algo que ofrece la ficción.

P.- ¿En la España de 2019 aún había cosas que en el trabajo no diríamos?

El lector asiste en primera fila a la intimidad de un personaje, algo que en la vida no se suele dar»

R.- Por supuesto. En eso consiste ser adultos, en dominar el disimulo, la diplomacia. ¿Quién no va a un sitio pero preferiría estar en casa? ¿Quién no saluda a alguien que le cae fatal? Nos callamos, contemporizamos, disimulamos. La verdad la dicen los niños y los borrachos, ¿no?, los demás somos unos disimuladores. En la novela el protagonista escribe sus confesiones convencido de que nadie las va a leer.

P.- La novela se titula ‘Los vencejos’, aves que no se relacionan con otras y apenas pisan el suelo. ¿Sus personajes son ‘vencejos humanos’?

R.- Mis vencejos son habituales en algunas ciudades como la de Madrid, donde transcurre la novela. Tienen una presencia pero no como ornamento, no como adorno. Cumplen un papel simbólico de primer orden que no voy a rebelar. Toni establece una relación con los vencejos, proyecta deseos, sueños hacia los vencejos que sobrevuelan su barrio y una decisión crucial en la novela la supedita al regreso de los vencejos que le marcarán el momento, la hora en la que él llevará a cabo o no su proyecto de suicidarse. En cuanto aviste el primer vencejo de la temporada tomará una decisión sobre el final de su vida.

P.- Toni, el protagonista, critica a la clase política de la España actual de la que asegura que es mediocre. ¿Lo es?

R.- La novela transcurre entre el 1 de agosto de 2018 y el 31 de julio de 2019. La escribí con la voluntad de, además de escribir la historia de vidas privadas, dejar mediante la literatura, no del periodismo ni la historiografía, un dibujo de la España de nuestra época pero a través de la subjetividad de un personaje que no necesariamente representa lo que yo pienso. Yo no me creo el dogma de que todas las novelas son autobiográficas. Mientras escribía la novela estuve muy atento a la actualidad española. En la literatura española ya lo hacía Benito Pérez Galdós, que no hacía sino colocar personajes de ficción en un contexto histórico y lo comentaban.

P.- Si el protagonista fuese alemán, con el contexto social, cultural y religioso de aquel país que usted bien conoce, ¿actuaría del mismo modo?

Si tengo una buena historia es posible que vuelva a escribir sobre ‘gentes vascas’ y ETA»

R.- La novela sería muy distinta. Somos hijos de nuestro tiempo y de las condiciones sociales en las que nos educan y forman. Esta novela en Alemania hubiera sido muy distinta. No me lo había planteado pero sí puedo asegurar que sería muy diferente. Algunos elementos no serían posibles, como las conversaciones de bar, la vida de barrio o la pasta humana’ del lugar. El suicidio en la literatura alemana ha sido tratado por Goethe, tiene un ingrediente trágico muy serio que no está en mi novela. Aquí hay chascarrillo, esperpento, escenas jocosas… algo así no hubiera sido verosímil en Alemania.

P.- ‘Los vencejos’ lo escribió en Alemania, donde reside habitualmente y en plena pandemia. En esas circunstancias, ¿cómo se ha documentado para escribir la novela?

R.- El trabajo documental estuvo dificultado por los viajes que me vetó la pandemia. He contado con ayudantes en Madrid que me ayudaron con datos, fotos, etc. No he estado solo. La pandemia me ha ayudado al tener que confinarme en casa y me otorgó un suplemento de tiempo. No recuerdo haber escrito un libro con tanta intensidad y dedicación. Mañana y tarde de lunes a domingo. Preveía 4 o 5 años y al final han sido tres años intensos de trabajo.

P.- ¿Le molesta que le sigamos preguntando por ‘Patria’ cinco años después de publicarse y mientras presenta otra novela?

R.- No, mientras se haga de buena fe.

P.- ‘Patria’ refleja un tiempo determinado en la sociedad vasca, con la violencia de ETA activa y fracturando a la sociedad vasca. En apenas un mes se cumplirá una década sin violencia. ¿La nueva realidad vasca le motiva para escribir una novela sobre la Euskadi post ETA?

R.- Euskadi la veo mucho mejor. No hay más que pasear por Bilbao y San Sebastián y ver la placidez social, es una situación infinitamente mejor. La veo totalmente cambiada. Los que vivimos fuera lo notamos en las paredes limpias, sin pintadas, sin carteladas…

P.- Bueno, en los pueblos, no tanto…

R.- Quizá, por los pueblos no voy tanto. También percibo un clima humano de tranquilidad y hay más tranquilidad para hablar de determinadas cuestiones. Es inevitable que aún queden cosas, secuelas después de tantos años de sufrimiento. De vez en cuando ocurre algo que renueva el debate. Pero se ve un clima social muy distinto. Ahora son las instituciones las que se ocupan de los problemas de los ciudadanos y los conflictos sociales.

P.- ¿Va a volver a escribir sobre ETA, sobre la realidad que marcó?

R.- No tengo la sensación de haber escrito sobre ETA sino sobre ciudadanos de nuestra tierra, sobre vidas privadas, las gentes vascas. Sí es posible que vuelva a escribir, pero si tengo una historia. Es algo que llevo muy adentro, no es un simple tema que me interese sino que forma parte de mi biografía, como la infancia o la juventud. Está dentro de mi.

Yo no creo en el dogma de que todas las novelas son autobiográficas»

P.- Cuando una novela alcanza el éxito que ha tenido ‘Patria’, ¿a un escritor se le convierte en una sombra demasiado larga sobre futuros trabajos?

R.- ‘Patria’ me ha dado un revolcón en mi vida, indudablemente. Pero a mi no me ha cambiado y en el escritorio la sombra de ‘Patria’ desapareció cuando la publiqué. Lo que vino fue agradable en líneas generales, pero ya es pasado, tengo otros proyectos. He seguido escribiendo.

P.- ¿Qué es lo más bonito que le han dicho por ‘Patria’ y lo que más le ha molestado?

R.- Molestarme pocas cosas. Cuando un escritor difunde un texto debe estar preparado para recibir críticas negativas, quizá algunas eran exageradas, pero asumo las críticas negativas. Nunca respondo, no comento comentarios. Y por la parte positiva he vivido escenas emocionantes de personas que me han contado su caso y que se han sentido comprendidas y consoladas por mi novela.

P.- ¿Está preparando ya la siguiente novela?

R.- No, por ahora no. Ahora me concentro en mi campaña de promoción. He llegado a un pacto para no escribir nada en este tiempo y después bajaré la persiana, me encerraré y escribiré. No sé exactamente qué, pero lo haré. Tengo algunas ideas, pero no son suficientes. Quizá enfilo caminos narrativos que nunca he recorrido y que pueden ser un reto para mi.