«Fascismo, nunca más» es el lema de la manifestación que ha convocado a decenas de miles de italianos en Roma este sábado. Es la respuesta ciudadana al ataque de neofascistas de Forza Nuova a la sede del principal sindicato italiano (Confederación General Italiana del Trabajo, CGIL) el sábado pasado. La Piazza San Giovanni estaba llena a rebosar de banderas rojas. «Defendemos la libertad de todos, no de una parte», ha dicho Maurizio Landini, secretario general del sindicato. «Es necesario construir una red antifascista y democrática que sea continental».

Han asistido el líder del Partido Democrático, Enrico Letta, el candidato a alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, de este mismo partido de centro izquierda. Compite por el ayuntamiento de la capital italiana con Enrico Michetti, candidato de la derecha procedente de Fratelli d’Italia, en la segunda vuelta de las municipales que se celebran domingo y lunes.

También han acudido el líder del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte y el ministro de Exteriores, también grillini, Luigi Di Maio. No lo han hecho, sin embargo, el líder de la Liga, Matteo Salvini, y la cabeza de lista de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni. Han argumentado que era una manifestación partidista. De ahí las palabras de Landini.

La irrupción violenta en la sede del sindicato, en una imagen que recordaba al asalto al Capitolio del 6 de enero pasado en Washington, ha vuelto a retratar una Italia polarizada entre neofascistas y posfascistas y antifascistas. Ahora los neofascistas se solidarizan con el movimiento antivacunas y hacen suya su ira.

Hace años que vimos que esto podía pasar. Se ha normalizado un discurso muy peligroso… Con Berlusconi se rompió el pacto antifascista»

alba sidera, autora de ‘feixisme persistent’

«Hace años que vimos que esto podía pasar. Se ha normalizado un discurso muy peligroso. Me remonto a Berlusconi. En Italia el fascismo resultó derrotado y la Constitución (disposición 12) es antifascista. Pero con Berlusconi se rompió ese pacto antifascista. Desde entonces la derecha ha ido de la mano de los herederos del fascismo y de populistas de derechas como la Liga», afirma Alba Sidera, autora de Feixisme persistent. Radiografía de la Itàlia de Matteo Salivini (Editorial Saldonar).

Este sábado han vuelto las protestas a las calles de varias ciudades de Italia en contra de la imposición del green pass en los centros de trabajo. Italia es el único país de la UE donde es obligatorio el certificado de vacunación en el medio laboral.

A pesar de que en Italia, hay un 70% de población vacunada, el movimiento contrario a la vacunación obligatoria es muy activo. La aplicación del green pass les ha llevado a las calles y el partido neofascista Forza Nuova se ha unido a sus manifestaciones. El acto del sábado 9 de octubre derivó en agresiones a la policía y enfrentamientos cuando irrumpieron en la sede del sindicato. Tanto su secretario y fundador, Roberto Fiore, como su líder en Roma, Giulano Castellino, fueron arrestados.

El propio secretario general del sindicato, Maurizio Landini, alertó del riesgo del resurgir del fascismo y ha pedido la ilegalización de Forza Nuova. El primer ministro, Mario Draghi, expresó su solidaridad a Landini sin fisuras y dijo que se plantearía qué medidas adoptar. El Partido Democrático está a favor, pero la derecha no. Draghi lidera un gobierno de coalición en el que están representados tanto el PD, como los grillini, Forza Italia y la Liga. Solo Fratelli d’Italia, que lidera Meloni, se quedó fuera.

«En la pandemia los neofascistas han capitalizado el movimiento antivacunas. Sobre todo, Forza Nuova. Llevan planeando desde hace tiempo ataques como el que realizaron contra la sede del sindicato. También querían asaltar la sede del gobierno, el Palazzo Chigi, pero era más fácil el sindicato», apunta Alba Sidera, periodista afincada en Italia desde hace más de una década.

Alba Sidera se sorprendió cuando empezó a vivir en Italia por el hecho de que el fascismo estuviera de alguna manera normalizado. «No es extraño definirse fascista, como no hace falta ser de izquierdas para declararse antifascista», apunta.

Las nietas de Mussolini

Llama la atención como el apellido Mussolini sigue teniendo una aceptación positiva. En Italia una de cada cinco personas aún cree que Mussolini fue un gran líder que solo cometió algunos errores, según una encuesta de enero de 2020 del centro estadístico Eurispes.

Una de sus nietas, Alessandra Mussolini, se ha convertido en un personaje popular, tras hacer sus pinitos en política. En los programas de entretenimiento, suele edulcorar la visión de su abuelo.

En estas elecciones municipales ha sorprendido que otra nieta del Duce, Rachele, con el mismo nombre que la que fuera primera dama del fascismo, ha logrado ser la candidata más votada, si bien no es aspirante a alcaldesa. Ha sido la cara visible de Fratelli d’Italia en el Ayuntamiento de Roma en la comisión de Transparencia. «Mi apellido no tiene nada que ver. Es una recompensa a mi compromiso con la ciudad», dijo Rachele Mussolini, de 47 años.

Francesco Filippi, en un libro titulado Mussolini ha fatto anche cosse buone, explica cómo se generaron los bulos sobre el fascismo y por qué aún hoy muchos se los creen. Por ejemplo, este historiador recuerda cómo Mussolini, al llevar a su país a la guerra, provocó la muerte de cientos de miles de personas.

También en Italia muchos están convencidos de que introdujo el sistema de pensiones, cuando en realidad datan de 1895. Entonces el Duce tenía 12 años. Mussolini sí que se dio cuenta del impacto de la propaganda, y de la relevancia de visibilizar al líder.

Partidos neofascistas y sus vínculos

La Constitución italiana prohíbe los partidos fascistas, pero ya hubo una formación neofascista, el Movimiento Social Italiano (MSI), que hacía gala de la llama tricolor, que se refundaría en la Alianza Nacional. De ahí proviene Fratelli d’Italia, si bien sería en todo caso posfascista.

Neofascistas son y se reconocen como tal Forza Nuova y Casa Pound. En las últimas elecciones de 2018 Forza Nuova apenas logró un 0,38% en la Cámara Baja y un 0,5% en el Senado.

El fenómeno no es preocupante por su número, ya que son pocos, sino por la influencia que pueden tener en partidos como Fratelli d’Italia, que lidera Meloni»

andrea betti, profesor de rrII en la universidad pontificia comillas

«Es una corriente minoritaria pero muy ruidosa. Su estrategia es ganar visibilidad. Los partidos que se identifican con el fascismo nunca llegan juntos al 1% de los votos. Pueden tener algún ayuntamiento en ciudades más pequeñas. El fenómeno no es preocupante por su número, ya que son pocos, sino por la influencia que pueden tener en partidos como Fratelli d’Italia, de Meloni», afirma Andrea Betti, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas.

«De Meloni me inquieta esa forma de aprovechar la ira de la población, hoy por las vacunas, mañana por otra causa. Lo preocupante no es tanto el fascismo sino el populismo excluyente que está en ascenso en muchos países de Europa», añade Betti.

Para Alba Sidera las conexiones son claras. «Casa Pound está relacionada con la la Liga y Forza Nuova con Fratelli. Ideológicamente, Forza Nuova es extrema derecha. Invoca a Dios, la familia y la patria. Casa Pound son neofascistas que quieren acercarse a la clase trabajadora. Los vínculos con los partidos parlamentarios es a través de las listas electorales. En Fratelli hay gente que procede de Forza Nuova y en la Liga de Casa Pound. Como detalle simbólico, la seguridad de los actos de Fratelli está a cargo de Forza Nuova».

De este modo, el peligro no lo representan los partidos neofascistas, sino los partidos de derecha y ultraderecha populistas como la Liga y Fratelli, a juicio de Steven Forti, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor de Patriotas Indignados. Sobre la nueva ultraderecha en la posguerra fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols (Alianza Editorial).

El problema viene más por Salvini y Meloni, que representan un nuevo tipo de derecha… No defienden lo mismo que Forza Nuova pero tienen conexiones con ese mundo… Su proyecto mira con interés el modelo de Orban»

steven forti, historiador ua barcelona

«El problema viene más por Salvini y Meloni, que representan un nuevo tipo de derecha. Son partidos con fuerte implantación territorial que sumados reúnen un 40% del electorado. No defienden lo mismo que Forza Nuova pero tienen conexiones con ese mundo. Legitiman algunas de sus reivindicaciones. No asaltan sedes sindicales ni quieren tumbar una democracia liberal pero guiñan el ojo a esas reivindicaciones. Su proyecto mira con interés el modelo que ha instaurado Viktor Orban en Hungría», afirma Steven Forti.

«Si bien Forza Nuova reivindica el régimen mussoliniano, Fratelli juega dentro del perímetro democrático. No sabemos qué hará Fratelli si llega al gobierno. No sabemos si defenderá una democracia iliberal», añade Forti.

¿Ilegalizar o no ilegalizar?

En una entrevista en El País, el secretario general del sindicato CGIL aboga por que el gobierno «promulgue un decreto aplicando las leyes que tenemos. Nuestra Constitución prohíbe la reconstrucción del partido fascista y condena la apología del fascismo». Pero, ¿es una solución? ¿Es viable cuando Draghi encabeza un gobierno de unidad donde no hay consenso sobre esta cuestión?

Según el historiador Steven Forti, «puede hacerse por sentencia judicial, cuando una formación atenta contra el orden constitucional y así pasó con Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale. Ahora se plantea el gobierno ilegalizarlo por decreto. ¿Será útil hacerlo? Aunque se disuelva Forza Nuova, no desaparecerán las pulsiones que hay en la sociedad y que canaliza. Pero es cierto que una democracia ha de saber defenderse. ¿Le conviene al gobierno? La derecha se inhibe y eso podría provocar turbulencias y polarizar más la situación. Pero sí creo que hay que dar un mensaje cuando sucede algo así».

A juicio de Alba Sidera, «es complicado y los constitucionalistas no se ponen de acuerdo. Tendrían que reconocer que utilizan la violencia como instrumento político. Para Meloni es una situación incómoda porque ha de hacer equilibrismos: condena la violencia pero no asisten a la manifestación de este sábado porque no condena toda la violencia, incluida la de la izquierda».

Para Andrea Betti, «es un arma de doble filo que puede tener consecuencias negativas, ya que pueden presentarse como víctimas y aumentar su visibilidad. Es un peligro hacer política con el Código Penal. No se sabe dónde se pone el límite. Eso sí, si asaltan el Palazzo Chigi, es un acto de terrorismo. Hay que analizar caso por caso».

Lo cierto es que Italia sigue recordando cada 25 de abril la victoria sobre el fascismo. En el 75 aniversario, en 2020, el presidente, Sergio Mattarella, difundió este mensaje: «En la primavera de 1945 Europa vio el fracaso del nazismo y el fascismo y de sus seguidores. La idea de poder, de superioridad de la raza, de supremacismo de un pueblo contra otro, en el origen de la Segunda Guerra Mundial, dejó lugar a la de cooperación en la libertad y paz. En coherencia con esta elección, pocos años después nació la Comunidad Europea».

Y rindió homenaje al esfuerzo y el sacrificio en la pandemia: «En nuestra democracia, la dialéctica y el contraste de opiniones nunca, a lo largo de las décadas, han resquebrajado la necesidad de unidad del pueblo italiano, que se ha convertido en prerrogativa de nuestra identidad… Queridos conciudadanos, nuestra peculiaridad en saber superar la adversidad debe acompañarnos incluso hoy, en la dura prueba de una enfermedad que ha destrozado tantas vidas. Dedicarnos a la recuperación de la seguridad sanitaria plena y a una acción de relanzamiento y capacidad renovada de planificación económica y social. A esta empresa estamos llamados todos».

En esa misión está el pueblo italiano en un momento clave para enfilar el camino de la recuperación económica, una vez superada la crisis sanitaria. Mario Draghi, hombre clave en la crisis del euro, está al frente de Italia.