España

Los reclutas en Ifni a los que Defensa da una ayuda 63 años después: "Íbamos engañados de que allí hubiera guerra"

El catalán Joan Vives, de 83 años, relata la “pobre” formación que tenían cuando los enviaron a África como soldados y la lucha que han mantenido en los últimos 14 años para que se les reconociera económicamente su participación en la contienda

Carmen Vivas

«Mi madre, que en paz descanse, me insistía en que me hiciera voluntario que si no iría al África. Tanto me lo dijo que al final le hice caso, pero no me sirvió de nada: voluntario y al África, las dos cosas». Joan Vives Riba tenía 19 años cuando, en marzo de 1958, ingresó como recluta en el antiguo cuartel barcelonés de Lepanto para cumplir el servicio militar. Meses después estaba embarcado en el buque Monte de la Esperanza camino de la playa de El Aaiún para participar como radiotelegrafista en la guerra de Ifni-Sáhara, donde perdieron la vida al menos 366 compatriotas.

Camino de los 84 años, Vives Riba es uno de los combatientes que intervino en la campaña militar desarr0llada desde 1957 a 1959 a los que el Ministerio de Defensa va a entregar una ayuda de mil euros en reconocimiento a su «entrega y sacrificio». El Gobierno da cumplimiento a la disposición final novena de la Ley de la carrera militar -en vigor desde el 1 de enero de 2008- y el Estado salda así una deuda más de seis décadas después. Él ha llegado a tiempo de ver escrito su nombre en la relación de los 2.636 beneficiarios -una parte son herederos al haber fallecido los titulares del derecho- publicada por el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 8 de noviembre.

«Desde hace un año o dos ya lo dábamos por perdido, pensábamos que no había nada que hacer. De hecho, cuando hemos conocido ahora lo de los mil euros llamé a uno de Lleida para decírselo y lo primero que me soltó fue que se metieran el dinero en cierto sitio… Al cabo de un rato de charla ya me dijo que, en lugar de que lo tengan ellos, que se lo dieran a él. Afortunadamente, mi situación económica no es que sea boyante pero esto no me va a cambiar la vida, pero sé que hay alguien que sí que los necesita», cuenta Joan Vives en conversación telefónica con este diario.

La ayuda es fruto en gran medida de la presión que desde hace más de 14 años ha venido realizando la Asociación de la Compañía Expedicionaria de Transmisiones 4 (ACET-4), integrada por reclutas que fueron a África y de la que Joan Vives forma parte de manera activa. La reclamación llegó al Congreso en 2007 de la mano del diputado de la entonces Convergència i Unió Josep Maldonado.

Vives Riba nació en la localidad de Cabra del Camp -en la comarca tarraconense del Alto Campo- el 1 de mayo de 1938. Fue de manera accidental, propiciado por la guerra. Su madre, embarazada de él, decidió desplazarse al pueblo en el que estaban sus padres mientras su marido combatía en las filas republicanas. Al año de nacer él ya se instalaron en Barcelona, donde trabajó en la empresa de construcción familiar hasta su cierre en 2004.

Defensa ha concedido un pago único de mil euros a los reclutas que intervinieron en la Guerra de Ifni o a sus herederos por su «entrega y sacrificio»

«Yo empiezo con 19 años en el cuartel de Lepanto, donde hoy están los juzgados de Barcelona. Al mes y medio o así nos mandan a Can Torelló, en Gavá, para hacer la instrucción y recibir clases de radio. Allí aprendí yo Morse y Código Q [de señales]. Hacíamos una vida normal, pero un día nos hacen formar a una hora inusual. En lugar de hacerlo por altura lo hicieron en función de lo que cada uno sabía hacer. A los primeros 15 nos apartaron y pasamos al campo de básket. Sentados en el suelo vino el capitán Fabiani y, palabras textuales, empezó a decir: ‘Los hijos de puta de los moros…’. Claro, nos preguntábamos de qué iba aquello», rememora.

Las primeras explicaciones que recibieron era que se estaban formando siete compañías en toda España pero que sólo iría una a África. «Era mentira, nos dijeron eso para que el golpe no fuera tan grande», añade. Una noche, estando cenando en una cantina cercana al lugar de la instrucción, escucharon que tocaba a generala y tuvieron que volver rápidamente al campamento. A los que habían sido seleccionados les ordenaron que cogieran los petates antes de montarse en camiones hasta el cuartel de Lepanto, donde durmieron esa noche vestidos por si tenían que salir rápidamente.

Durante las semanas siguientes estuvieron recibiendo formación. Incluso los llevaron a Montserrat, donde les organizaron una comida y el abad les dedicó unas palabras. El 20 de junio de 1958, los expedicionarios embarcaron en el Monte de la Esperanza. Tras hacer escala en Valencia y pasar por Ceuta y Melilla, el barco llegó en la tarde-noche del 24 de junio -«me hicieron un buen regalo por mi onomástica», bromea- a la playa de El Aaiún. La misión era dar soporte a la red permanente de transmisiones del Ejército.

«Nuestra preparación era muy pobre»

«Nuestra preparación era muy pobre. Se considera que uno es buen radiotelegrafista si es capaz de coger de 18 palabras por minuto para arriba, teniendo en cuenta que ellos cuentan cada palabra como cinco signos. Yo cuando marché para allá no pasaba de 10. Quizá con la experiencia llegué a 12 o 13. Cada uno en lo suyo iba mal preparado. Las tropas a las que íbamos a relevar daba pena ver cómo vestían. Algunos llevaban alpargatas porque no tenían zapatos. Se nos caía el alma al suelo», sostiene. Y añade: «Franco lo silenció tanto como pudo y la gente de la calle no sabía que existía esta guerra si no era porque tenía un familiar militar o un amigo allí que se lo contaba. Que íbamos a El Aaiún lo sabíamos. Lo que íbamos engañados es que allí hubiera una guerra».

Campamento del Ejército español durante la guerra de Ifni-Sáhara, a finales de los años 50. ACET-4

No hacía dos décadas que había acabado la Guerra Civil cuando, en noviembre de 1957, bandas armadas realizaron un ataque contra Sidi-Ifni y otros enclaves militares en el África Occidental. El conflicto se mantuvo hasta 1958. En ese periodo murieron al menos 366 españoles, según la respuesta escrita que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ofreció en agosto de 2006 al diputado de Convergència i Unión Ramón Companys i Sanfeliú. Entonces el ministro de Defensa era José Antonio Alonso, ya fallecido.

En concreto, según se detalla en la citada contestación parlamentaria, «273 fueron trasladados a Las Palmas (196 civiles y 77 militares) para su entrega a familiares (los oriundos de las islas Canarias) y el resto para ser enterrados en el panteón del cementerio de San Lázaro de la citada ciudad». Por vía marítima llegaron a Cádiz «73 féretros» para su entrega a ocho capitanías generales: Madrid (31); Sevilla (29); Burgos y Valencia (3 cada una); A Coruña, Barcelona y Valladolid (dos cada una) y uno a Zaragoza.

Una de esas 366 víctimas fue Carlos Godó Martí, compañero de tienda de Joan Vives. Ocurrió el 2 de septiembre de 1958 al estallar una mina al paso del jeep en el que se desplazaba cuando regresaba a El Aaiún desde Smara. Murieron él y cuatro zapadores. Sus cuerpos quedaron reducidos a pedazos por el efecto de la explosión.

Tampoco olvida la «emboscada» que le hicieron a una compañía de la Legión. «Cuando llegaron al final y vieron que no tenían salida apareció por un lado y por otro lo que hoy es el Frente Polisario y los machacaron. En el cementerio de El Aaiún, en más de la mitad de las cruces que había en el suelo podía leerse: ‘Muerto en Edchera el 13 de enero de 1958’. Eso ocurrió meses antes de que nosotros llegáramos allí», apunta.

Aquella escabechina tuvo lugar dos semanas después de que Carmen Sevilla -junto con el humorista Miguel Gila, fallecido en 2001- viajara a Sidi Ifni con motivo de las fiestas navideñas para animar a las tropas españolas que combatían en el África Occidental. El 26 de mayo de 2007, la actriz y cantante sevillana estuvo presente en el homenaje que se rindió a los combatientes con motivo del cincuenta aniversario durante un acto celebrado en el cuartel barcelonés del Bruc. «Allí nos entregaron un diploma pero no pone ni el nombre ni nada», indica el ex combatiente.

El 20 de enero de 1959, Vives Riba y otros 24 soldados que cumplían el servicio militar de forma voluntaria fueron repatriados. Primero fueron remolcados hasta Las Palmas, desde donde salieron días después en el buque Ernesto Anastasio. «De estar en la arena del Sáhara con incomodidades tremendas, con falta de agua y de otras muchas cosas, a subirte a un barco con cine, sala de fiestas y donde un camarero te servía la comida… Era un mundo nuevo para mí», observa. No olvidará la ruta de aquel viaje de vuelta. De Las Palmas a Santa Cruz de Tenerife, de allí a Málaga y finalmente a Barcelona, donde desembarcó a finales de enero.

Sus nociones de inglés le permitieron conseguir un destino en Capitanía General, donde recaló tras disfrutar de un mes de permiso. El 31 de julio de 1959 se licenció. De aquella experiencia, de la que dan fe las fotos que conserva en el despacho de su casa, se queda con los compañeros. Con muchos ha seguido teniendo contactos, aunque algunos ya han fallecido. Con los mil euros tendrán ahora una razón más para encontrarse y rememorar aquellos meses en las arenas del Sáhara cuando fueron reclutas en una guerra ignorada.

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