«Pertenezco a una generación a la que cuando oye el nombre de Sopa de Cabra se nos disparan muchas sensaciones». La música es una de las grandes aficiones de Carles Puigdemont. El catalán una de sus banderas favoritas. Y la gira de despedida de Sopa de Cabra ha permitido al ex president fugado unir ambas en un comentario radiofónico que lo ha introducido en uno de los pocos géneros que todavía no había tocado, el de la crítica musical.

Esta vez no se ha atrevido a colgarse la guitarra para entonar los versos de la banda gerundense, como hiciera en repetidas ocasiones acompañado por su particular corte ampurdanesa. Sin la compañía de Joan Laporta, Pilar Rahola o Josep Lluís Trapero y desde el frío inverno de Waterloo, el rock catalán queda lejos. Pero el ex alcalde de Girona no se ha resistido a hacer la glosa de uno de los grupos que, dice él, pusieron banda sonora a su juventud.

«A los Sopa les debemos haber revolucionado el rock en nuestra época, haberlo geronizado. No solo por el origen de la banda, sino por el universo que utilizan», destacaba recordando sus años mozos al son de la banda que lidera Gerard Quintana.

El Sisset de l’Empordà

Y por supuesto, «haber hecho normal algo que nos parecía extraordinario, poder cantar en catalán, algo que ahora es normal. Es uno de los grandes éxitos que les debemos» añadía. Sobre todo ahora que Quintana se ha deshecho del estigma de «español» con el que respondieron no pocos de sus seguidores al descubrimiento de que hablaba en castellano a sus hijos. Anatema.

Sopa de Cabra es el grupo autor de un auténtico himno del rock en catalán, L’empordà. «Nascut entre Blanes i Cadaqués (nacido entre Blanes y Cadaqués)/Molt tocat per la tramuntana (muy tocado por la tramuntana)/ D’una sola cosa pots estar segur (de algo puedes estar seguro)/Quan més vell més tocat de l’ala (cuanto más mayor más chalado)» han cantado voz en grito miles de boomers catalanes.

Y como el Sisset de la canción, de Puigdemont más de un actor de la política catalana ha reconocido en privado que cada día más desconectado de la realidad política catalana.

Hace casi dos años, Puigdemont recibía el año nuevo guitarra en mano y cantando la canción de John Denver Take Me Home, Country Roads. Algo así como «Carreteras, llevadme a casa». Un guiño desde Instagram, debía pensar, a su aspiración de regresar a Cataluña, de donde salió en el 2017 huyendo de la justicia.

La recién conseguida inmunidad como eurodiputado parecía acercar el momento. Al menos, así lo afirmaban sus acólitos para seguir alimentando el mito del gran rebelde capaz de tumbar a la maquinaria del pérfido Estado español. Siguen esperando.

Tres años antes, el líder independentista había protagonizado sus primeros minutos musicales. Corría el verano de 2016, Puigdemont estrenaba presidencia y corte en Cadaqués y Rahola, Laporta o Trapero cantaban al son del president canciones de los Beatles o las «Paraules d’amor» de Serrat. Otro estigmatizado por el procés.

No descartemos en unos años oír al ex president cantando las loas del trovador de cabecera en la corte de Waterloo. El rapero Valtònyc ha puesto la música de guerrilla a su retiro belga, mientras busca la manera de no perder el timón de un independentismo cada vez menos capaz de creerse sus promesas. «Para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas, brindaremos con champán». Pura poesía.