Un año después de que se administrara la primera vacuna contra el coronavirus, ya se han inoculado en todo el mundo más de 8.000 millones de dosis. Sin embargo, la desigualdad entre los países ricos y pobres ha quedado más que demostrada en esta crisis sanitaria global. Mientras que en el primer mundo ya está vacunado todo el que quiere -incluso con dosis de refuerzo-, apenas el 6% de las personas que viven en los países pobres han recibido el primer pinchazo.

«Es una malísima noticia que la desigualdad se haya perpetuado con la emergencia global que estamos viviendo», analiza Virginia Rodríguez, responsable de Incidencia Política del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Y es que es sobre esa eterna desigualdad se ha construido una nueva lucha geopolítica con la vacuna como protagonista. Tal ha sido la importancia de estos fármacos, que han marcado la agencia política y económica internacional en el último año.

Primero con la venta de las vacunas y ahora con las donaciones, Estados Unidos, Rusia, China, Europa y demás potencias están jugando una partida estratégica en el tablero internacional. Y de momento, va ganando Estados Unidos. «Durante la etapa de la venta (desde mediados de 2020 a principios de 2021), China y Rusia le sacaron ventaja porque Estados Unidos y optó por su estrategia de America First. Pero luego llegó Biden y ahora está ganando claramente la partida a China», comenta por teléfono Virginia Rodríguez.

El mapa de las donaciones

En este mapa elaborado por Unicef se puede ver el detalle de las donaciones internacionales que ha hecho cada país (para ello hay que pinchar en la pestaña Delivery y después, abajo a la derecha en Vaccine donations)

Estados Unidos tiene comprometidas para donar un total de 166 millones de vacunas y los países que más recibirán son Bangladesh (10,5 millones), Indonesia (9), México (8,4), Vietnam (6,5), Guatemala (6,5), Colombia (6), Nigeria (6), Sudáfrica (5,6), Pakistán (5,5), Honduras (3,5) y Argentina (3,5). Todas esas donaciones han sido a través del programa Covax, salvo México, Guatemala, Argentina y Colombia, que se ejecutaron por acuerdos bilaterales.

China, por su parte, va a donar un total de 88 millones de dosis, todas por acuerdos bilaterales. Camboya (9,7), Myanmar (7,5), Vietnam (6,3), Pakistán (6,2), Laos (5,8), Bangladesh (5,5), Afganistán (4,1), Nepal (3,4), Sri Lanka (3) y Egipto (2,6) serán sus diez principales receptores.

Llama la atención que de las 26 millones de dosis que va a donar Reino Unido, 14 se van hacia Filipinas, Pakistán y Ghana; que a Venezuela, por ejemplo, solo han llegaddo 500.000, todas ellas desde China; o que España ha comprometido 47 millones y siete se van a Colombia, 4,4 a Nigeria, otros 4,4 a Egipto, 3,5 a Nicaragua y 3,4 a Angola.

La lectura de los datos

En esta tabla también puede observarse que Rusia apenas tiene comprometidas dos millones de vacunas para donar, con Kirguistán y Mongolia como los dos grandes destinos. Las enormes diferencias en el número de vacunas donadas por EEUU (166 millones), China (88) y Rusia (2) respopnde a la diferente estrategia que han llevado.

«China y Rusia aprovecharon el momento en que Estados Unidos estaba con Trump y pusieron sus vacunas en el mercado internacional», destaca Virginia Rodríguez. «China se fijó mucho en Latinoamérica y Rusia incluso priorizó la proyección internacional antes que vacunar a su propia población. Llamaron Sputnik a la vacuna tratando de rememorar glorias pasadas y con Estados Unidos replegándose, quisieron ganar terreno», añade. Pero ahora están a la cola de las donaciones y encima tienen una tasa de vacunación muy baja (sólo un 40% con la pauta completa).

Estados Unidos, por su parte, cambió radicalmente con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca. Trump había sacado incluso a su país de la Organización Mundial de la Salud y Biden firma ese regreso y empieza la campaña de donaciones. «Es destacable esa vuelta a la orientación continental de Estados Unidos, con millones de vacunas donadas a Latinoamérica», continúa Virginia Rodríguez.

«Por lo demás hay pocas sorpresas: China va mucho a su zona de influencia, a África, Asia Central y el sudeste asiático, mientras que Europa se ha volcado mucho en el África subsahariana con excepciones como la de España, que tiene una gran vocación latinoamericana».