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Sectores del PP temen la entrada de Vox en Castilla y León por la incógnita de los partidos locales

El presidente del PP, Pablo Casado, en una quesería de León.

El presidente del PP, Pablo Casado, en una quesería de León. EP

El viento sopla de nuevo a favor del PP. Lo sabía Pablo Casado y lo sabía Alfonso Fernández Mañueco cuando, con la bendición de Génova, activó la cuenta atrás para abrir las urnas en Castilla y León, unos comicios que abren un nuevo y agitado ciclo electoral y que se estiman clave para cotejar la salud de la que gozan las principales fuerzas políticas más allá del ecuador de la legislatura. Los sondeos sonríen a los populares. En el cuartel general del PP creen que la victoria está asegurada. El aspirante a revalidar la presidencia de la Junta roza la mayoría absoluta, pero algunos sondeos le sitúan por debajo de los 35 procuradores. «Estar por debajo de ese límite sería simplemente mediocre», comenta un dirigente popular.

No es tanto el resultado propio lo que preocupa a sectores del PP, sino el que logre finalmente la izquierda y los partidos de la llamada España Vaciada. La tesis que se ha marcado Génova para evitar la entrada de Vox en sus gobiernos autonómicos, tanto en Castilla y León como en Andalucía, pasa por conseguir sumar más por sí solos que toda la izquierda junta. Es el modelo que implantó Ayuso en Madrid y que Casado quiere extender al resto de sus negociados. Fuentes del partido instan a «no confiarse» por la incógnita del resultado que logren los partidos locales, que podrían mostrar predilección por el bloque de la izquierda y encarecer, por tanto, el apoyo de Vox.

La balanza del PP comienza a no estar tan inclinada. Por poner un ejemplo, el sondeo de Sigma Dos para Antena 3 del pasado 25 de enero otorgaba a Mañueco el 39,2% de los votos y una horquilla de entre 37 y 39 procuradores; pero otra encuesta de Sociométrica para El Español publicada este mismo jueves avanzaba que los populares ganarían las elecciones con entre 32 y 35 escaños, pero le seguiría muy de cerca el PSOE con entre 27 y 29. Podemos y Unión del Pueblo Leonés (UPL) lograrían tres escaños cada uno, mejorando en ambos casos el resultado publicado el mes anterior por la misma empresa demoscópica.

Si la izquierda se recupera y el PP se queda por debajo de los 35 procuradores, impedir la entrada de Vox resultaría «complicado», un análisis en el que coinciden varios cargos populares consultados por El Independiente. A dos semanas de las elecciones, los de Santiago Abascal cuentan con una fortaleza en la región que les haría crecer hasta los 11 escaños, suficientes como para garantizar una mayoría a la derecha sea cual sea el resultado final de Alfonso Fernández Mañueco.

Vox no desvela qué contraprestaciones exigirá a cambio de facilitar la investidura del barón popular, aunque fuentes del partido ‘verde’ ya admitieron a este periódico que el respaldo esta vez no sería «gratis» como sucedió en la Comunidad de Madrid, incluso aunque el resultado sea parecido. «Es el momento de entrar en los gobiernos y de ejecutar nuestros programas», advirtió hace unos días la portavoz del partido en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, dejando claras las intenciones de Vox en el nuevo ciclo electoral. No obstante, fuentes del PP sostienen que las amenazas de Vox en esta cuestión resultan «contraproducentes» porque no hacen sino «movilizar a la izquierda». Y advierten además que, más allá de sus propios intereses, a Vox no le conviene entrar en sus gobiernos porque «su mayor baza de cara a las generales es que no sufren el desgaste de la gestión», defienden.

Aunque a priori el partido parece de sobra ganado por el PP, hay diversos factores externos que podrían rebajar las expectativas de Pablo Casado en la región. En la dirección fían a la participación el lograr gestar un gobierno en solitario, y tanto Mañueco como Casado se han volcado en el mundo rural para desplegar su campaña y desplazar a los regionalistas -a los que el PP califica de «marca blanca del PSOE»- y a Vox, que pelea en el mismo ámbito.

Las del 13 de febrero serán las primeras elecciones autonómicas que no coinciden con las municipales, una circunstancia que podría lastrar la movilización a la que el PP fía un éxito total en las urnas. En 2019 la participación electoral escaló al 65%, y los populares aspiran ahora a llegar a ese límite. Será el primer escenario en el que se demuestre la fuerza real de la España Vaciada, que aspira a condicionar a los grandes partidos en el Congreso de los Diputados. El polémico barómetro del CIS publicado esta semana y basado en más de 7.000 encuestas otorgaba representación a tres partidos locales: Por Ávila, UPL y Soria Ya. Este último batía récords en su provincia, donde arrastraba un respaldo del 42,3% por el 21,1% del PSOE o el 18,9% del PP.

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