De joya del patrimonio histórico de la ciudad a hogar de personas sin techo. La degradación del Hivernacle, uno de los edificios más emblemáticos heredados de la Exposición Universal de 1888 ha sido una de las polémicas que se ha sucedido en los últimos años, especialmente el pasado, ante el aparente desprecio del gobierno local. Hasta esta semana.

La teniente de alcalde Janet Sanz anunciaba el martes el inicio de unas obras «muy esperadas en la ciudad», la rehabilitación del Hivernacle. Un «edificio patrimonial importantísimo» que se ha degradado hasta el punto de temer un derrumbe tras quince años cerrado. No han sido pocos los que han señalado la proximidad electoral como motor del cambio. Aunque eso no impide que se feliciten también por el cambio.

Cristales rotos, vegetación asilvestrada y óxido expandiéndose por la estructura se han convertido en el triste presente del edificio proyectado hace más de un siglo por Josep Amargós. Y colchones y cartones por doquier que acreditan que el otrora escenario de encopetadas fiestas y conciertos de jazz se ha convertido en hogar de los sin techo que pernoctan en el Parque de la Ciudadela.

El plan de recuperación del edificio prevé su rehabilitación durante 12 meses de obras, que costarán dos millones de euros. «La ciudad de Barcelona no perderá el Hivernacle, el edificio no se caerá» tranquilizaba Sanz.

Una rehabilitación que no supone, sin embargo, la recuperación del edificio para los vecinos. Será a partir del próximo mandato cuando el Ayuntamiento decida el proyecto definitivo, una propuesta de usos «que no solo permita el proyecto de preservación y mantenimiento sino que haga posible el disfrute del edificio y que dotará de más equipamientos al Parque de la Ciudadela».

El proyecto

El objetivo de las obras iniciadas esta semana es doble, restaurar el edificio patrimonial, catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional y resolver sus patologías. Se trata de un edificio de 1.000 metros cuadrados formado por tres naves: la central, más alta, y dos laterales, la nave Picasso y la nave Magnolias. «Las tres requieren actuaciones profundas de rehabilitación» reconoce el consistorio.

Construido en 1884 para la Exposición Universal de 1888, fue declarado Bien Cultural de Interés Local en 2000, pero desde 2006 permanece cerrado. Su último uso, como bar, se acabó por las quejas vecinales de ruido. Años después fue cerrado definitivamente y en 2015 vivió su primera restauración, a todas luces insuficiente.

Fue el arquitecto Josep Fontserè quien proyectó el Hivernacle de la Ciudadela como parte de un programa museístico y científico con motivo de la Exposición Universal. El conjunto lo formaban el Hivernacle, el Umbracle y el Museo Martorell. Aunque el proyecto final del edificio, una estructura metálica con cierres de cristal que sigue el canon modernista de la época, es obra de Josep Amargós.

De fiestas a exposiciones de canarios

Durante la Exposició Universal de Barcelona del 1888, que sirvió para llenar de contenido el Parque de la Ciudadela, el Hivernacle se convirtió en salón de fiestas y centro de conferencias. Pero con el fin de la exposición los usos se diversificaron hasta extremos imprevistos. Uno de los más llamativos, sin duda, las exhibiciones de pájaros, como los concursos de canaricultura que inmortalizó el fotógrafo Carlos Pérez de Rozas.

A finales de los 90 del siglo pasado se le da un nuevo impulso. Se plantan nuevas especies exóticas y se implanta un primer sistema de humidificación del ambiente que llenó de color el viejo edificio. Con el renacer del Hivernacle volvieron los conciertos, desde clásica a un ciclo de conciertos de jazz que durante varios veranos ocupó el espacio.

Después llegaron los eventos privados y su conversión en bar. Hasta 2006, cuando se quedó sin actividad, para cerrarse definitivamente al público tres años después. Hasta hoy. El Ayuntamiento apunta ya a un nuevo concurso de ideas para proponer nuevos usos para el espacio, mientras los nostálgicos añoran su pasado musical y los puristas reclaman que se quede en lo que fue originalmente, un invernadero de plantas tropicales.

L’Umbracle, el auténtico invernadero de la Ciudadela

Aunque el auténtico invernadero de la Ciudadela ya es, por mérito propio, el Umbracle. Construido en el mismo proyecto junto al Hivernacle, en el extremo del parque que linda con el Paseo Picasso, se ha convertido en un auténtico vergel, este sí mantenido celosamente por Parcs i Jardins de Barcelona.

Umbracle del Parc de la Ciutadella: Josep Fontserè (1886)

Un vergel poco accesible al público, que solo puede visitarlo de lunes a viernes entre 8.00 y 15.00 horas porque la delicadeza del espacio impide permitir visitas sin vigilancia, explican sus responsables. Y que despierta un enorme interés al sector de la publicidad: solo en 2021 hubo 833 peticiones para realizar algún tipo de rodaje en su interior.

Es un espacio singular «por sus dimensiones, por su historia y por lo que acoge, plantas de origen subtropical amantes de la sombra, algunas de las mayores de la ciudad», explicaba el maestro jardinero Lluís Abad. «Es como una catedral de las plantas» afirmaba recientemente en Betevé.

Abad ve «un símil constructivo» entre las naves del gótico catalán -de Santa María del Mar al Salón del Tinell- y la estructura del Umbracle. La diferencia es que en el edificio del s. XIX se incorporaron las columnas de hierro y lo único que sostienen es el listonado de madera».