El presidente catalán, Pere Aragonès, ha tratado de cerrar la crisis abierta en el Govern cesando a su vicepresidente, Jordi Puigneró, de Junts per Catalunya. Tras más de seis horas de reuniones, primero con todos los consejeros y después a solas con el líder de Junts, Jordi Turull, Aragonès ha cortado la cabeza de su número dos después de que su socio de Gobierno exigiera que el presidente se sometiera a una cuestión de confianza.

En una comparecencia, pasadas las 11 de la noche, Aragonès ha dicho que someterse a una cuestión de confianza sería «irresponsable» y ha culpado a Puigneró de no informarle de las maniobras de Junts.

«El cese de Puigneró me duele pero es un paso necesario», ha dicho Aragonès, que ha confiado en que Junts «siga formando parte del Govern». La formación independentista reunirá a su Ejecutiva este jueves a las 8 de la mañana para decidir qué hacer y si continúa o no en el Ejecutivo catalán.

Antes, Pere Aragonès había dado dos o tres días a Junts para aclarar su continuidad en el Govern tras advertirles que no se someterá a la moción de confianza que le ha pedido su socio. «Seguir en el Govern o pasar a la oposición» esa es la disyuntiva que ha dado a sus socios, tras una jornada en que se especulaba ya con una ruptura del gobierno de coalición.

Aragonés considera que ya respondió este martes, afirmativamente, a las peticiones de Junts y que la moción de confianza es la enésima deslealtad que obliga a replantear la coalición. Pero una ruptura del «Govern del 52%» a las puertas del quinto aniversario del 1-O tendría unos costes que ninguno de los dos partidos quiere asumir.

El president ha reunido a los 14 consejeros de su gobierno para exigir lealtad a los miembros de Junts o que abandonen el Govern. Tras las dos horas de reunión del Govern, Aragonès ha convocado a Jordi Turull, secretario general de Junts, para aclarar la postura de Junts ante una respuesta divergente de los consejeros, según fuentes de Presidencia.

Paralelamente, Junts ha emitido un comunicado en el que asegura que sus consejeros «han apostado de forma unánime por el cumplimiento del acuerdo» de gobierno para «garantizar la estabilidad y la lealtad del ejecutivo, en la misma línea en que se expresó el grupo parlamentario, tanto en lo que respecta al acuerdo de Govern como a la cuestión de confianza».

Aragonès ha preguntado, uno a uno, a todos los consejeros de Junts si conocían la petición de una moción de censura y si apoyan esa exigencia, que Esquerra interpreta como un cuestionamiento a todo el Govern. Pero las respuestas no han ofrecido una posición unánime, afirman desde Palau, por lo que el president ha convocado a Turull, con el que ha negociado durante las últimas semanas para reconducir la crisis en la coalición.

Reto de JxCat

Ha sido la respuesta a la petición de una moción de confianza lanzada este martes por JxCat y considerada por Esquerra como la última deslealtad de sus socios. Tras una mañana de reuniones con la dirección de ERC y su núcleo de confianza, Aragonès ha optado por reunir al ejecutivo.

ERC considera la petición de una moción de censura como un acto de deslealtad Especialmente porque Aragonès no conocía el contenido del discurso de Batet, que según Junts es fruto de una decisión colegiada. Sí lo conocía Jordi Puigneró, vicepresidente del Govern, que compartió reunión del Consell Executiu con Aragonès minutos antes de empezar el debate.

Aragonès ha preguntado uno por uno a los consejeros de Junts si conocían el contenido del discurso de Batet. Y si están de acuerdo con la exigencia de moción de censura. Los consejeros de Junts, que han llegado juntos al Palau, han compartido comida previamente junto a la dirección del partido.

Todas las crisis

El gobierno ha vivido varias crisis durante su corta trayectoria. De hecho su formación ya fue accidentada. Aragonès tuvo que someterse a dos votaciones de investidura y Junts llevó hasta el límite las negociaciones para empezar la legislatura. Unas negociaciones que al final cerraron casi de forma unipersonal Aragonès y Jordi Sánchez, entonces secretario general de Junts.

Tras la accidentada toma de posesión de Aragonès, dos meses después de lo previsto, llegó la primera crisis con la formación de la mesa de diálogo con el Gobierno. Junts proponía para ese foro a Jordi Sánchez y Jordi Turull, ambos recién indultados por el Gobierno, además de la portavoz en el Congreso, Miriam Noguera, y el vicepresidente Puigneró.

Aragonès vetó esa composición de la parte de Junts, alegando que el compromiso era para una negociación «de gobierno a gobierno» y el partido de Carles Puigdemont plantó a la mesa.

El siguiente pacto roto fue el de la ampliación del Aeropuerto de El Prat. En esa ocasión fue Aragonès quien dinamitó el acuerdo alcanzado por Puigneró con el Gobierno la ampliación, que Aena acabó posponiendo ante la oposición del gobierno autonómico. Otro tanto sucedió hace cinco meses con la ampliación de la B-40, una vía largamente reclamada por los ayuntamientos de la segunda corona metropolitana.

Aragonès forzó en el último momento el plantón de los consejeros de su gobierno a la presentación del proyecto junto a la ministra Raquel Sánchez. La semana pasada, las consejeras de Justicia y Derechos Sociales, de Junts, volvían a demostrar la escasa cohesión del Govern al presentar un plan contra la ocupación del que el consejero de Interior, de ERC, no tenía noticia.