Una de cada tres agresiones sufridas por menores es obra de otro menor. Es una de las conclusiones más sorprendentes -e inquietantes- del balance presentado por el equipo EMMA (Unidad de Atención a las Violencias hacia la Infancia y la Adolescencia) del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. No la única. Igualmente inquietante es la cifra de pacientes atendidos en los últimos doce meses: 341 menores desde noviembre de 2021, 34 más que el año anterior.

El perfil tipo de la víctima de violencia sexual es una niña de 13 años. Las niñas y adolescentes son las que más sufren la violencia sexual –en un 87%, frente al 13% de niños. Las mayoría son mayores de 13 años (un 42%) pero un 34% son niños de entre 8 y 12 años y casi una cuarta parte son menores de siete años.

Pero la cifras que ocultan un escenario mucho más complejo, advierten porque «la violencia contra la infancia está invisibilizada en infradiagnosticada». Uno de cada cinco niños y adolescentes son víctimas de violencia sexual, según el Consejo de Europa.

De quienes sí acudieron al servicio de atención a víctimas menores de 16 años, el 79% fueron víctimas de violencia sexual -el EMMA es el dispositivo de referencia en Barcelona-. Del resto, un 15,5% había sufrido violencia física y un 3% negligencia en el cuidado a los niños.

Los padres, primeros agresores

«Este año hemos detectado un importante porcentaje de las agresiones entre iguales, especialmente en los adolescentes, y un tercio de los agresores son menores de edad» alerta la pediatra Anna Fàbregas, coordinadora del Equipo EMMA. «Esto no quiere decir que un tercio de los adolescentes sean agresores ni que hayamos detectado un aumento de las agresiones entre adolescentes, pero es un dato que hay que analizar», advierte.

La violencia sexual se produce de forma mayoritaria dentro del ámbito intrafamiliar (en un 50% de los casos). Pero cuando se produce fuera de la familia, en un 42% de las ocasiones lo ejerce un igual de la víctima, entendido como alguien de una edad parecida, explica Fàbregas.

Respecto a los abusos en el núcleo familiar, en un tercio de los casos el agresor es el padre, seguido de los primos en un 17%”. De hecho, un 83% de los agresores de violencia sexual son familiares o conocidos del niño, niña o adolescente.

Agresiones entre adolescentes

«La violencia sexual entre iguales, sobre todo cuando hablamos de chicos y chicas, es un fenómeno complejo, en el cual intervienen múltiples factores», explica Giuliana Rios, trabajadora social del Equipo EMMA. En él influye el acceso a la pornografía cada vez a edades más tempranas –a los ocho años se produce el primer acceso, según un estudio de la Universitat de les Illes Balears, a partir de los 14 años el consumo se generaliza–.

Pero también la falta de educación afectivo-sexual y otros factores como el entorno social, el perfil psicológico -impulsividad, falta de empatía o agresividad- y la exposición de forma prematura a conductas sexuales inapropiadas por su edad. 

Por educación afectivo-sexual las responsables del EMMA entienden ayudar al niño a poner nombre real a las partes íntimas del cuerpo (pechos, vulva, culo y pene) a partir de los tres años; enseñarles que nadie se los puede tocar excepto, según la edad, en momentos como el baño o las visitas médicas; y ayudarles a identificar qué situaciones pueden ser de riesgo.

Romper el silencio

En este contexto, «es crucial educar» a los niños y adolescentes para romper el silencio que imponen los agresores para sostener los abusos en el tiempo, explica Mireia Forner, psicóloga clínica del Equipo EMMA. Los niños deben entender que «si un secreto les hace sentir mal, no les deja dormir, les avergüenza o les perturba» tienen que compartirlo con un adulto de confianza.

El Consorcio Sanitario de Barcelona impulsó la creación del Equipo EMMA, entendido como un equipo multidisciplinario de profesionales para atender a los niños y adolescentes víctimas de violencia. Proporcionan una atención integral y potencian el tratamiento psicológico de las secuelas de la violencia sexual.