Jordi Pujol invirtió cuatro décadas para construir un mito político capaz de convertirse en el padre de la «identidad catalana» moderna. David Trueba y Jordi Ferrerons han dedicado cuatro capítulos a diseccionar ese mito desde todos los ángulos posibles -que no son pocos- y hacer la autopsia de ese gigante político devorado por la corrupción.

La Sagrada Familia es un retrato coral con más de un centenar de voces que van desde ex presidentes del Gobierno al peluquero de Marta Ferrusola. Sin olvidar personajes clave en esa historia como Lluís Prenafeta, mano derecha de Pujol en la Generalitat, o Josep Pujol Ferrusola, erigido en portavoz oficioso de la familia tras el estallido de las causas judiciales en su contra.

Felipe González, durante la grabación del documental

En los años 80 del siglo pasado Pujol reconocía a Terenci Moix que su objetivo era que «al final» de su vida «el balance fuera positivo para el país». Pilar Rahola asegura en boca de conocidos que el ex president lamenta ahora: «me he muerto demasiado tarde». El hombre que según José María Aznar «aspiraba a ser presidente de la Generalitat toda su vida» ha visto expuestas todas sus miserias, y las de la familia, en la recta final de su vida. Aunque los últimos años algunos han intentado rehabilitar su figura política.

La corrupción

El documental recoge la descripción de un entramado corrupto construido por la familia Pujol-Ferrusola casi al margen del propio ex president, en el que Josep Pujol concluye que «los hijos quedaremos como los malos, como mi madre». Pero incorpora también a las voces que contradicen ese relato del Pujol víctima, empezando por la ex amante de su hermano, Victoria Álvarez. «Ahí nadie hace nada sin que el padre dé el visto bueno».

Desde el caso Banca Catalana, o la empresa Hidroplant, de Ferrusola, pasando por la financiación del partido, la caída de Macià Alavedra y Prenafeta, el 3%, el Palau de la Música, el caso ITV, La Sagrada Familia repasa cuatro décadas de sospechas que estallan el 25 de julio de 2014 con la confesión de Pujol y la herencia del «avi Florenci«.

Lluís Prenafeta

Prenafeta, el hombre que construyó la Generalitat al dictado de Pujol, reconoce implícitamente la corrupción de esos años. «Desde Grecia ya había corrupción. Si hay algo de corrupción, y no digo que no, es consustancial» argumenta. Mientras «millones de catalanes decidimos mirar hacia otro lado» reconoce Pilar Rahola.

Una década después, la justicia sigue investigando una trama por la que la familia Pujol está acusada de pertenencia a organización criminal, blanqueo de capitales, falsedad documental y evasión fiscal. Fiscalía pide 9 años para Pujol y de 8 a 29 para los hijos, Ferrusola archivado por salud.

La comisión de investigación creada en el Parlament sirvió de poco, reconoce su presidente, el entonces líder de la CUP David Fernández. «Pero fue una anatomía del paso de Pujol por el poder: resulta que los ‘casos aislados’ desde 1980 a 2014 son un continuo».

La familia

Josep Pujol niega la mayor -el cobro de comisiones y mordidas al calor del poder político del padre- pero reconoce el dinero negro. «En los años 80 era necesario tener eso» argumenta, «era feo», pero «no era posible progresar en el mundo inmobiliario si no estabas dispuesto a gestionar una parte de tu dinero en B, en las transacciones había parte en negro, esa parte en negro donde la metes».

Josep también abunda en otro de los elementos esenciales del relato familiar. Quien llevaba los negocios era el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, al que la Fiscalía apunta también como ejecutor del entramado corrupto del que se nutriría supuestamente toda la familia.

Quita hierro a la nota de la «madre superiora» en la que Marta Ferrusola daba órdenes para mover el dinero de Andorra. Y defiende su derecho a «hacer negocios» -todos los hermanos- mientras su padre ocupaba durante 23 años el Palau de la Generalitat.

La construcción del mito

El documental repasa también la construcción del personaje político, desde la lucha antifranquista al caso Banca Catalana. «Algunos sabíamos cómo iba a ir la votación porque Piqué Vidal lo había ido comentado, y se equivocó en solo dos o tres jueces» recuerda el periodista Santi Tarín rememorando el momento en que la Audiencia archivó el caso. Recuerda también los turbios manejos de Piqué Vidal en los 80, que acabarían con el propio abogado en prisión.

Pujol, en todo caso, fue capaz de convertir ese problema en su catalizador definitivo. «A partir de ahora, cuando se hable de moral hablaremos nosotros» advirtió desde el balcón de la Generalitat, tras la manifestación orquestada desde el Parlament al Palau por Prenafeta y Ferrusola. Desde ese momento, la corrupción fue sistemáticamente escondida bajo la alfombra por el bien superior, la reconstrucción de Cataluña.

«La Generalitat somos tu y yo» asegura Prenafeta que le dijo Pujol al llegar al Palau. 23 años después abandonaba el edificio con la llegada del tripartito vivido por la familia Pujol como una auténtica usurpación. El relevo «no fue muy bien aceptado, pensaban que el poder era de su propiedad» recuerda José Montilla.

José María Aznar

La figura política de Pujol, sin embargo, no deja de crecer, hasta el punto en que, cuando Felipe González pierde las elecciones en 1996, llama a Pujol para pedirle que apoye al Gobierno de José María Aznar, según relata él mismo, pese que fue Pujol quien le dejó caer al no aprobar los presupuestos generales.

De ahí, al pacto del Majestic. Lo último que le pide Pujol a Aznar en histórico hotel del centro de Barcelona, es que conceda una entrevista a TV3. La entrevista en la que Aznar acabaría afirmando que hablaba catalán en la intimidad.

El documental no olvida la particular relación de Pujol con la prensa, desde la la financiación de medios con Banca Catalana a las llamadas en persona para quejarse de alguna información. Hasta el extremo de redactarse una entrevista a sí mismo, que intentó que publicara El Periódico, como relata su ex director, Antonio Franco. Un proceso en el que es clave la construcción de TV3 recuerdan otros periodistas de la época.