Esto no es una carta a los Reyes Magos. Aunque se le parece.

Como cada comienzo de año desde hace mucho tiempo echo mano del catalejo del porvenir. Se trata de una apuesta, por supuesto subjetiva, sobre lo que puede ocurrir en el ejercicio que acaba de comenzar. Las luces largas, dicen los políticos. En realidad, no tan largas. En el devenir de la historia, ¿ qué son doce meses? Nada, apenas un apunte. Aunque hay años que marcan toda una época. Pues bien, este 2023 es uno de esos años.

Luego puede pasar de todo. ¿Quién nos iba a decir el uno de enero de 2020 que una enfermedad que se estaba desarrollando en China iba a marcar nuestras vidas para siempre? ¿O en 2022 que Putin, por mucho que hubiera informes de la CIA que lo advertían, terminaría invadiendo Ucrania, con todo lo que ello significa, incluyendo una crisis energética en la que todavía nos movemos?

Advirtiendo, por tanto, que todo puede empeorar, con los instrumentos que tenemos en la mano, veamos lo que podría ocurrir en la política española durante este año que preveo apasionante.

1º Todo va a estar marcado por las elecciones.

Aunque el presidente Sánchez insiste en que agotará la legislatura, nadie, ni siquiera la mayoría de sus ministros, da por seguro que las elecciones generales se celebren a final de año. Lo que sí es seguro, porque ese calendario no lo puede mover el jefe del Gobierno, es que las municipales y autonómicas se celebrarán a finales de mayo. Por tanto, cuando concluyan las vacaciones parlamentarias, estaremos ya metidos en precampaña. Una larga, dura y agotadora campaña en la que todos saben que se la juegan.

Las municipales y autonómicas, que normalmente se celebran unos meses antes de las generales, determinan con bastante claridad si el partido o partidos del Gobierno tienen opciones de seguir en el poder o bien si estamos ante un cambio de ciclo. En las últimas, las que se celebraron en 2019, el PSOE le sacó más de millón y medio de votos a nivel general en las municipales. Después, en las generales, que se celebraron el 10 de noviembre de ese mismo año, el PSOE (120 escaños) le sacó casi un millón ochocientos mil votos al PP (89 escaños).

Ahora no hay ninguna encuesta (seria) que de una victoria tan amplia al PSOE. La mayoría de los sondeos dan ganador al PP, aunque alguno apunta a un empate técnico. Es decir, que Alberto Núñez Feijóo sabe que tiene al alcance de la mano devolver a su partido un triunfo en las urnas que no obtiene desde 2016.

A sensu contrario, Sánchez sabe que puede perder y va a hacer todo lo que esté en su mano, que es mucho, para que eso no suceda. El Gobierno se va a convertir en la pieza fundamental del engranaje electoral del PSOE y el choque frontal con el principal partido de la oposición será constante, agudizando aún más el clima de crispación, al que no serán ajenos algunos medios de comunicación, ya en una militancia descarada.

2º Las fuerzas centrífugas.

Lo que diferencia esencialmente a la situación que vamos a vivir respecto a otras anteriores es que en el interior del Gobierno conviven fuerzas políticas con intereses diferentes que, lógicamente, van a querer capitalizar los éxitos y culpar a su coaligado de los fracasos que se hayan producido durante la gestión gubernamental.

Las tensiones son cada vez más evidentes. Incluso con el dato de asesinadas por violencia de género se ha producido un rifirrafe que ha obligado a Sánchez a llamar al orden a Margarita Robles, que tuvo que rectificar sus críticas a la ‘ley del sí es sí’ horas después de haberla criticado. Esto es sólo un aperitivo.

De la dinámica de confrontación sólo se podría salir con una derrota de Sánchez que le hiciera dimitir y un gobierno del PP sustentado en grandes pactos de Estado con un renovado PSOE

Podemos, partido en el que Pablo Iglesias sigue jugando el rol de líder, querrá luchar aunque sea para no hundirse en los comicios de mayo y eso le obligará a mostrar su propia hoja de ruta, que no se puede confundir con la del PSOE. Es una lucha por la supervivencia, en la que las dentelladas vendrán determinadas por las leyes que aún están por aprobar y de las que UP ha hecho bandera.

3º La incógnita Yolanda.

Por si esa circunstancia no fuera ya de por sí suficientemente molesta e incompatible con la unidad que persigue y necesita Sánchez para derrotar a la derecha, se suma el lío interno entre los partidos a la izquierda del PSOE.

¿Qué será de Yolanda Díaz? ¿Qué será de Sumar? Probablemente, ni siquiera ella misma lo sepa aún a estas alturas. Lo que sí está claro es que si Sumar no se presenta en la cita del mes de mayo, es muy probable que no lo haga en la de diciembre, si es que se consuma la legislatura. Dé o no el paso, la ministra de Trabajo tiene sus propios planes, que distan mucho de coincidir con los de Podemos, e Iglesias no desaprovechará ocasión para reprocharle su «traición».

Esta será otra de las constantes de 2023. Si, finalmente, Sumar sale adelante, lo hará sobre las cenizas de Podemos, con lo que el partido que se gestó durante el 15-M y que incluso amenazó la hegemonía socialista entre los votantes de izquierda, habrá llegado a su triste final.

4º Una economía que crece menos.

La economía española, por más que este dato disguste al presidente, es la única de la UE que aún no ha recuperado la riqueza que había antes del Covid. Pero, si en 2022 el crecimiento ha sido ciertamente sólido, no será así en el año que comienza. Según el Banco de España, el PIB aumentará un modesto 1,3%, bastante lejos del 2,1% que prevé el Gobierno, y dato sobre el que sustenta el presupuesto más expansivo de nuestra historia.

Ese escaso crecimiento se va a conjugar con una alta inflación (el dato de la subyacente de diciembre, 6,9%, es para echarse a temblar) y una circunstancia que limitará la capacidad de endeudamiento del Estado: el BCE retirará su línea de financiación de la deuda pública, que ha ayudado de manera decisiva a financiar el cada vez más abultado déficit.

Si la economía se para o avanza muy despacio, el empleo se frena. Por tanto, vamos a vivir durante este año, rabiosamente electoral y electoralista, en medio de una crisis que va a obligar al Gobierno a sacarse de la chistera medidas populistas como la del cheque de 200 euros, presentada por Sánchez como un salvavidas para las familias en riesgo de exclusión.

Eso con unos sindicatos envalentonados y comprometidos con sus bases a no perder poder adquisitivo. Y el diálogo social roto.

5º Ciudadanos se diluye.

La lucha fratricida entre Inés Arrimadas y Edmundo Bal no es más que el epílogo en la historia de un partido que lo pudo ser todo y que se despeñó en la irrelevancia cuando su líder, Albert Rivera, no entendió para qué le votaban los ciudadanos.

Ciudadanos puede firmar en este 2023 su defunción y eso podría pasar incluso en el mes de mayo, si sus resultados, como parece, les hacen perder representación incluso en las plazas donde sirvieron para que otros (PSOE o PP) pudieran gobernar. Es un triste final para un partido liberal de centro que despertó simpatías en muchos votantes de los dos grandes partidos.

El casi seguro final de Ciudadanos y el batacazo de Podemos ponen de manifiesto lo efímero que ha sido aquello que se llamó la «nueva política». Todo se recoloca de nuevo, pero ahora con un partido fuerte a la derecha del PP (Vox) y unos aliados oportunistas y peligrosos para el PSOE (independentistas y filoetarras).

6º El problema de pactar con Vox.

Antes hablábamos de las encuestas. Ninguna de ellas da al PP la posibilidad de gobernar en solitario. Sólo podrá hacerlo si pacta con Vox. Esto, lo sabemos, no le gusta nada a Núñez Feijóo. Y es, por otro lado, el mejor elemento movilizador par la izquierda: el miedo a la ultraderecha.

Aunque el líder del PP no quiera hablar de ello, en mayo ya no podrá evitar tener que definirse en serio. ¿Acaso renunciaría a gobernar en la comunidad valenciana si PP y Vox sumaran para descabalgar al gobierno de Ximo Puig?

Lo hará. Y tiene que preparar bien el argumentario para la noche electoral, porque esa va a ser una de las preguntas que le harán todos los periodistas. Claro que, en eso, Sánchez le ha dado muchas pistas. Núñez Feijóo todavía no ha llegado a decir que no dormiría tranquilo con Santiago Abascal sentado en el Consejo de Ministros.

Es peligroso, sí. Pero el líder del PP tiene que marcar bien cuáles serán las líneas rojas para cohabitar con Vox. Al fin y al cabo, todos no deberían ser iguales.

7º La agenda catalana.

2022 se cerró con las vergonzantes cesiones ante ERC de hacer desaparecer del Código Penal el delito de sedición y la rebaja de penas por la malversación. Pero se equivocan Sánchez y su fiel Bolaños si creen que con ello está todo dicho. Que Junqueras y Aragonés van a enterrar la reclamación del referéndum de autodeterminación para después de las elecciones generales. Ellos sabe, como sabemos todos, que Sánchez le necesita, incluso más que a Podemos, y van a cobrarse la pieza a precio de marisco en Nochevieja.

No es que el referéndum se lleve a cabo este año. No. Es que los independentistas van a intentar -y probablemente a conseguir- pactar las condiciones y la fecha de esa consulta inconstitucional.

No descartemos tampoco el regreso de Puigdemont, que no quiere ser el segundón de su rival Junqueras en este revival, disfrazado, de 2017.

8º Las dos opciones.

No queda otra, salvo imprevistos. O bien el PSOE y sus aliados (Podemos o lo que quede, Sumar si existe, y, eso es seguro, los independentistas catalanes y Bildu) tienen un escaño más que la derecha y gobiernan. O bien, el PP y Vox suman más de 175 escaños y se abre en España un escenario inédito de un gobierno claramente inclinado a la derecha.

La primera de las opciones nos augura más de lo mismo. Pero, ¿podremos seguir así cuatro años más? ¿Hasta dónde puede ceder Sánchez? ¿Hasta dónde nos va a permitir Bruselas aumentar el déficit y la deuda? ¿Aguantaremos los sufridos ciudadanos otra legislatura de maniqueísmo y demagogia?

Pero si gana el PP y tiene que formar gobierno con Vox, por mucho que Feijóo quiera frenar al partido de Abascal, tendremos un panorama muy complicado. ¿Se imaginan a la izquierda y a los sindicatos ante la perspectiva, ¡otra vez!, de tener que aplicar recortes? Por no hablar de unos independentistas subidos a la parra, que exigirán la separación de Cataluña de una España, argumentarán, «al borde del fascismo».

Veo en ese escenario la paz social seriamente comprometida. Y no confío demasiado en la sensatez de algunos líderes políticos que verán en esa situación el momento para volver a sacar la cabeza, para resucitar. Sí, estoy pensando en Iglesias, Monedero y compañía.

9º El milagro.

Como aún los adornos navideños siguen en casas y calles y al fin y al cabo, los Reyes Magos aún están por llegar, me permito el lujo de soñar.

¿Cómo podríamos salir de ese círculo vicioso? ¿Cómo desactivar la bomba del sectarismo y del populismo?

Para que el milagro se cumpla, la condición sine qua non sería una derrota seria de Sánchez en las generales. De tal forma que su partido tuviera que cambiar de líder de forma inmediata. Un socialista que mirase hacia el centro y no hacia la extrema izquierda o al separatismo.

En esas circunstancias, Núñez Feijóo podría ofrecer a ese nuevo PSOE un pacto, no una coalición, sino un pacto de Estado para gobernar con suficiente estabilidad como para no depender de Vox.

Esa circunstancia daría al gobierno del PP una legitimidad amplia, apoyada en la gran mayoría de centro de este país.

No me digan que la idea no es sugestiva. A mí, es lo que me gustaría. Claro, que estamos hablando de… un milagro.