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"¿A ti quién te limpia los zapatos?": El "cuento" de cómo Rato terminó siendo un "juguete roto"

El periodista Paco Ochoa, que permaneció doce años junto al que llegó a ser todopoderoso vicepresidente, publica libro sobre sus vivencias del mundo político y económico en los años 90 y 2000

El periodista Paco Ochoa

En tercera persona y sin nombres propios. Para una obra que tiene mucho de memorias y de personajes de sobra conocidos, la fórmula escogida es bastante original. De hecho, el autor prefiere incluso calificar su libro de "cuento". Se trata de Paco Ochoa (Madrid, 1955) quien fuera, entre muchas otras cosas, director de comunicación de Rodrigo Rato, tanto en su etapa de portavoz del Grupo Popular como durante su paso por los gobiernos de José María Aznar, lo que abarca un periodo de 12 años, entre 1990 a 2002. En definitiva, testigo de excepción de una época marcada por el auge y la posterior caída en desgracia de quien lo fue casi todo, menos lo que más anhelaba, ser presidente del Gobierno.

Ochoa es consciente del interés y, porqué no decirlo, de la fascinación, que suscita aún la figura de Rato, aunque no fue el único hombre poderoso al que asesoró en temas de comunicación, ni tampoco el único que pasó de la gloria a la fatalidad. En conversación con El Independiente llega a bromear con el hecho de que estuvo junto a personas "a un paso de la cárcel o ya dentro de ella", asumiendo, con una naturalidad pasmosa, que aquello les convirtió a todos, incluido a él mismo, en "juguetes rotos", precisamente, el título de uno de los capítulos de su libro "¿A ti quién te limpia los zapatos? Recuerdos de un periodista" (Edit. Ópera Prima).

Estaba destinado a ser presidente del Gobierno. A partir de ahí, nada le sale bien"

No es un libro para ajustar cuentas con el pasado porque la realidad ya contenía demasiados elementos sorprendentes como para darle muchas vueltas de tuerca. De hecho, asegura que Rato y él "nos separamos con muy buena relación", aunque el tiempo transcurrido desde que se bifurcaron sus caminos les ha llevado a no tener "prácticamente" ningún contacto. A su juicio, y así lo cuenta, aunque, insistimos, sin ponerle nombres propios a nadie, a Rato comenzaron a irle las cosas mal en el momento en que Aznar no le designa sucesor. "Él estaba destinado a ser presidente del Gobierno y en el momento en que eso se rompe, afecta a su destino vital. A partir de ahí nada sale bien, no porque no valga o porque no esté preparado, sino porque lo que vino después no era su destino", narra.

El "choque de egos" entre Rato y José María Aznar le deja fuera de la sucesión. "Ni el supremo (Aznar) le iba a pedir que le sucediera ni el otro (Rato) pedir ser el sucesor". Tampoco parecían irle mal las cosas al ex vicepresidente cuando le mandan al Fondo Monetario Internacional, con rango, nada menos, que de jefe de Estado "pero se vuelve porque no se encuentra a gusto. No era para lo que estaba destinado. Quería regresar a la política, no perder el tren porque todavía tenía esperanza" y así se lo transmitía por aquel entonces mucha gente, explica el autor aunque ya no trabajaba con él.

Rato regresó del FMI porque todavía aspiraba a gobernar España

El siguiente destino fue Bankia y allí estalló todo. Vinieron las "tarjetas black", la salida a Bolsa, la investigación posterior de su patrimonio, sus problemas fiscales... pero "nada que estuviera relacionado con su gestión en el Ministerio ni con su actuación política", defiende Ochoa quien asegura que en los 12 años de convivencia profesional "nunca hubo nada que me hiciera sospechar, ni la más mínima irregularidad".

Aun así, Rato acaba convertido en un apestado "y yo caigo con él". Al principio "haber estado a su lado es un mérito, pero luego todo fue al revés. Cuando cae en desgracia se me cierran todas las puertas con 58 años", lamenta. Entremedias, no obstante, Ochoa pasa a asesorar a Gerardo Díaz Ferrand, que llega a ser presidente de la CEOE, y acaba siendo condenado a más de ocho años de prisión por varias causas judiciales, entre ellas el conocido "caso Marsans". Pero, vuelve a defender Ochoa, "nada que tuviera que ver con su gestión" en la Patronal.

Vinculado a la asesoría del mundo empresarial y político, importante en la vida de este periodista son sus pasos junto a José Antonio Segurado, ya fallecido, cuando apenas contaba la veintena. Y aunque no quiere confesar con quién vivió la anécdota que da título al libro, sin duda muy original, todo apunta al "presidente Segurado", quien también dirigió la CEOE y llegó a ser vicepresidente del PP desde las filas del Partido Liberal. A bordo de un coche de lujo y con unas alfombrillas de pelo largo más propias de un salón, a Ochoa le preguntó su jefe: "¿quién te limpia los zapatos?". "Mi madre" contestó desconcertado. "Pues dile que use crema incolora para no manchar las alfombrillas".

La boda de El Escorial, el proceso de sucesión y la 'insensata' Guerra de Irak terminaron con la 'era Aznar'"

Muy desencantado con la política actual -"no encuentro nicho", dice- no tiene dudas a la hora de apuntar cuáles fueron los tres males de la "era Aznar". El primero, la boda de su hija en El Escorial por marcar, dice, "una imagen muy prepotente de distancia entre los que mandan y los que obedecen"; segundo, el proceso de sucesión, "que la gente entendió mal", y, tercero, como la puntilla final, la "guerra insensata" de Irak en 2003.

De todas estas cosas habla, y mucho más, en 22 capítulos o "cuentos" que el día de los enamorados, 14 de febrero, le presenta el periodista especializado en información económica Mariano Guindal y el que fuera director de comunicación del Congreso de los Diputados Jesús Serrano, amigos de aquellos tiempos de auges, caídas y "juguetes rotos" que marcaron toda una época de la historia de este país.

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