Sí a todo aquello que sirva para "redinamizar" la izquierda, para repensar ese espacio, para abrir debates. Aunque quepan serias dudas de su viabilidad. El PSOE celebra el aldabonazo que ha supuesto el coloquio que mantuvieron el miércoles en Madrid el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y el diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado, siendo consciente de que es más que probable que su fórmula no llegue a "cuajar" por la dificultad de encajar marcas y almas, sensibilidades e identidades tan dispares.
La dirección de Pedro Sánchez siempre ha preferido andar con tiento cada vez que se le ha preguntado, en múltiples ruedas de prensa, tanto en Ferraz como en la Moncloa, qué mensaje mandaba a su izquierda. Sobre todo cuando se producía un revés electoral. Tras las elecciones gallegas y vascas de febrero y abril de 2024, tras las europeas de junio de ese año, tras las aragonesas del pasado 8 de febrero. Se limitaba a expresar su deseo que las fuerzas progresistas unan fuerzas para evitar que los votos de muchos ciudadanos se tiren a la papelera. Una necesidad más imperiosa si cabe de cara a las próximas generales, dado que el diseño del sistema electoral, en el que hasta 29 provincias reparten cinco escaños o menos y 40 distribuyen siete o por debajo de ese umbral, castiga enormemente la división en varias listas y premia al más votado. Los socialistas son plenamente conscientes de que si su izquierda concurre separada en varias candidaturas la reedición del Gobierno es, directamente, imposible.
"Todos los movimientos políticos a nuestra izquierda van a ser bienvenidos porque la ciudadanía lo necesita, no se puede permitir retroceder en sus derechos y libertades", arguyó la portavoz de la ejecutiva socialista, Montse Mínguez, tras la última reunión de la dirección, justo al día siguiente de las elecciones del 8-F, en las que el PSOE perdió cinco diputados, y en las que Chunta duplicó sus resultados (de tres a seis parlamentarios), IU-Movimiento Sumar mantuvo su única acta y Podemos, directamente, quedó fuera de las Cortes. A esa voz de alarma lanzada por las últimas urnas siguió la convocatoria de dos actos muy relevantes, el de Rufián y Delgado de este pasado miércoles en la sala Galileo Galilei de la capital y el de IU, Sumar, los comunes y Más Madrid de mañana sábado en el Círculo de Bellas Artes, rotulado con el lema Un paso al frente, y que debutará sin la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz.
El portavoz de ERC pide "método, ciencia, orden", "ganar provincia a provincia escaños a Vox", que el partido más competitivo se presente en cada distrito y el resto renuncien por generosidad
El portavoz de ERC pidió a la izquierda "método, ciencia, orden", escrutar cada circunscripción para explorar cómo ser más eficiente y vencer a la ultraderecha. Se trata, dijo, de "ganar provincia a provincia escaños a Vox", porque si la izquierda no se relanza "se vienen ilegalizaciones, encarcelamientos, un sufrimiento social terrible". El planteamiento de Rufián es que hay que acordar un programa de mínimos y que en cada circunscripción concurra la candidatura más potente y se agrupen todas las demás en torno a ella, para ser más eficientes. Pero hacerlo exige renuncias. Y generosidad, un "acto de generosidad inédito en democracia", reconoció. Justo lo más complicado. Delgado, por su parte, pidió pelear por las banderas que la derecha ha arrebatado a la izquierda, como la de la libertad y la de la seguridad.
En la Moncloa aseguraban este jueves que celebran la conversación pública de las izquierdas. En sus dos partes, la de Rufián-Delgado del miércoles y la de Sumar 2.0 del sábado. "Todo lo que sea pensar, redinamizar la izquierda es fantástico. Pero no queremos tener opinión sobre cómo deben hacerlo y cómo ellos han de organizarse. Nos limitamos a escuchar. No metemos mano ni vamos a enredar. Lo vemos con buenos ojos", indican en el círculo más próximo al presidente. "Generar debate a la izquierda para parar a la ultraderecha y a la derecha ultra siempre será bueno", completan en Ferraz.
Todo lo que sea pensar, redinamizar la izquierda es fantástico. Pero no queremos tener opinión sobre cómo deben hacerlo y cómo han de organizarse. Nos limitamos a escuchar. No metemos mano ni vamos a enredar", explican en la Moncloa
La máxima que sale de la boca de los colaboradores de Sánchez es la de la prudencia. Nada de dar lecciones ni de interferir en la vida orgánica de un enjambre de fuerzas a su izquierda. Saben que cualquier apuesta o paso en falso puede ser contraproducente. Pero al tiempo desean que la propuesta progresista que se plantee para las próximas generales —en julio de 2027, si no hay adelanto— sea "competitiva", fuerte, potente. Porque la dialéctica de esos comicios ya está muy clara: se enfrentarán dos bloques, el de la derecha y la ultraderecha, y el del PSOE y todos sus socios. Polarización máxima. Sin mucho espacio para los grises. Todo se jugará en el choque de "bloques".
Falta aterrizar
Casi desde el arranque de la legislatura, cuando Podemos decidió emprender su camino en solitario y segregarse de Sumar, la lista paraguas en la que se integró a última hora y con fórceps en las generales del 23 de julio de 2023, en la Moncloa habían asumido que la división de la izquierda hería de muerte al Gobierno. Y, en ese escenario, la única salida posible sería intentar que el PSOE sacara el mejor resultado. Atrapar voto útil. Pero en la cúpula del partido y del Ejecutivo también eran muy conscientes de que su capacidad de absorción era y es muy limitada, ya que siempre ha habido y habrá votantes progresistas que jamás apostarán por la papeleta del PSOE, por mucho que Sánchez sea el presidente socialista que, desde la Transición, ha basculado con más nitidez hacia la izquierda, armando un Gabinete que presume ser de los más "estables" de la Unión Europea y que en junio de 2026 cumplirá ocho años.
Para un veterano socialista, el plan de Rufián "contribuye a mover el avispero, y aunque su propuesta sea complicada de aceptar para los partidos también marca el debate: será difícil que se sustraigan a esa corriente a favor de la unidad"
Así que el electroshock protagonizado por Rufián "ayuda", como concluye un veterano dirigente socialista muy próximo al presidente. "No está mal... pero la concreción... —objeta—. Es difícil, pero no imposible. Contribuye a mover el avispero, y aunque la propuesta suya sea complicada de aceptar para los partidos también marca el debate, y va a ser difícil que se sustraigan a esa corriente a favor de la unidad". "Está bien cualquier iniciativa que pueda reagrupar cachitos de nuestra izquierda. ¿Que cómo puede cristalizar? Con mucha dificultad, porque ninguna fuerza quiere perder su identidad", valora una responsable de la dirección de Sánchez.
Un responsable acostumbrado a estudiar las tripas de las encuestas intenta arrojar algo más de luz: "El intento de Gabriel es bueno, dinamiza, mueve, pero la traducción es difícil, por no decir imposible. Sobre el papel, parece la única oportunidad de salvar al Gobierno, pero hay que tener en cuenta que en política 2 +2 no siempre son cuatro, porque siempre hay rechazos cruzados. Además, los incentivos para la izquierda soberanista son bajísimos, ya que ERC, BNG y Bildu son muy fuertes en sus territorios y obtienen una representación ajustada a sus votos. Y por otro lado IU, Sumar, comunes y Más Madrid ya se van a sumar, reeditando lo que fue Sumar en 2023, aunque sin Podemos, y lo previsible es que se acaben uniendo Compromís y Chunta, que son muy fuertes en Comunidad Valenciana y Aragón".
Un dirigente acostumbrado a analizar encuestas avisa de que en política 2+2 no siempre son cuatro, y que con un Vox en el 20% es muy difícil que la izquierda atrape escaño en provincias pequeñas
Para este mando, el problema es que con un Vox que ronde el 20% es "prácticamente imposible" que la izquierda, aunque concurra unida en bloque, obtenga escaño en las provincias que reparten cinco escaños o menos, porque "en cuanto un tercer partido pasa del 15%, el cuarto no entra". "En las provincias más rurales", prosigue, "Vox no está nunca por debajo del 17-18%. Por mucho que la izquierda concurra junta, en aquellos distritos que no tengan componente urbano no tendrán peso".
La experiencia de la Entesa en el Senado
En Ferraz recuerdan, por ejemplo, que sí funcionaron las sucesivas coaliciones que, para el Senado, hicieron PSC, ICV-EUiA y ERC (desde 2000 hasta 2011) y los dos primeros, ya sin los republicanos, en 2011 (y hasta 2015). Pero también está la experiencia negativa de la alianza preelectoral de PSOE e IU para la Cámara alta en las generales de 2000. La entente de Joaquín Almunia y Paco Frutos fracasó estrepitosamente y facilitó la mayoría absoluta de José María Aznar.
"Si aspiramos a gobernar, la única posibilidad que tenemos es que las izquierdas concurran juntas, aun a riesgo de que nos quiten votos. Si a lo que aspiramos es a sobrevivir y a intentar resistir fuertes en la oposición, entonces sería mejor que fuesen divididas", analiza un responsable que conoce bien la maquinaria del partido, que también cree que el viento a favor de la unidad hará su trabajo: "En teoría, hay un incentivo al acuerdo y se penaliza a quien se quede fuera", caso de Podemos, "si no se enreda como en otras ocasiones, que pasará, por la composición de las listas, las enemistades personales a muerte... o los liderazgos".
En Ferraz se remiten a Rufián cuando dijo que esto no va de "personalismo ni de partido", sino de "proyecto para ganar a los ultras". "Veremos en qué acaba, pero todo debate nos parece muy bien"
Esta es, precisamente, una incógnita más que relevante. Rufián ya ha advertido de que no quiere capitanear ningún movimiento unitario, solo agitar el debate, y por otro lado Sumar 2.0 —aún no hay un nombre para la alianza heredera de aquella de 2023, sin los morados— tardará en elegir a su nuevo referente. Ni siquiera la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, a quien muchos en su espacio ven achicharrada, ha anticipado si quiere continuar o no, si da un paso atrás o prefiere empujar en 2027. Para algunos socialistas, es difícil imaginar que el portavoz de ERC pueda acabar haciéndose con la capitanía de un frente amplio, por mucho que sea "muy buen parlamentario, tenga un discurso muy pragmático, con lenguaje de esta época, con desparpajo". "Ya dijo Rufián este miércoles —indica una integrante de la dirección— que esto no va de personalismo ni de partidos. Esto va de proyecto para ganar a los ultras. Veremos en qué acaba, pero en todo caso, todo debate en ese espacio nos parecerá muy bien".
Algunos miembros de la ejecutiva se muestran más optimistas: "Creo que al final lo de Rufián va a valer y va a cuajar. Yo veo bien que se produzca esa conversación que hace reflexionar en la izquierda sobre la importancia de lo que tenemos enfrente. Es normal que en sus primeros movimientos los partidos sean egoístas para elevar su cotización, su precio. Las derechas no tienen garantizada la victoria en las próximas generales. No tienen nada que ver unas autonómicas con unas legislativas. En estas sí hay partido", manifiesta un alto mando de la cúpula de Sánchez.
Precisamente el presidente reconoció el miércoles desde Nueva Delhi, a preguntas de los periodistas que le acompañaron a su viaje a India, que el gran obstáculo que afrontan en el PSOE es el de la abstención de su electorado, pero incidía en que haría todo lo posible para movilizarlo... "cuando lleguen las generales", dando por descontado que será imposible activarlo en las convocatorias previas, las autonómicas de este rally diseñado por el PP —quedan los comicios de Castilla y León del 15 de marzo y los de Andalucía de primavera— y en las regionales y municipales de mayo de 2027. El líder socialista busca, en definitiva, repetir la gesta del 23-J de 2023.
Sánchez ha diferenciado las generales del resto de convocatorias, porque en las primeras buscará la máxima movilización. Reconoce que su electorado ahora mismo en gran medida en la abstención
Queda mucho camino por hacer y el final es, ahora mismo, impredecible. La fórmula Rufián encuentra el rechazo de Bildu, BNG y de su propio partido, ERC: Oriol Junqueras fue cristalino en Hora 25 el miércoles, donde confirmó que su formación se presentará en las cuatro provincias catalanas, aunque, según la tesis de su portavoz en Madrid, en Barcelona tendría que ceder la lista a Sumar, que fue la fuerza que ganó en 2023. Ada Colau, líder de los comunes, sin embargo, ya ha avanzado que no pedirá a ERC que renuncie a presentarse. En general, el plan de Rufián suena bien en el espacio de Sumar, aunque genera división en los partidos que lo conforman. Podemos se descarta de toda lista unitaria y piensa continuar andando en solitario y los socialistas prevén que eso no cambie, que los morados mantendrán su apuesta de ir separados. Pensar en un frente único a la izquierda del PSOE parece, hoy por hoy, una entelequia, pero el debate, indudablemente, está abierto. Para todos.
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