Por la tarde de este viernes, Génova y Bambú comunicaron que tras una nueva reunión en Extremadura ambas formaciones se acercaban a lo que podrá ser un acuerdo programático y de gobierno. Los de Alberto Núñez Feijóo se congratulaban por que [Santiago] Abascal, después de dejar caer la posibilidad de "repetir elecciones", parecía alejarla tras el encuentro. "Estamos muy satisfechos de ayudar a que las negociaciones, difíciles al principio, se estén reconduciendo y caminemos hacia un acuerdo. Seguimos", trasladaban.
Al momento, los de Abascal hacían lo propio. "Las conversaciones se encuentran en una fase avanzada", indicaban apelando a la "colaboración y responsabilidad" de ambos. Comunicando que se sigue en la fase de estructuración de plazos para el cumplimiento y de las partidas presupuestarias, "ambas formaciones quieren manifestar su satisfacción" con los avances de las conversaciones con el objetivo de dar "estabilidad". Las palabras de Vox coincidían con las transmitidas 24 horas antes en Aragón, donde hubo un primer encuentro publicitado con el mismo fin. Pero también, en vista de las cifras electorales, por la voluntad de Vox para que se les vea con interés de negociar. Tanto ellos como los populares insistieron en la sintonía.
Entre ambas escenas, se produjo un mitin prelectoral en Málaga, el jueves por la tarde, donde Vox presentaba a sus candidatos a las próximas elecciones andaluzas del 17 mayo. Allí, Abascal volvió a cargar una vez más contra Génova como Alejandro Nolasco y parte del equipo negociador había hecho. Se la acusa de torpedear el acuerdo a la vez que está representada dentro de las partes dialogantes, con las que se reafirma esa cordialidad. Se repitió la estrategia previa de estos meses, desde Extremadura a Castilla y León, de movilizar al voto in situ retratando a un rival poco contundente en los temas más espinosos con el que, al final y pese a todo, hay que entenderse.
Con distancia aún para las generales, Vox ha armado un relato que le permite confrontar con el PP y a la vez aproximarse sin que ello, después de la salida de gobiernos en julio de 2024, y un trayecto revitalizante en los sondeos hasta hoy, le impida salir afectado. Se distingue a "varios PP", pero se hace una distinción más simple: pese a que el marco y los valores son similares, se habla de una línea dura de los barones regionales mientras que a Feijóo y a Génova se les acusa de seguir objetivos socialdemócratas, paralelos al PSOE.
En Málaga, Abascal lo dijo. "El PP ya no es un partido nacional, es la suma de partidos regionales que dicen una cosa distinta en cada territorio. Lo hemos visto recientemente en la Comunidad Valenciana, donde pactan con nosotros, y en Aragón y Extremadura se niegan, convocan elecciones y luego los ciudadanos les dan más Vox". "Ahora tendrán que entenderse con nosotros, y será posible un acuerdo razonable si la dirección nacional del PP deja de poner zancadillas y de entorpecer". "Esa falta de coherencia impide acuerdos", definió Abascal pese a la implicación del secretario general Miguel Tellado o de la jefa de Gabinete de Feijóo, Marta Varela, en esas negociaciones satisfactorias.
Guardiola y Azcón, de frenos de Vox a dialogantes
Esa distinción de dos PP, entre Génova y lo local -sí entre haber aceptado el pacto valenciano- no la hizo Abascal en Extremadura durante la campaña electoral. Ahí se cargó contra el perfil moderado y progresista de María Guardiola en materia de feminismo, respecto a la inmigración o la violencia de género. Incluso Abascal planteó la posibilidad de que si no se aceptaban sus condiciones Feijóo tendría que sustituirla y repetir elecciones, por lo que sí se daba esa autoridad que ahora se quita a Génova. De una presunta toma de decisiones limitada no al aparato sino a la cúpula nacional. "No hay nada de malo en admitir que hay un mando nacional, ambos somos partidos nacionales", dicen fuentes de Vox. Se afianza esa idea de un único PP que impone.
Después del cálido enfrentamiento en el contexto electoral, la tensión se mantuvo, hasta que Guardiola giró y aceptó los principales postulados de Vox, centrando la atención de los de Abascal en Génova. En la primera investidura fallida, hizo guiños, sin soltar el programa del PP, a los ejes exigidos por sus interlocutores: en rebaja fiscal, en inmigración regular, en energía nuclear. Incluso previamente afirmó que su feminismo es el mismo que el de Vox.

La campaña en Aragón no fue tan personal, pero sí se retrató a un PP regional que bloqueaba el entendimiento con Vox y que buscaba aumentar su distancia en unas elecciones forzadas. Se retrató a los de Azcón como próximos a las políticas del PSOE. Se equiparó la actuación regional con la del PP nacional y europeo. Después de esos dos procesos, Vox ha tenido que mantener la dureza pero a la vez dando coherencia a la demanda de las urnas, más Vox, sí, pero con un PP manteniéndose primero y con mayoría suficiente para dar estabilidad a los gobiernos. De ahí que el tono adquirido por Bambú en el último mes es que es Feijóo quien no permite desbloquear. Todo pese a que hay un documento marco al que se tienen que suscribir sus barones y a que en esos diálogos que avanzan están las dos figuras de confianza del gallego.
Dar viabilidad al objetivo del sorpasso
Uno de los principales objetivos a largo plazo de Vox es dar el sorpasso al PP. No se esconde dentro de la organización. Pero se apunta a un proceso largo que llevará al menos dos lustros, calculan. La situación no es sencilla, porque para lograrlo deben mostrarse más duros que Génova, evidenciando al electorado la distinción entre propuestas, pero sin que eso de pie en un bloqueo sistemático que permita a la izquierda y a Pedro Sánchez coger oxígeno.
La distinción de un 'PP bueno' y 'malo' permite a Vox darle coherencia al mensaje, no perder apoyos y quedar como muleta como le ha ocurrido a Sumar
Esa distinción entre un 'PP bueno' y un 'PP malo' permite a Vox darle coherencia al mensaje entre sus electores y no acabar en una situación similar a la de Sumar, reducido a muleta del PSOE y sin distinción ideológica, lo que ha revitalizado a Sánchez. Eso se remata con dos salidas. Si se llega a un acuerdo, se relata que se han conseguido cesiones por parte de los barones y pese al impedimento de Feijóo. De lo contrario, se justificaría acudir a las urnas por el inmovilismo de los conservadores.

En un periodo de "ralentización" de la tendencia de crecimiento en Castilla y León y reflejada ya en las encuestas nacionales y algunas sobre Andalucía, Vox ha azuzado esa dicotomía. En la última semana parlamentaria antes de Semana Santa, reanudó los contactos con los populares.
Desde Mérida, el 25 de marzo figuras nacionales de Vox, como el diputado y portavoz de Economía, José María Figaredo, adularon el buen rumbo del diálogo, habiendo coincidido con Tellado en él. Al día siguiente, el propio Figaredo ante los medios cargaba contra Génova por incentivar, dijo, los ataques hacia Vox. Incluso se señala que los críticos, como Iván Espinosa de los Monteros, están alentados por los populares. Todo bajo la sorpresa de Tellado, en esos pasillos del Congreso, o de la portavoz Ester Muñoz.
La misma estrategia de confrontación se está haciendo ahora con Juanma Moreno sin distinciones en Andalucía a la espera del reparto definitivo de 'cartas' y si éste vuelve a tener o no absoluta. Con su reproche, Abascal situó al PP andaluz en el mismo rango que Génova, algo que puede cambiar en unos meses. "Han aplicado las mismas políticas" que el PSOE, de "subida de impuestos (...) de financiación de sindicatos politizados y han tenido las mismas políticas en inmigración, en sanidad y hasta en terreno simbólico".
Vox quiere resaltar como disonancia ideológica en cada territorio lo que corresponde más a necesidad de llegar a acuerdos y capacidad de cesión o no en materias dependiendo de lo apretado en lo que se esté en el momento. Se utiliza Valencia para afirmar distintos principios cuando allí ha habido un trágala a cambio de sostener el Govern y no dar oportunidad a la reedición del pacto del Botánico.
El PP denuncia la "incoherencia"
Consultadas por este asunto, fuentes populares remarcan el "electoralismo" y el "control de tiempos" que vienen marcando los pasos de Vox desde noviembre, pisando y levantando el freno a conveniencia. Creen que esta dicotomía es el resultado de intentar sostener su relato contra el PP sin que eso les pase factura. Si se niegan o aceptan pactos sin matices, sin conflicto, se desinflarían, estiman.
"Es raro que se refieran a nosotros como contrabandistas o estafadores pero sigan dispuestos a entrar en nuestros gobiernos", recuerdan desde el PP las acusaciones recientes por carta del secretario general, Ignacio Garriga, abonando el clima de tensión con Génova mientras fluyen las conversaciones en privado. Desde el PP consideran que una cerrazón sin miramientos a negociar con ellos supondría a Vox una desbandada de electores, porque "sus votantes quieren ir contra Sánchez". Reprochan que Vox acaba actuando como él con cartas en las que acusan al PP de utilizar "prácticas de contrabandistas de ría" y situar un enemigo constantemente.
Internamente se afronta ese momento con serenidad. Feijóo ha ordenado eludir el enfrentamiento público para que solo se oiga a Vox y el electorado saque sus propias conclusiones. Que quede en evidencia o no si hay un bloqueo interesado y cómo se justifican los acuerdos o los parones. "Somos el hermano mayor. No vamos a comprometer la gobernabilidad en las autonomías por los ataques de nadie", matizan. Pese a este ruido mediático, todo avanza en segundo plano.
Es raro que se refieran a nosotros como contrabandistas o estafadores pero sigan dispuestos a entrar en nuestros gobiernos
Por ir al choque, incluso desde Vox acusan a Feijóo de tergiversar el contenido de la conversación telefónica con Abascal mantenida la noche de las elecciones de Castilla y León. En una entrevista para Servimedia el popular aseguró que insistió a Abascal en la necesidad de verse "inmediatamente" en Extremadura y que de no desbloquearse la situación los votantes de ninguna formación lo perdonarían.
Un relato limitado
Esa distinción tiene fecha de caducidad. La intención de Vox es la de gestionar, dicen, "pese a que el PP quiere extender la idea contraria, de que no queremos desgastarnos". Una vez se supere Andalucía, los puntos comunes de los acuerdos tejidos allá donde toque servirán para sentar la base de un futuro gobierno nacional con el PP. Si Feijóo avala esa formación de Gobiernos, rebajará ese enfoque de confrontación.
Si hay un escenario de pacto nacional en 2027, Vox agotará esa distinción de varios PP al haberse entendido con 'todos' en cada territorio bajo sus mismas banderas ideológicas. Ahí asumirá el respectivo desgaste que acarrea la gestión. Voces próximas a Vox, aunque ya fuera de la entidad, coinciden en que la concepción antagonista que estructura Vox impedirá pactos estables, porque está creciendo con el voto protesta y si entra a los ejecutivos será parte del sistema. Cualquier colaboración a largo plazo, salvo que el PP se desvíe de sus principios clave -como ha pasado en el resto de Europa-, tendrá riesgo de afección electoral. Dependerá del relato que se argumente el sostenimiento electoral o no. Lo que no hay duda es que a partir de los próximos meses y hasta finales de 2027, Vox entra en una fase.
Hay temor dentro del PP a que los futuros gobiernos no confluyan, que no haya posiciones similares en lo que tiene que ver, por ejemplo, la monarquía. Más si se dan actos institucionales en puntos como Extremadura. En paralelo a las críticas de Vox, Feijóo, en todo caso, ha ido acotando desde 2022 la "manga ancha" a los barones y la diferenciación de los ideológicos.
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