En la Andalucía de diciembre de 2018, Vox dio un golpe sobre la mesa: presentó una propuesta política sólida que llevó a la derecha nacional-populista por primera vez en la historia de la región al Parlamento. Se replicó pocos meses después, en el Congreso, en el Senado y en diversos parlamentos autonómicos. Todo, después de la marginación a la que se vio sometida la extrema derecha posfranquista al consolidarse la democracia. Pero lo que volvía a ser un bloque ideológico compacto, empezó a deshilacharse desde 2022, cuando se inicia el viraje del partido desde posiciones neoliberales a proteccionistas, y, especialmente, a raíz de diversos enfrentamientos políticos pero también personales. Hasta nuestros días, con un abanico amplio.
A Vox se le suman competidores electorales como Se Acabó la Fiesta y Luis Alvise Pérez, quienes llevan al extremo la estrategia personalista y el uso de las nuevas tecnologías para influir electoralmente. También la desinformación. Igualmente, Santiago Abascal y los suyos se ven frente a los críticos que han ido saliendo durante estos años, con mayor o menor enfrentamiento, y que lanzan propuestas políticas y socioculturales que buscan ponerles en un brete. Desde la fundación que barajó Macarena Olona y acabó consolidando con la breve marca electoral 'Caminando Juntos', a Iván Espinosa de los Monteros y su think tank Atenea, y otra masa de críticos, plural, con objetivos dispares que amagan con dar ese salto electoral en junio.
En los últimos meses esa ruptura del espacio se ha azuzado. Después de la presentación de Atenea, Espinosa entró de lleno a una competencia constante con Vox coincidiendo con el ciclo electoral de Extremadura a Castilla y León. Pidió un congreso extraordinario para volver a replantear Vox bajo los principios fundacionales. Todo, al calor de las purgas internas, más con la de fundadores como Javier Ortega Smith o dirigentes como el murciano José Ángel Antelo. Otros críticos, tanto de corte ultraliberal como Espinosa, o más estatalistas y reaccionarios, como Ortega, ya habían pedido volver a los planteamientos iniciales con la Declaración de Barajas de febrero de 2025.
Abierta esa veda multipolar contra Vox, se apuesta por incluso por creación de un nuevo partido, asegurando que la división puede favorecer la unidad como en la izquierda, muy atomizada. En el caso de Atenea, esta semana ha trascendido la salida de algunos nombres como Fran Hervías o Pablo Cambronero, ex de Ciudadanos que se integraron en el proyecto de Espinosa y ahora recelan por verlo convertido en una plataforma anti Vox y de competencia contra él en lugar de aglutinar a la derecha frente a Pedro Sánchez. En Vox hacen sangre con ello, magnificando al igual que esos críticos cada salida que se ha ido produciendo en el partido de Abascal.
Paralelismos con la división en Francia
Si bien la fragmentación de la ultraderecha no es una novedad en los países europeos que la tienen institucionalizada desde hace décadas, la nueva ruptura social -aún sin repercusión en las urnas para Vox- de la derecha radical en España, evoca al mosaico establecido en Francia. En el caso francés, el proceso de 'desmonización' del Frente Nacional de Marine Le Pen, ahora Reagrupación Nacional (RN), llevó al abandono de principios históricos y a la apertura hacia el nacional-populismo para atraer a nuevos públicos como el obrerista, con un discurso más social y menos conservador en cuestiones morales o religiosas.
Vox ha atravesado en los últimos años, y en especial desde principios de 2024 tras caer ligeramente en las generales, un replanteamiento que salvo en algunas cuestiones morales como el aborto o el feminismo le sitúa en una lógica similar al RN: situar a el combate de la inmigración como eje de construcción del relato, calar entre el votante obrero y en los barrios populares, alertar del deterioro del Estado de bienestar, y abrirse a nuevos públicos escondiendo el tradicionalismo y la defensa moral.
Con las diferencias políticas, electorales o del propio sistema francés por delante, además de las similitudes de Vox y la RN, hay paralelismos entre las corrientes centrifugadas del lepenismo y recientemente de Vox. De momento, ni Abascal ni Le Pen -inhabilitada cinco años por la justicia- ha sufrido un gran trasvase de votos a otras fuerzas pese a la fragmentación del espacio de la derecha en cuanto a oferta. A grandes rasgos, hay otras dos corrientes claras más allá de RN y Vox:
La corriente antipolítica y contra los partidos
La primera es una basada en un personalismo, antiestablisment, de denuncia de la 'partitocracia' y centrado en la promoción en redes sociales, sin un partido sólido de fondo. Que emerge sin estar directamente vinculado a la política previamente. Es la que representa Enric Zemmour en Francia o Alvise en España. Ambos se hacen conocidos por sus intervenciones polémicas. El primero en tertulias, el segundo en X o Telegram, donde concentró a sus seguidores. Se consideran escisiones de RN y de Vox por el hecho de incorporar a cuadros relevantes y una parte del electorado de Le Pen, en el caso de Zemmour, y por haber estado previamente Alvise vinculado con el partido de Abascal. Trabajó en la consultora del ahora gurú de Abascal, Kiko Méndez-Monasterio.
En su primeras apariciones electorales, tanto Zemmour con Reconquista como Alvise con SALF consiguieron un gran resultado para un partido emergente, quitando votos a sus principales competidores. En las presidenciales de 2022, el francés se hizo con un 7% de los votos. Alvise en las europeas de 2024, irrumpió con un 4,5% y casi un millón de votos. Pero en las sucesivas convocatorias el tirón de ambas fuerzas se ha desplomado, especialmente por la priorización del voto útil y por entender que los partidos más consolidados tienen más opciones reales.
Ambos apuntan a la marginalidad a la espera de nuevos comicios nacionales. En las municipales de este 2026 Reconquista apenas logró el 0,11% de los votos en todo el país. Alvise, en Aragón y Castilla y León este año rascó el 2,7% y el 1,4% respectivamente. A Alvise algunas encuestas nacionales le dejan a las puertas de entrar al Congreso.
Al mismo tiempo, Reconquista y SALF han sufrido polémicas que han dinamitado los proyectos. El primero, por una división interna entre los que como la sobrina de Le Pen, Marion Maréchal, querían colaborar con el RN tras abandonarlo, al contrario que Zemmour. El segundo, por las presuntas ilegalidades y la financiación irregular de la campaña europea. Hasta el punto de la reciente retirada de la inmunidad como eurodiputado. Ello ha hecho que cancele la campaña en Andalucía "hasta nuevo aviso".
La corriente 'empresarial' y colaboracionista con la derecha clásica
Hay buenas relaciones entre Vox, a través de Disenso o ISSEP, con la sobrina de Le Pen, a diferencia de con Espinosa. Pero hay planteamientos que aproximan en parte a ambos. Los dos políticos y sus entornos se mueven en ambientes más moderados dentro de esa derecha radical, más próximos al conservadurismo-liberal, al mundo empresarial, a la rebaja de impuestos y al debate de ideas, con un discurso más refinado y elaborado, que se aleja del nacional-populismo de Le Pen y ahora Abascal. Se critica, de hecho. Eso les lleva a reclamar, dentro de sus diferencias, la colaboración con la derecha clásica, bien LR o el PP, sin necesidad de unificar espacios, pero sí para la gestión. Eso con Reconquista o con el actual Vox -al menos con Génova, tras los pactos en Extremadura y Aragón- parece distante.
De hecho, mientras eso llevó a Maréchal a la ruptura de Zemmour y al desplazamiento a un nuevo partido Identidad-Libertades (IDL) junto a otros compañeros y ex del RN como Michael Bay, en torno a Espinosa convergen perfiles que le incitan a hacer lo mismo. Éste acredita que cuentan con encuestas favorables. En añadido, Espinosa es próximo a figuras del Ibex 35 y Maréchal ha cultivado relaciones con medianos y grandes empresarios franceses, incluso con círculos de influencia empresarial de índole católico. Hay predilección por la formación de cuadros.
Aunque Vox tiene Disenso o la sucursal de ISSEP, hay un especial gusto por los laboratorios de pensamiento por parte de la sobrina de Le Pen -Fondation du Pont-Neuf o Institut Illiade- y el ex portavoz parlamentario de Vox o el cómputo de críticos que le rodean, que mayoritariamente comparten esa línea económica y de apego a la sociedad civil. Otros, hay que destacar, han apostado por las siglas Avanza en Libertad o colaboran con algunas entidades de Sociedad Civil Española, como la de Alejo Vidal-Quadras, Foro Libertad y Alternativa.
Marechál puede tener un perfil más duro que Espinosa, más ideológico. En parte los cambios del RN así como los conflictos familiares, la llevaron fuera del partido familiar. Ella es más identitaria y más conservadora en los social. Pero de fondo hay una coincidencia con Espinosa y los suyos en los aspectos tradicionales y morales del conservadurismo clásico, del primer Vox. El español critica el acercamiento al discurso obrerista, por ejemplo, o al sindicalismo con Solidaridad, para arremeter contra el Ibex. También ha estado muy vinculado a plataformas como Hazte Oír, de las que Vox ahora está lejos.
La defensa de la identidad de Marechal, más cerca de Gallardo
Ambas corrientes coinciden con liderazgos como el de Giorgia Meloni frente a otras fuerzas europeas. De hecho, los representantes electos con Reconquista y ahora en IDL están dentro de ECR en Bruselas. IDL es conservadora en los valores, liberal en lo económico, con vínculos con el catolicismo y sus entornos, y está muy centrado con la identidad cultural y civilizadora. En numerosas ocasiones ha apoyado el concepto de remigración, que radica en deportaciones masivas de todo lo no nacional o lo que no encaje con ese canon, incluso gente con residencial legal.
Esa línea converge más con figuras que apoyan a Espinosa como Ortega y Antelo, pero no con él, defensor de la inmigración regular ligada al mercado de trabajo y del sostenimiento del sistema. Puede mencionarse que bajo esa característica hay una tercera fractura política en la ultraderecha española que es la vía que representa Juan García-Gallardo, que exige un nuevo partido centrado en la remigración, en los jóvenes, en el sostenimiento del sistema de bienestar del Estado, muy proteccionista, y que cuestiona a Vox por no ir a máximos en estos aspectos bajo su criterio. Se ubica entre Vox y SALF, y coquetea con conceptos de la extrema derecha tradicional.
A la espera de lo que ocurra con esos críticos que llaman a dar un paso electoral, Vox por el momento tiene una prueba electoral crucial en Andalucía. El resultado será un termómetro sobre su situación electoral tras Castilla y León, y todo lo que no sea crecer, será utilizado por esos purgados.
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