Vox acude a las próximas elecciones de Andalucía sin mayor expectativa que crecer. Las estimaciones electorales de que la marca podría superar la barrera del 20% en Castilla y León después de una tendencia alcista en Extremadura y Aragón, llevaron al partido a contar con una sensación agridulce tras esos terceros comicios. Por ello, todo lo que sea ganar votos en Andalucía y condicionar al PP, será bien recibido. Andalucía consolidó la marca y su irrupción nacional a finales de 2018. Esta nueva edición, ocho años después, puede definir cómo llegará Vox al próximo ciclo de elecciones, con las generales como plato principal. De momento, los de Santiago Abascal parecen haber alcanzado máximos,
La región fue en 2018 la puerta de entrada para los de Abascal al panorama político nacional, y ahora puede consolidar la idea de que el partido ha llegado a su techo, a contar con no más de un 18% electoral de media en las encuestas nacionales y un suelo del 15-16% al que en estas semanas señalan los sondeos para el caso andaluz. ¿Por qué Andalucía puede ser un buen termómetro para comprobar la situación de Vox, pero también del resto de formaciones? Porque es la comunidad más poblada de España con casi 9 millones, y su muestra demográfica, social y cultural amplia y diversa, es muy parecida al conjunto nacional. Y eso puede permitir comprobar hacia dónde se orientan las tendencias de voto.
En Andalucía, una parte importante del electorado trabaja en el sector primario, está descontento con el bipartidismo y preocupado por la inmigración y los servicios. O es taurino o cazador, en una comunidad donde a ambas actividades se le da importante peso. Hay una base sólida de electores potenciales para fortalecer la base de 2022 que está en juego y que Vox busca movilizar.
Por otro lado, las propuestas políticas son lo más parecidas en este instante a la oferta política nacional o a cómo se quiere llegar a la convocatoria de generales, lo que da más fortaleza a esa comparativa. Tenemos a un PP de Alberto Núñez Feijóo que aunque carece fuera de Galicia de este personalismo que agita Juanma Moreno en la comunidad, tiene como finalidad cimentar una propuesta moderada y centrada que amplíe espacios y atraiga a votantes socialistas descontentos. Además, aunque se ha tenido que someter a pactos regionales con Vox, su máxima es la de un gobierno en solitario, con mayoría, y en última instancia con acuerdos puntuales o externos con las fuerzas necesarias.
La competencia con Vox es total, más cuando Abascal y los suyos distinguen varios PP y asemejan al andaluz y a Génova con el PSOE. Al depender de Bambú, toda la oferta electoral de Vox pasa por Abascal, lo que no aporta distinciones. Él mismo vuelve a hacer presencia constante en la región desde el inicio de la precampaña hasta ahora.
En lo que respecta a los socialistas, la candidatura de María Jesús Montero, independientemente de su vinculación al territorio, supone una especie de referéndum por parte del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Al situar a su mano derecha estas tres legislaturas, somete su gestión a examen en su principal feudo electoral histórico. Con Por Andalucía, los socios de Sumar ponen a prueba la apuesta por la refundación en torno a la unidad y si merece la pena coaligarse con Podemos. Y Adelante Andalucía dejará constancia de si los partidos nacionalistas, soberanistas o regionalistas atraviesan su mejor periodo a costa y en contraste de la izquierda estatal.
Es una ventana de oportunidad para que el electorado muestre su criterio también sobre lo que piensan de la política nacional. Mientras que para la izquierda una derrota bajando votos y escaños, más en el caso del PSOE, puede ser desastroso y condicionar el estado de ánimo, para Vox el caer, sostenerse o subir incluso mínimamente puede cambiarlo todo. La consolidación en el territorio e incluso la ampliación de su representación, puede ayudar a Abascal a reafirmarse ante las distintas corrientes críticas que cuestionan el cambio de rumbo del partido y su alejamiento de los principios fundacionales pese a haber alcanzado sus mejores resultados. Sobre todo, a menos de un mes de que esa masa disidente se una en Madrid con la posibilidad de plantear una alternativa electoral. Asentaría el relato de que el partido vive su mejor momento, de crecimiento e influencia. Fuentes de la dirección nacional del partido aseguran que no tienen miedo de lo que salga de allí, se sienten fuertes.
Andalucía, por otro lado, es una gran consulta de Vox a la ciudadanía para comprobar el respaldo que tienen dos de sus grandes posiciones: el rechazo de la inmigración, con el mantra de la 'prioridad nacional' más en el centro del debate que nunca, con un proceso de regulación de unos 500.000 inmigrantes de fondo; y con la negación de las políticas verdes y agrarias, o del pacto con Mercosur por el que aboga la Unión Europea. Se comprobará si el respaldo electoral se mantiene exclusivamente en las zonas más agrarias, centradas principalmente en la recolección y la huerta, donde más incremento de inmigración para ese sector se ha producido, como Almería o Huelva. O si, por el contrario, los de Abascal se abren paso en zonas más hostiles hasta el momento, como las urbanas, las grandes provincias como Málaga y Sevilla. Incluso Cádiz.
Es más, las urnas serán un termómetro para comprobar si la estrategia obrerista, de intento de calar en esos barrios donde siempre ha ganado la izquierda, prospera. Para ello, el partido está insistiendo en la defensa de los servicios públicos, la sanidad, la educación, la dependencia y en plantear que el sistema del bienestar está en riesgo por la creciente inmigración. Se añade la derivada de la inseguridad, vinculándolo todo. En un periodo en el que la sociedad andaluza asegura respaldar en más de un 90% el sentimiento andalucista, Vox plantea un debate sobre un presunto cambio de identidad cultural a consecuencia de la inmigración árabe, presente en la comunidad históricamente.
Vox se juega en Andalucía romper el esquema y condicionar el rumbo tocando poder, o dejar constancia de que más allá de feudos de interior, Madrid, Andalucía, Euskadi, Galicia y Cataluña la capacidad de influir pese a tener en algunas bastante representación, es muy lejana. De que sus focos de movilización de cara a las generales serán principalmente en las Castillas, Valencia, Madrid y Barcelona pero sin previsión de una adhesión amplia de nuevos electores. Pero, sobre todo, un buen resultado en Andalucía y poder condicionar el gobierno de la Junta, abriría la pantalla de oportunidad para 'normalizar' las relaciones definitivamente con el PP.
Condicionar uno de los enclaves esenciales del PP por su mayoría dejaría sentenciado que ambos partidos están condenados al entendimiento de cara al ciclo electoral de municipales y autonómicas de mayo y las posteriores generales que de llevarse al límite, no podrían darse más allá del 21 de agosto. El PP tendría muy difícil defender que puede alcanzar la hazaña de los 10 millones de votos para gobernar en solitario.
Eso, añadido a su presencia en los gobiernos de Extremadura, Aragón y bajo los supuestos de Castilla y León y Andalucía, evidenciaría la capacidad de marcar la agenda con sus principales banderas ideológicas y llegar reforzado a otros territorios. Afectaría ello, indirectamente al planteamiento del PP de buscar el voto moderado y abrir espacios, dado que la dependencia de Vox, como ha pasado con conceptos como el de 'prioridad nacional', tensionaría al PP a la vez que se intenta competir con Vox. Abascal tiene entre ceja y ceja buscar el sorpasso para el siguiente ciclo de 2031. En la convocatoria del 17 de mayo, Andalucía pasa a ubicarse como un importante laboratorio político de lo que puede venir en el resto de España, como ocurrió en 2018.
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