El incendio que ha tenido lugar este martes en la sala técnica cercana a la planta 23 de la Torre Moeve de Madrid ha puesto el foco sobre uno de los rascacielos más singulares del panorama urbanístico de la capital. Situado en el complejo de las Cuatro Torres Business Area, sobre los antiguos terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, esta mole de acero y hormigón no solo representa un hito de la ingeniería contemporánea, sino también un reflejo de las constantes transformaciones corporativas de la España del siglo XXI.

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El proyecto original arrancó en octubre de 2004 bajo el impulso de la petrolera Repsol YPF, que concibió el inmueble como su gran sede corporativa. Diseñado por el prestigioso estudio británico Foster + Partners, liderado por el arquitecto Norman Foster, el rascacielos de 250 metros de altura y se inauguró oficialmente en mayo de 2009. En pleno proceso de construcción, la compañía vendió el edificio a Caja Madrid, entidad que posteriormente se integraría en Bankia. Tras la crisis de la entidad y la reconfiguración de sus activos en el año 2013, se acordó que Cepsa utilizaría el rascacielos como su sede social, una denominación que ha acompañado al complejo hasta su reciente transición a la marca Moeve. En 2016 fue adquirido por 490 millones por Pontegadea, la sociedad que articula las inversiones inmobiliarias de Amancio Ortega.

El diseño de la torre se aleja de la estructura tradicional de oficinas. De hecho, es la más singular del conjunto de las Cuatro Torres. El edificio funciona visualmente como un esbelto arco rectangular metalizado en el que los núcleos laterales de comunicación y servicios enmarcan y sostienen los bloques centrales destinados al trabajo. A nivel de calle, un espectacular atrio acristalado de 22 metros de altura sirve de transición desde la vía pública; en su interior, suspendido a modo de entrepiso, se encuentra un auditorio con paredes de vidrio que da la sensación de flotar en el aire.

Alarde estructural

La mayor proeza técnica de la estructura radica en que ninguna de las columnas interiores se extiende hasta los cimientos. Todo el peso del edificio, que cuenta con un marco de acero tipo Vierendel –un sistema de vigas en forma de retícula rectangular que elimina las barras diagonales para dejar las fachadas completamente libres de obstáculos visuales– de 11.000 toneladas, se apoya exclusivamente en sus dos grandes núcleos laterales de hormigón armado, los cuales descansan sobre una losa reforzada única de cinco metros de espesor. Estos núcleos se unen en tres puntos a lo largo de sus 49 plantas mediante cerchas metálicas y vigas de transferencia que absorben las cargas de gravedad y resisten los embates del viento, en un gesto que parece homenajear a la torre diseñada por Francisco Javier Sáenz de Oiza a comienzos de los 70 para el Banco de Bilbao, luego BBVA. Ha sido en la sala técnica de uno de esos núcleos, cercana a la planta 23, donde se ha producido el incendio de este martes.

La solución constructiva de la torre permite disponer de plantas diáfanas e ininterrumpidas de 1.200 metros cuadrados. Una flexibilidad espacial concebida por Foster aplicando estrategias pioneras que ya utilizó en la emblemática sede del HSBC en Hong Kong, permitiendo que la superficie de oficinas se adapte, contraiga o subarriende con facilidad. La disposición de los núcleos en los extremos este y oeste protege las oficinas de la luz solar más dura de la mañana y de la tarde, optimizando la climatización gracias a una fachada con triple acristalamiento. Mientras, la orientación norte-sur ofrece vistas limpias hacia la Sierra de Guadarrama y el centro de la capital.

Pese a su espectacularidad técnica, que le valió, entre otros, el premio a la Mejor Gran Estructura otorgado por la Asociación de Ingenieros Estructurales de Illinois, la torre despierta opiniones encontradas en el plano estético. En un análisis publicado recientemente por la revista Arquitectura y Diseño, el arquitecto Emiliano Domingo señalaba que el rascacielos forma parte de la investigación de Foster sobre entornos laborales que ya ensayó en proyectos como el Commerzbank de Frankfurt o el edificio de Swiss Re en Londres. Sin embargo, el proyecto de Madrid se aleja de la audacia de otros proyectos con la firma de Foster, conformándose con una apariencia tan racional y contenida que raya lo anodino. Así, pese a ser el edificio estructuralmente más singular del complejo de las Cuatro Torres (ahora cinco, sumada la Torre Caleido), la Torre Moeve se levanta casi como un edificio silencioso, que destaca más por cómo funciona que por la búsqueda de un impacto estético en la ciudad.