Las últimas palabras del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre la futura asistencia del Rey Felipe VI a Ceuta, en una visita aún sin detallar en el contexto de la crisis de Ceuta, volvieron a poner en el centro del debate las relaciones de Moncloa y Zarzuela y una posible utilización del dirigente socialista de la figura del jefe del Estado. La relación entre ambos, a diferencia de con Mariano Rajoy –único con quien ha coincidido su reinado–, ha sido definida en varias ocasiones por la opinión pública y los corresponsales de información de Casa Real como distante, más fría.

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Hay incluso asuntos que lo constatan, incluso antes de que el socialista asumiese el rol de presidente. Como pudo saber El Independiente en su momento, a Sánchez no le gustó nada que Felipe VI dejase a los partidos, incluido al PSOE, fuera del tratamiento previo de cómo debería haber sido el discurso del 1 de octubre de 2017, tras el referéndum ilegal de independencia en Cataluña. Desde el primer Ejecutivo socialista, se han prolongado polémicas y choques de diferentes grados de intensidad entre ambas figuras del Estado que han marcado la relación.

1. Polémica con el 'besamanos'

A principios de junio, Sánchez llegó a la presidencia vía moción de censura a Rajoy. Lo hizo en solitario, pero con apoyo externo de la mayoría de partidos minoritarios, soberanistas y nacionalistas. Principalmente del PNV, que dejó de apoyar a los populares entre otros asuntos por la condena de la Gürtel, que acreditó la existencia de una trama de corrupción vinculada a Génova. Tras el primer desfile del 12 de octubre por el Día de la Hispanidad, en la recepción de autoridades en el Palacio Real, tanto el presidente como su mujer, Begoña Gómez, se ubicaron por error junto a los monarcas, dando la impresión de que participarían en el tradicional 'besamanos' de los invitados. Se atribuyó a un error de protocolo. Este tipo de anécdotas, por parte de la oposición, serían posteriormente utilizadas para cargar contra el presunto interés del presidente de convertirse en la máxima autoridad española.

2. Negociaciones para la investidura en 2019

Después de la conocida 'foto de Colón', Sánchez vio una oportunidad electoral y convocó en febrero un adelanto de generales, nueve meses después de aquella moción de censura. La complicada aritmética que dejaron las urnas al socialista para repetir al frente del Gobierno tensó, al mismo tiempo, la relación entre Moncloa y Casa Real. Sánchez dependía de Ciudadanos, que se mostraba esquivo, y de Podemos principalmente, para poder formar Gobierno. Pero los segundos exigían entrar al Ejecutivo. En su papel contemplado en el artículo 99 de la Constitución, el Rey procedió a las consultas para determinar candidato a la investidura. Propuso a Sánchez, que fracasó. Algunos sectores del Gobierno reprocharon a Zarzuela que Felipe VI no interviniese más para condicionar el voto de actores como Albert Rivera. La tensión se prolongó durante todo el verano hasta la repetición electoral de noviembre.

3. 2020. Primer Gobierno de coalición de la democracia

Ya con Ciudadanos hundido, y pese a haber mencionado que con Pablo Iglesias en el Gobierno no podría dormir, Sánchez aceptó la coalición con los morados y el apoyo externo de las fuerzas independentistas para consolidar su segundo mandato. El paso era relevante: por primera vez fuerzas con una concepción plurinacional del Estado e íntegramente republicanas entraban al Consejo de Ministros desde la II República. Un par de días después de la investidura, el Rey protagonizó el clásico discurso de la Pascua Militar, reivindicando a las Fuerzas Armadas y su respeto a la Constitución y a la idea de España. Para muchos, fue un mensaje de reacción a esas novedades en el Ejecutivo, de delimitación de capacidades.

4. Investigación de la fortuna del emérito

Es el primer gran encontronazo entre instituciones en ese primer trimestre de 2020. La justicia reabre la causa archivada sobre la fortuna del Rey emérito, Juan Carlos I, en el extranjero y el cobro de comisiones asociadas a proyectos como el AVE Medina-La Meca en Arabia Saudí, y eso tensiona a los socios de coalición. Ese perfil del socio minoritario presiona al PSOE para mostrar contundencia y crítica. Los socialistas y el propio Sánchez empiezan a aludir a la idea de "regenerar" la Monarquía española y se abren debates como el de la inviolabilidad del jefe del Estado a la vista de las informaciones sobre el emérito.

La marcha de Juan Carlos I a Abu Dabi no ayuda. El PSOE indicó que respetaba la decisión, pero a la vez el Gobierno cuestionó la falta de explicaciones por parte de Zarzuela, muy incómoda a la hora de gestionar el asunto. Podemos no dejaba de apretar. En parte, el asunto condiciona un giro en la comunicación institucional de Casa Real. Felipe VI renuncia a la herencia y retira la asignación a su padre.

5. El Gobierno no le autoriza ir a Barcelona

En septiembre de ese año, el Gobierno "no autoriza" al jefe del Estado a acudir a Barcelona al despacho de los nuevos jueces al inicio del nuevo curso. Es la segunda gran polémica desde que Sánchez es presidente, además de la relacionada con Juan Carlos I. Felipe VI había confirmado asistencia previamente, pero el Gobierno, que es quien condiciona la agenda a Casa Real, justificó el rechazo por cuestiones de seguridad y por la tensión política en Cataluña, tras las sentencias del procés. Hubo un notable enfado. Se evidenció también dentro del Consejo General del Poder Judicial, las asociaciones de jueces y acusaciones desde el sector y la oposición de que el Gobierno priorizaba las cesiones a sus socios minoritarios para seguir en el poder en detrimento de las instituciones. El PP acusó a Sánchez de "deslealtad" con el Rey, mientras que el Gobierno aseguró que la oposición usaba a su favor al monarca. De fondo aún se mantenía el debate en torno a la Corona tras el escándalo del emérito. El coronavirus fue un asunto crucial ese año, con el confinamiento de por medio.

6. 2022. Discurso de Sánchez en Ermua junto al Rey

Después de un año sin rifirrafes o polémicas, en julio de 2022, durante un homenaje a Miguel Ángel Blanco en Ermua, el presidente del Gobierno pronunció un discurso en el que mencionó que "hoy Euskadi y España son países libres y en paz". No pasó desapercibido por tratarse de una conmemoración a una víctima de ETA. La lectura fue similar, de priorización de Sánchez a las exigencias de sus socios, en este caso EH Bildu y el PNV y su afán de independencia de País Vasco. Se consideró un mal gesto por la presencia del Rey.

7. Espera en el desfile militar

Apenas dos meses y medio después, en un nuevo desfile del 12-O, los Reyes tuvieron que esperar varios minutos en el Rolls-Royce hasta la llegada del presidente del Gobierno. A la llegada a la plaza de Lima, los servicios de protocolo de Casa Real pidieron no abrir las puertas hasta la llegada de Sánchez, que aclaró posteriormente que llegó cuando le dijeron. En el Paseo de la Castellana esperaban la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Defensa, Teodoro López Calderón. Se comentó entonces que se trataba de una estrategia de Moncloa para evitar que los posibles abucheos que se dieran coincidieran solo con la llegada del presidente, para hacerlos coincidir con los Reyes llegando al mismo tiempo. Desde la oposición, al menos Feijóo –recién llegado a Madrid–, consideró que no tenía por qué haber sido un retraso "intencionado".

8. Episodio del AVE Madrid-Murcia

A esos dos episodios anteriores se unió otro gesto que no pasó desapercibido a la opinión pública y sí sirvió a PP y Vox para alimentar ese retrato de un Sánchez irrespetuoso con la Monarquía y con pretensión de querer ocupar ese rol. Se dio durante la inauguración del nuevo trayecto de Alta Velocidad Madrid-Murcia el 19 de diciembre de 2022. Tras su llegada a las puertas de la estación de Chamartín, y la recepción al monarca junto a otras autoridades como el presidente murciano Fernando López Miras o la entonces ministra de Transportes, Raquel Sánchez, Sánchez protagonizó unas imágenes en el acceso a la vía: caminó por delante de Felipe VI e incluso entró primero en el vagón.

9. 2023. La amnistía aleja a Moncloa y Casa Real

En 2023 se consolida la idea de frialdad en las relaciones de Sánchez y el Rey, aunque se mantienen con cotidianidad los despachos u otro tipo de interacción permanente. A las puertas del tercer mandato de Sánchez, tras las generales, el fracaso de la investidura de Alberto Núñez Feijóo y las negociaciones del socialista, hay un planteamiento de posiciones que les distingue a ambos. En octubre, en la conmemoración del discurso del 1-O y con esas negociaciones con ERC y Junts de fondo, Felipe VI hace una nueva defensa de la Constitución, la convivencia y el Estado de Derecho. Sánchez termina acatando la amnistía a cambio de la investidura, algo que se consolida en 2024 a falta de una aplicación aún completa a figuras como Carles Puigdemont. Exdirigentes socialistas como Alfonso Guerra, entonces, advirtieron del choque de ambas posturas, que Sánchez iba a la contra de lo planteado en el discurso por el monarca.

El acuerdo con los socios genera las protestas de Ferraz fomentadas por Vox y otros grupúsculos de extrema derecha. Incluso dieron pie a la actual entidad Núcleo Nacional. La denuncia al presidente del Gobierno se traslada en ese sector social al Rey, empiezan a aparecer banderas con el escudo recortado o la utilización de términos como 'Felpudo VI'. Se cuestiona su papel por no impedir la actuación del presidente, pese a suscribirse este a las competencias que la Constitución le otorga.

10. 2024. Paiporta y la marcha de Sánchez

En 2024 hubo gestos por parte del presidente, como entre septiembre y octubre, cuando Sánchez se mostró crítico contra Claudia Sheinbaum por no invitar al Rey a su acto de toma de posesión como nueva presidenta de México. "Es inexplicable e inaceptable", llegó a decir. Se abrió el choque por el pasado colonizador de España en América e incluso se exigía perdón al monarca.

Sin embargo, episodios como el de Paiporta tras la DANA en la Comunidad Valenciana y otros puntos de Castilla-La Mancha y Andalucía supusieron un punto de inflexión importante entre Moncloa y la Corona. En una visita los días posteriores de la tragedia a la población dieron pie a un linchamiento de los vecinos a Sánchez, a Carlos Mazón, a Felipe VI y a Doña Letizia. La visita terminó en caos: lanzamiento de barro, objetos, insultos y gritos como "asesinos", especialmente a ambos dirigentes nacional y autonómico. Sánchez se marchó junto a su seguridad personal, recibió algún golpe tras el lanzamiento de palos de escoba utilizados para retirar el barro de las calles. Los Reyes se quedaron y afrontaron el mal trago de atender a los vecinos, agitados y desesperados.

Trascendió que Moncloa achacaba la culpa a Casa Real: "Fue un empeño del Rey". Se filtró que en el Gobierno consideraban que no se daban las condiciones para aquella visita, al menos en temas de seguridad. Puente así lo reflejó públicamente. Afirmó que no se había previsto bien el dispositivo de seguridad ni el momento elegido. Aunque entendió que, de no acudir, se interpretaría como falta de compromiso.

11. 2025. Inauguración de los actos de los 50 años de Democracia

El Gobierno procedió a conmemorar la democracia situando el inicio de esta en la muerte de Francisco Franco, y no en otros momentos como las primeras elecciones, lo que generó polémica entre sectores de izquierda, historiadores y la derecha, que replicó que situar el inicio el 20 de noviembre buscaba utilizar la figura del dictador para el enfrentamiento ideológico y aplacar otros escándalos. Un nuevo paso tras otros como la exhumación de 2019 o la resignificación del Valle de Cuelgamuros.

En el acto inaugural de enero en el Reina Sofía, Casa Real justificó la ausencia de los Reyes por motivos de agenda, lo que generó malestar entre algunos sectores socialistas. Se consideró que se evitó ir. Sí estuvieron en otros actos como el del Congreso de los Diputados, a finales de año.

12. Marcha acelerada de Palacio Real el 12-O

Aunque no hubo una polémica directa, muchos interpretaron la marcha del presidente tras la recepción de 2025 como una falta de compromiso con la Monarquía. Después del 'besamanos', no participó en los tradicionales corrillos con la prensa. Moncloa trasladó que el presidente tenía que preparar su viaje oficial a Egipto para la firma del acuerdo sobre Gaza. La oposición lo señaló y atribuyó esa marcha al rechazo a dar explicaciones sobre los casos de presunta corrupción que rodeaban a su partido y a su entorno familiar.

13. 2026. El Rey, solo en varias tomas de posesión

El giro ideológico en América Latina, con el cambio hacia gobiernos muy conservadores y nacional-populistas, coincide con la asistencia en solitario del jefe del Estado como representante español. No solo sin Sánchez, sino también sin el ministro de Exteriores, José Manuel Albares. Este año, tanto para los actos de toma de posesión de la peruana Keiko Fujimori, como de la costarricense Laura Fernández o del colombiano Abelardo de la Espriella, Moncloa se ha excusado en problemas de agenda. También en la del presidente de Portugal, António José Seguro. Ya en 2023 ocurrió lo mismo con Javier Milei en Argentina.

14. Críticas de Óscar Puente

En agosto, el ministro de Transportes criticó duramente al Rey por fotografiarse con el activista Javier Negre durante la toma de posesión del presidente colombiano De la Espriella, calificando la imagen de "absoluta ignominia", "ofensiva" e "intolerable", y acusando a la Casa Real de haber cruzado una "línea roja". Puente se justificó por el conflicto personal que mantiene con Negre, judicializado, pero sus declaraciones abrieron una fuerte polémica sobre el papel del Gobierno frente a la Corona. El asunto hizo que desde el Gobierno se pusiese en cuestión la neutralidad del monarca para dejarse ver con unas u otras figuras de diferente sesgo ideológico. Con la crisis de Ceuta, Puente ha vuelto a señalar no a Sánchez, sino a quienes "utilizan" al Rey para desgastar, dijo, al Gobierno.

15. La crisis de Ceuta

Además de interpretarse las palabras de Sánchez en la entrevista del pasado lunes en Cadena SER como una crítica al Rey por no haber viajado aún a Ceuta en lo que va de su reinado, algo que Moncloa intentó rebajar posteriormente, negando reproches, hay otro aspecto derivado de la crisis. Por ejemplo, la no citación a Felipe VI para presidir el Consejo de Seguridad Nacional que declaró el mando único de la crisis bajo la competencia del ministro Ángel Víctor Torres, de Política Territorial. Moncloa defiende que no hay obligación legal de hacerlo, únicamente de transmitirle información periódica, y que son el presidente, el resto del Consejo de Ministros y otras figuras de Moncloa, del CNI y de las Fuerzas Armadas las que tienen que ir obligatoriamente.

Ahora bien, hay dos detalles fundamentales que han hecho que se interprete como una falta de compromiso con el monarca. El primero es que, frente a todas las crisis más recientes que han puesto en jaque la seguridad nacional, como el covid en 2020, la guerra de Ucrania de 2022 y el apagón en 2025, el Rey ha presidido las reuniones fundamentales. El segundo es que el jefe del Estado es el máximo responsable de las Fuerzas Armadas, y esta crisis en Ceuta las sitúa en el centro de la gestión, además de aludirse al carácter de integridad territorial y soberanía del problema. Según ha podido saber este periódico, el comunicado emitido por Zarzuela el 1 de agosto tras las entradas masivas de migrantes en Ceuta el 30 y 31 de julio, en el que expresó "indignación y preocupación", no gustó a Moncloa.