Todo el votante moderado del PSOE y aquél que sigue apostando por Pedro Sánchez y al mismo tiempo por la Monarquía frente a la República. En riesgo queda una importante capa electoral para los socialistas después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, volviese a lanzar críticas contra el Rey Felipe IV y Casa Real. Ello, una semana después de arremeter en primer término por la disposición del monarca a fotografiarse con el periodista y activista Javier Negre, situado en las antípodas ideológicas del Gobierno, al extremo derecha del tablero y en la órbita del trumpismo o de Javier Milei. Ocurrió durante la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, en Cali, el 7 de agosto, ante la demanda de Negre en las inmediaciones del evento. A ello, Puente reaccionó días después indicando en X que la situación era "una absoluta ignominia".
En este inicio de semana, tensa por la crisis migratoria de Ceuta y el choque con los partidos de la oposición o el Ejecutivo autonómico, el ministro recuperó ese cuestionamiento del Rey por acceder a retratar el momento, hilando el asunto con Ceuta. En una entrevista en Europa Press difundida este lunes, Puente fue preguntado por el comunicado de Casa Real del 1 de agosto en el que se advertía: "El Rey cree necesario adoptar todas aquellas medidas que trasmitan (...) a Ceuta y Melilla el apoyo del resto de España". "El Estado debe velar por su seguridad y evitar que estos hechos vuelvan a repetirse". Puente, utilizó esas palabras para instar al jefe del Estado a no repetir la escena con Negre.
"Casa Real cruza una línea roja, y lo he explicado ya en mi tuit. Entiendo que las relaciones Gobierno-Jefatura del Estado son muy delicadas y hay que tener mucho cuidado con lo que uno dice", allanó el terreno Puente. "¿Por qué pienso que eso no debería haberse producido de ninguna manera? En primer lugar, estamos hablando de una persona [Negre] que ha insultado reiteradamente a la Reina. Lo segundo, ha insultado al Rey. Tercero, es un profesional del bulo y de la difamación. Y cuarto, es un acosador de los políticos progresistas y sus familias". El ministro afirmó que se encuentra inmerso en un proceso judicial contra Negre, imputado por calumnias y difamación.
"En mi concepto de país, de mi democracia, el jefe del Estado que yo tengo en la cabeza no tocaría ni con un palo a Negre, y Casa Real debería haber medido mucho más lo que hacía en ese momento. No puedo ocultar mi indignación", reiteró Puente. Deseó que "no se repita nunca" una imagen similar. Puente negó que estas palabras las guíe una estrategia política y afirmó que habla a título personal, que no hay intereses ocultos como allanar el terreno hacia la República. "Es una reacción de un ministro al que generalmente nadie le da instrucciones y le impide expresarse libremente, es un tema que me toca personalmente, porque a este personaje lo he sufrido muy de cerca, yo y mi familia". Insistió en que no percibe "intocable" a la institución pese al respecto que profesa. "Lealtad absoluta al Rey, y la entiendo diciendo las cosas que no hace bien, velando por la institución. Flaco favor hace a una Monarquía que pretende unir al país".
La posición individual de Puente, en todo caso, supone un paso inédito dentro de las filas del PSOE, de crítica pública y directa a la actitud de un monarca en activo, en términos netamente políticos, lejos de otros asuntos económicos que sí fueron reprochados durante la etapa final de Juan Carlos I, por ejemplo. Y aunque no se cuestiona la institución, pero sí el comportamiento puntual, se abre la puerta a más riesgos que oportunidades para el PSOE.
Rédito personal frente a interés de partido
En conversaciones con El Independiente, el analista y consultor político Jordi Sarrión-Carbonell determina que si bien este asunto puede ayudar a Puente a "reforzar bastante su propia marca política", puede generar una asonancia con los intereses de su partido. El ministro "conoce perfectamente la lógica polarizante de las redes, sabe como funciona la estructura mediática de nuestro país y tiene un buen equipo detrás y sabe qué tipo de declaraciones generan conversación y dónde puede obtener rédito". Con sus valoraciones suele mostrar "una de sus principales fortalezas comunicativas, que es precisamente la autenticidad", dejar la "imagen de un político que habla sin demasiados filtros y que no tiene miedo a entrar en conflictos". Ahora bien, con su planteamiento abre un nuevo frente al PSOE en un momento complicado.
Sánchez y los suyos, determina Sarrión-Carbonell, "ya tienen bastantes crisis abiertas y necesitan un nuevo aliento, una agenda propia y un programa de reformas que vuelva a situar la conversación en otros terrenos". Y "al abrir la batalla alrededor de la Monarquía, puede generar mucha conversación, pero no necesariamente rédito electoral". "No creo que tenga demasiado sentido convertir ahora el enfrentamiento con la Corona en un eje político", señala el politólogo, lo que alejaría la lógica de que detrás de Puente hay un interés estratégico de los socialistas.
Recuerda que precisamente el PSOE viene siendo "en muchos momentos un aliado institucional" de la Corona y como Sánchez ha destacado por una buena relación con Felipe VI. Por otro lado, "hay estudios que apuntan a cambios en la base social de apoyo a la Monarquía, especialmente desde la llegada de doña Letizia". El experto tampoco ve incentivos de abrir un nuevo frente en un momento de gran desconexión de la política o de tensión con los socios.
El 35,1% de los votantes socialistas apoyan la Monarquía, y el conjunto de esos electores aprueba el mandato de Felipe VI
Al hilo de lo que indica el politólogo, la encuesta más reciente que vincula Corona y apoyo electoral, la del 1 de octubre de 2025 elaborada por Opina 360, refleja, de hecho, que un tercio de los votantes del PSOE se declaran comprometidos con la monarquía parlamentaria vigente y rechazan una república. En concreto, un 35,1% a diferencia del 9-12% que se identifica así en partidos más a la izquierda como Sumar o Podemos. De media, todos los electores socialistas aprueban con un 6,5 el reinado de Felipe VI. Aunque es muy difícil determinar el coste electoral concreto, dado que no todo el electorado se mueve por los mismos intereses y en la izquierda cuestiones como la vivienda o los derechos sociales movilizan en mayor grado, ese tercio son algo más de 2,7 millones de papeletas de las obtenidas en las generales de 2023 si actuasen como bloque.
Travesía: de "delfín" a simple tuitero
El politólogo, consultor y analista de Comunicación Política, Discurso y Narrativa, Javier Sánchez, comenta a este periódico que Puente "tiene un problema de autocontrol". "Aparenta desconocer cómo funciona la Corona", al comportamiento que se debe. "Desconoce, además, que él no actúa como militante socialista" desde su posición, sino que lo hace como "miembro del Consejo de Ministros". "No habla desde la misma posición que un militante o un columnista", entiende, y "cada ataque al Rey adquiere una dimensión institucional" que puede resultar positivo para una "parte del electorado socialista, pero también alimentar el marco de sus adversarios: que el Gobierno utiliza a sus ministros para erosionar la Monarquía".
"En su empeño en ejercer de defensor a ultranza del sanchismo, a veces se pasa de frenada. El resultado es que ha pasado en los últimos meses de ser hasta posible delfín a quedar como un tuitero y poco más". Mientras Puente afirma no querer deslegitimar a la institución, solo una actuación puntual, Sánchez apunta a que "desde el punto de vista de la compol, lo que busca el ministro es un clásico: que la conversación se desplace de la fotografía a la legitimidad y el comportamiento de la Corona". "Puente está haciendo algo típico: no intenta ganar la discusión sobre una fotografía; intenta conseguir que esta sea recordada como el momento en el que Zarzuela cruzó una línea roja, y aparta, que no se hable de Ceuta y de que el Rey quería viajar allí". Para él, más allá de futuras reacciones, esto no pasará de una "polémica de verano", pero "es un centímetro más del desgaste de Puente y su viaje a ningún lugar".
De hecho, el sociólogo y exdiputado socialista Ignacio Urquizu, se movía en esa postura este martes en una intervención en La Sexta apelando a Max Weber que pese a que Puente "puede tener una gran ética de la convicción", puede que no la tenga en "la responsabilidad" de lo que atañe al PSOE. "No mide las consecuencias de sus acciones. Muchos mensajes vana fortalecer la llegada de un gobierno de derechas si al final hay gente moderada que puede acabar votando al PP". "No sé si es muy responsable que haya líderes de izquierda que fomenten el voto a la derecha". Y además el asunto no es un tema pujante por el que competir con tus socios de izquierda, cuando hay otros elementos que sí han funcionado mejor, como el 'No a la guerra'.
Facilita al PP otro relato de deslegitimación institucional
Aunque Puente apele a su independencia de criterio, la ausencia de matices o de reconducción del asunto por parte de otros miembros del Gobierno, no aleja las dudas de si detrás puede haber una estrategia de partido en un periodo en el que la comunicación política es clave y notablemente cuidada. Y ante esos matices, la ruptura de ese marco discursivo protagonizado por Puente por la crítica directa a un comportamiento de Felipe VI, ha dado combustible al PP. Su presidente, Alberto Núñez Feijóo, no tardó en salir contra Puente y el Gobierno este martes, desde Ribadeo (Lugo) en una visita a la exposición fotográfica dedicada al expresidente Leopoldo Calvo-Sotelo.
"Hoy tenemos la desgracia de ver a ministros comportándose de forma tabernaria e insultando a adversarios y ciudadanos particulares, o incluso un hechos sin precedentes, señalar a la Corona". Un planteamiento dirigido a ese votante moderado, que puede rotar hacia sus filas. Según el CIS de julio, quien se posiciona como votante puro de centro dentro del PSOE, es el 12% del total de su base electoral.
El señalamiento a Felipe VI, un hecho sin precedentes en toda la 'etapa Sánchez' dentro del PSOE
Mediante este asunto, Feijóo fortalece su eje de cuestionamiento al Ejecutivo. No es solo algo puntual derivado de la crítica de Puente a Felipe VI, sino un elemento más que da fundamento a catalogar la gestión de Sánchez de "un proceso de ruptura y deconstrucción" del modelo constitucional tras cuestiones como la amnistía, las críticas a los jueces, las acusaciones de colonización institucional o que gobierne sin contar con "el Parlamento, sin Presupuestos o abusando del real decreto ley". De distanciamiento de los poderes del Estado, desde ese judicial al de la Corona, dijo, en un "intento de dividir en dos bandos irreconciliables" a los ciudadanos de cara a las próximas generales, que pretende, apreció, convertir en un "plebiscito". En definitiva, abrir el camino para una mayor crítica de la oposición, perjudica a la imagen del Ejecutivo.
Sí ha habido voces dentro del PSOE, como el de la exvicepresidenta del Gobierno y líder del partido en Andalucía, María Jesús Montero, que considera que se ha dado mayor magnitud de la que tiene al asunto, y que Puente vino a decir que hay que tener precaución con a quién se saluda o "con darle carta de publicidad a aquellos que hacen de la bronca, del ruido y de la crispación, su forma de estar en el mundo y de hacer política (...) que aleja a los ciudadanos de la confianza" institucional.
Coste reputacional
Además, Urquizu, en esa intervención en televisión, afirmaba que otro de los efectos negativos que dejan a Puente estas críticas es del desgaste reputacional. "No ha entendido que la jefatura del Estado es neutral, que no puede posicionare a un lado o al otro" y que tiene que dejarse ver "incluso con quien no le gusta" de darse el caso. Cree que Puente queda retratado al generar una polémica contra una figura como la de Felipe VI que aunque quiera no puede defenderse públicamente, y por tanto queda en desventaja. Urquizu considera que Puente está a la altura de un "abusón", de hecho. Javier Sánchez también hace hincapié en que Puente no ha querido entender esa neutralidad.
Más que un coste electoral inmediato, si puede haber un problema interno para el Gobierno. Es decir, si no es una opinión extendida la de Puente, Sánchez tiene por delante el reto de decidir hasta donde llega esa libertad de expresión e independencia de sus ministros respecto a temas comprometidos. Si no dice nada, da una sensación de respaldo, mientras que si desautoriza a Puente abriría más fisuras internas y distanciaría a los sectores más republicanos del partido o potenciales votantes procedentes de Sumar o Podemos. De momento, el sostenimiento de que fue una oposición personal, es la fórmula que permite más flexibilidad al Ejecutivo a la espera de que el asunto pase.
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