"Solo quería morir en su casa. El corazón en un puño". Era el escueto mensaje que David Uclés dejaba en su cuenta de Instagram, acompañando una imagen con fondo negro y, rotulado, el número "7.291 +1", al conocerse este miércoles por la tarde la muerte de María del Carmen Abascal, conocida como Maricarmen, en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. El escritor vinculaba así la muerte de la mujer de 87 años, desahuciada hace dos semanas de su domicilio en Madrid, con el número de muertes en las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid durante la pandemia de Covid.
Uclés, que el pasado 22 de septiembre, un día antes de la ejecución del desahucio, publicó en el diario El País un artículo contando su visita a la anciana en su domicilio de Sáinz de Baranda, anunció hace meses que se marchaba fuera de España durante una temporada para huir de las consecuencias de su éxito literario –incluido el hate en redes–, recuperar la tranquilidad y volver a escribir. Pero Uclés sigue aquí. Se le ha visto por la acampada de Sol tomando notas. Hace unos días, con las protestas en su momento álgido, interpretaba en Instagram la canción protesta de Quilapayún El pueblo unido jamás será vencido. Y anoche no dudó en acudir a la vigilia en honor a Abascal improvisada en el bulevar frente al portal de la casa donde vivió durante siete décadas.
"La abuela de muchos"
Con su gorra calada, David Uclés encendió velas y dejó escrito un mensaje para ella, "la abuela de muchos" y "el símbolo de una lucha", como escribió en su crónica de El País , cuando no se podía imaginar lo que sucedería en las siguientes dos semanas: la movilización, los dos decretos fallidos del Gobierno, la convocatoria electoral y, este miércoles, el desenlace que ni el más hábil escritor de realismo mágico se habría atrevido a escribir.
"Solo sentía a sus padres en casa. Allí quería morir. no pedía tanto", escribía Uclés en sus estories junto a un fragmento de su artículo de El País: "Le pregunto si es creyente. Me confiesa que no es religiosa, que los de abajo somos todos iguales, pero que sí que cree en el de arriba. Y que cada noche, antes de dormir, le da las buenas noches, por este orden: a Dios, a sus padres, al papa Francisco y a la familia que ha perdido. Me río ante la ocurrencia de que anteponga al Papa a su hermano. Le pregunto si seguirá haciéndolo si la echan del piso, y me dice que solo hablará con Dios, que está en todas partes, porque sus padres, fuera de su casa, hace tiempo que dejaron de existir".
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