Entraba entre las posibilidades, y la lógica operaba también. Margarita Robles, ministra de Defensa desde 2018, podía ser la número dos en la lista del PSOE por Madrid. Había sido la número cuatro de esa misma candidatura en 2023, cuando tenía por delante a la entonces vicepresidenta tercera, Teresa Ribera. Así que sí, el nombre de Robles sonaba como opción en las últimas horas, y desde el círculo Pedro Sánchez preferían ni contemplarla, creían que no lo merecía, que ella ha tirado mucho de su identidad como "verso libre" dentro del Gobierno. Pero el presidente, como en muchas otras ocasiones, eligió un golpe de efecto. Robles, en efecto, será en las generales del 29 de noviembre la dos por Madrid, justo detrás de él. Un puesto de honor para una integrante de su Gabinete en quien confía totalmente, recuerdan en la Moncloa, que es muy conocida, que atesora una gestión "extraordinaria" en sus más de ocho años al frente de los Ejércitos y que además es capaz de alcanzar electores más templados.

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La designación de Robles se hizo oficial antes de la reunión de la ejecutiva y el comité regional del PSOE de Madrid. Varios dirigentes hablaban de sorpresa, de "extrañeza" por la elección. Otros más cercanos a Sánchez podían ocultar a duras penas, como poco, su incomodidad, su descontento. Se refugiaban en un elocuente silencio. "Me voy a callar, la verdad es que asombra, qué quieres que te diga", verbaliza un integrante del Gabinete preguntado por este diario. "La idea que Pedro tiene es que no importa nada ni nadie, salvo que se presenta él y lo que él haga. Así que da igual quién va o no va y adónde va. La escoge a ella para tenerla controlada", manifiesta a su vez un exmiembro del Ejecutivo que conoce bien al presidente y a la ministra. Lo cierto es que Robles sale muy reforzada: en la candidatura por Madrid, queda por delante de sus compañeros de Gabinete Félix Bolaños (Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes), que repite de tres, y Fernando Grande-Marlaska (Interior), que se estrena como cinco tras liderar la plancha por Cádiz en 2019 y 2023. Los dos, Bolaños y Marlaska, personas mucho más cercanas al propio Sánchez.

En el PSOE-M la opinión es más matizada: se reconoce la sorpresa, algunos cuadros hablan de "desazón" y "resignación", porque "todo el mundo sabe que no atrae un solo voto, más bien lo contrario, aunque en ausencia de alternativas, resultaba muy difícil relegarla", en palabras de un veterano. Otros dudan de que ella sea "el mejor perfil para aglutinar y movilizar el voto de izquierdas". "Ha caído mal, muy mal, porque a fin de cuentas ella va por libre", asegura un dirigente y cargo público del PSOE-M que conoce muy bien la organización. También hay miembros del comité regional que constatan el "silencio general" o que ponen el acento en el "buen ambiente" con que está arrancando esta precampaña en la que, es cierto, el partido está mucho más enchufado y "con ganas" que en 2023.

En el Gobierno y en el partido también hay responsables que se alegran de la elección de Robles y no ven salseo posible. "De todas las que tiene alrededor, Margarita es la única que aporta algo. Ella es además conocida y te cubre al votante templado, totalmente", opina una responsable más despegada de la línea de Ferraz. La prudencia, en cualquier caso, manda, tanto por la cercanía de la cita electoral como por el hecho de que el jefe del Ejecutivo ha hablado y ha señalado, y no cabe mucha más discusión porque en el partido se entiende que componer las listas es su potestad, y más aún la de Madrid y más aún apostar por su dos. "El presidente lo ha decidido y lo respaldamos a tope", resume un mando gubernamental. Lo apoya una compañera de Gabinete: "Es de las ministras mejor valoradas. El presidente sabe lo que hace. Es verdad que no a todos gusta, pero sí a los más moderados... y ahí tenemos que rascar".

Según analizan distintos responsables consultados, Sánchez en realidad ha señalado a Robles porque su margen de maniobra era limitado. En 2019 y 2023, reservó el dos de Madrid para sus entonces vicepresidentas. Carmen Calvo en el primer caso y Teresa Ribera en el segundo. Ahora, por rango esa plaza habría correspondido a Sara Aagesen, la sucesora de Ribera como vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Pero ella tiene un perfil técnico y ha preferido, como el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, quedarse fuera de las listas. Ninguno es militante.

De modo que el movimiento lógico era ascender a la titular de Defensa, dado que ella fue la cuatro por Madrid en las últimas generales. "Habría dado que hablar que le pusiera por delante a un peso liviano", indica un responsable conocedor de las dinámicas de la Moncloa. Sin embargo, apenas horas antes de trascender su designación, miembros del Ejecutivo que han mantenido tensiones con Robles apuntaban, ante la posibilidad del premio del presidente, que no sería un movimiento tan inocente ni del gusto de todos.

A contracorriente

El perfil de Margarita Robles (León, 1956) suscita debate interno entre los socialistas. Magistrada de profesión, con una carrera meteórica desde joven en el mundo de la Justicia, secretaria de Estado de Interior en los últimos años de Felipe González —cargo desde el que fue muy activa en la persecución de los GAL y del terrorismo de ETA—, Sánchez la reclutó en 2016 como su número dos por Madrid en una repetición electoral en la que el PSOE tocó el suelo. 85 diputados. Defenestrado por los notables del partido en el comité federal del 1 de octubre de 2016, ella se mantuvo fiel al líder depuesto y se aferró al no a Mariano Rajoy contra el criterio de la gestora presidida por Javier Fernández.

Robles nunca abandonó a Sánchez. Apostó por él y él, tras ganar las primarias de mayo de 2017 frente a Susana Díaz, la nombró portavoz parlamentaria. Un año más tarde, batió a Rajoy vía moción de censura y la integró ya en su primer Gabinete, en aquel Gobierno bonito —de él solo sobreviven Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Luis Planas (Agricultura)—, y le asignó Defensa, una cartera de Estado compleja pero más manejable que Interior, la casa a la que ella no quiso volver. Desde entonces, la figura de Robles ha crecido hasta consolidarse como una de las ministras más conocidas y más valoradas, según el CIS.

Ella tiene, indudablemente, un perfil propio dentro del Ejecutivo. Desde siempre. Odia los argumentarios, dice lo que piensa —por ejemplo, sobre Unidas Podemos, en la primera legislatura—, no le importa ir un paso más allá de lo marca la estrategia en cada momento. Y asegura con vehemencia que ella velará por sus militares, que a ellos está dedicada porque es su obligación. "Yo creo que se acuesta con el uniforme [...]. Es una pájara", bromeó el propio Sánchez con su entonces ministro de Transportes, el hoy condenado y encarcelado José Luis Ábalos, en un wasap cruzado con él en noviembre de 2020. En el Gobierno, algunos de sus compañeros le reprochan que quiera ser ostensiblemente un "verso libre", que no sea "solidaria" con el resto del Gabinete, que sea una "isla aparte", como resume hoy un interlocutor de la Moncloa.

Robles ha mantenido diversas tensiones en los últimos años con varios miembros del Ejecutivo, pero el último gran choque se desplegó a los ojos de todos, a plena luz del día. Por la crisis migratoria en Ceuta. Y con Marlaska. Dos ministros jueces de carrera, dos ministros que nunca han sintonizado. Ella aseguró que el CNI sí había alertado de una entrada masiva de inmigrantes; él negó haber recibido avisos que "atisbaran" siquiera lo que finalmente ocurrió, el cruce de más de 70.000 personas hacia Ceuta, a pie y a nado, el 30 y 31 de julio.

Cuando se desclasificaron los papeles de aquellos días, la primera lectura parecía avalar la interpretación de la titular de Defensa, y ella se sintió ganadora, pero la Moncloa salió al paso y recordó, como había hecho Sánchez en la tribuna del Congreso, que sí, que hubo avisos, pero ninguno previó ni la "magnitud" ni la "probabilidad" de lo que sucedió. Robles firmó la paz al avalar unas insólitas —por excepcionales— fuentes del CNI que ratificaban la versión del presidente. En el Ejecutivo y en el PSOE no gustó tampoco que la ministra se sentara rápidamente en su escaño, antes que sus compañeros, cuando el presidente concluyó su primera intervención en el pleno del Congreso a propósito de la avalancha migratoria en Ceuta, el pasado 3 de septiembre. Ella siempre ha respondido que a quien debe lealtad total es a Sánchez y que es un "orgullo" formar parte de su Ejecutivo desde el principio.

"Sánchez siempre ha apostado por ella"

Quizá por ese historial de choques, muy reciente, el líder socialista ha sorprendido con su gesto. Con su apuesta por Robles. Pero en la Moncloa responden que no cabe ninguna extrañeza. Que es lo normal. "Es Margarita Robles, tiene relación con él desde el principio, ha sido su portavoz parlamentaria, es una persona de su confianza. Al margen de todas las construcciones periodísticas, el presidente siempre ha apostado por ella. Y es una persona hiperconocida, que gusta en determinados sectores", cuentan en el equipo directo del presidente aludiendo, claro está, a la capacidad de la titular de Defensa, que citan otros dirigentes, para atraer al votante moderado. Reparto de papeles.

Para el núcleo duro de Sánchez, entra dentro de toda la lógica que Robles sea aupada al segundo puesto. Lo que no habría tenido "sentido", señalan, es que esa plaza la hubiera ocupado Aagesen, "aunque sea muy buena vicepresidenta, pero tiene un perfil técnico, y si hubiera querido [entrar en listas], habría podido, evidentemente". "No es la dos por descarte, ¿en qué número habría ido de no haber sido la dos?", se preguntan. Lo rebate un responsable con hilo directo con el círculo de confianza del líder: "Pedro no quiso ni se atrevió a humillarla. Pero políticamente es una opción contraproducente. No aplaca nada por la derecha y ahuyenta por la izquierda. Repele hasta a los jueces progresistas". "Muchos en el partido se preguntan qué no sabrá Marga", desliza una dirigente nada afín a Ferraz que, sin embargo, sí valora su trayectoria y ese perfil distinto del resto.

Robles es uno de los nombres más destacados de las listas de este 29-N. Porque, contando con ella, son 11 los ministros que estarán presentes en las candidaturas al Congreso. Por Madrid son tres —ella, de número dos; Bolaños, de tres, y Marlaska, de cinco—, y el resto ya están diseminados por el territorio. Óscar Puente (Transportes) y Ana Redondo (Igualdad) serán el uno y la dos por Valladolid. Jordi Hereu (Industria) es la cabeza por Barcelona; Elma Saiz (Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno), lo es por Navarra; José Manuel Albares (Exteriores), por Cádiz; Milagros Tolón (Educación), por Toledo, e Isabel Rodríguez (Vivienda), por Ciudad Real. A ellos se suma Arcadi España (Hacienda), pero como dos por Valencia, porque la uno es la delegada del Gobierno y secretaria de Igualdad de la ejecutiva federal, Pilar Bernabé.

Quedan fuera de las listas, en consecuencia, seis ministros socialistas. Tres de ellos —Óscar López (Transformación Digital), Diana Morant (Ciencia) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial)—, porque serán candidatos en sus territorios (Madrid, Comunidad Valenciana y Canarias, respectivamente). Los vicepresidentes Carlos Cuerpo (Economía) y Sara Aagesen (Transición Ecológica) rehúsan integrarse en las candidaturas. Y Luis Planas (Agricultura) renuncia a volver a encabezar Córdoba por una "decisión personal", para volcarse en las negociaciones con la UE en materia pesquera y agrícola que siempre se cierran a finales de cada año.

El fichaje de Robles como dos es, sin duda, el de mayor impacto. En este caso, no por desconocida, no por estar fuera del radar. Pero es un ascenso que muchos no esperaban y unos cuantos tampoco deseaban. Sánchez, sin embargo, ha primado la lógica y la buena concepción que tiene de su ministra. Lo dijo hace apenas unos días en una entrevista: "Margarita Robles lleva acompañándome desde 2014 o 2015. Es una extraordinaria ministra de Defensa, a la que tengo no solamente una alta consideración política, sino también una amistad personal". Ahora hace tique electoral con ella. Diez años después de la primera vez.