Margarita es de Margarita". En el PSOE y en el Gobierno retumban en las últimas horas esas cuatro palabras que un día pronunció Alfredo Pérez Rubalcaba, siempre maestro para los suyos en la fabricación de titulares. Aquella sentencia, con la que el exvicepresidente de José Luis Rodríguez Zapatero y exministro de Felipe González condensaba con ironía su juicio sobre la que había sido secretaria de Estado de Interior en los años de la investigación de los GAL y de guerra incansable contra una ETA muy activa, vale también hoy para ella, apuntan varios socialistas en el partido y en el Ejecutivo. Para la ministra de Defensa desde junio de 2018, Margarita Robles. La mujer a la que tantas veces se ha llamado "verso libre" pero que ahora, a ojos de muchos dirigentes, ha cruzado una frontera muy peligrosa: la de visibilizar la quiebra interna en un Gabinete muy herido y además en medio de una crisis formidable y de difícil solución, Ceuta.

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El pleno del pasado jueves en el Congreso se podía resumir con ese giro mínimo discursivo del presidente del Gobierno, abriéndose a la posibilidad de que Marruecos pudiera ser el autor, por acción u omisión, de la entrada a la ciudad autónoma de 70.000 personas de manera ilegal el 30 y 31 de julio, y prometiendo que actuará con "total contundencia" si hay pruebas "sólidas" que lo sustenten. Pero esa sesión también podía sintetizarse en una imagen que salió en todos los medios: la de Robles sentada en su escaño, con gesto serio, incómoda, mientras sus compañeros de Gabinete y la bancada socialista aplaudían a Pedro Sánchez al término de su primera intervención. En realidad, ella sí se había puesto en pie, sí había palmeado a su jefe, pero fue la primera en reacomodarse en su sillón mientras el resto de ministros y de diputados socialistas continuaban con la ovación. Ese instante, reproducido y viralizado al instante, dolió a muchos en el partido y en el Gobierno. Igual que, cuando, al comienzo de su discurso, el presidente anunció que había dado orden de publicar todos los informes que recibió el Ejecutivo en los días previos a la avalancha migratoria, para probar que ninguno de ellos previó ni la "escala" ni la "probabilidad" de un asalto masivo. Robles tampoco aplaudió en ese momento.

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Robles no aplaudió el anuncio de que se publicarán todos los informes de avisos sobre Ceuta y se sentó la primera tras sumarse la ovación de Gobierno y bancada socialista a Sánchez por su intervención

A la salida del hemiciclo, las preguntas de la prensa se sucedían. Ella, como advertían en su entorno, no le daba importancia a sus gestos y defendía su derecho a expresarse como quisiera. "Esto no es Bulgaria", señalaban. Y a la vez destacaban que ella era y es leal al presidente del Gobierno y que considera "un lujo" formar parte del Ejecutivo. "Si se revisan otros plenos, la ministra no es muy dada a aplaudir nunca, solo que ahora se mira todo con más lupa. Pero ella está orgullosa de formar parte de este Ejecutivo y de ser la titular de Defensa porque se entrega, total y absolutamente, a los militares".

En la Moncloa, restaban importancia a la actitud de Robles. "Todo bien con ella. Es Margarita. Seguro que en otras comparecencias no aplaude y cada uno tiene la expresividad que tiene", disculpaban. En el equipo directo del presidente evitaban así dar vuelo a una polémica cuya plasmación gráfica era esa foto en el hemiciclo, pero que se venía arrastrando desde hace semanas. Una pugna entre dos ministros: ella, Defensa; Fernando Grande-Marlaska, Interior.

Los ministros de Interior y Defensa han chocado en las últimas semanas por lo ocurrido en Ceuta: él ha esgrimido que no hubo avisos que "atisbaran" lo que ocurrió; ella, que sí hubo alertas del CNI

Ambos, magistrados de carrera, nunca han tenido buena relación, nunca se han llevado bien desde que entraron en el Gabinete, ambos a la vez, en aquel seminal junio de 2018, en aquel llamado Gobierno bonito. Pero la crisis de Ceuta ha tensado las costuras más de la cuenta: Robles fue la primera que apuntó a Marruecos y la que insistió en que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que depende de ella, sí lanzó avisos de entradas en la frontera. Lo repitió en comisión en el Congreso, y apenas unos minutos después Marlaska contradecía esa versión desde la Moncloa: no había "ningún informe que atisbara que el 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció".

Los ministros que siguieron desfilando por la Cámara baja apuntalaron la versión del titular de Interior. Y el presidente, ausente de los focos durante sus tres semanas de vacaciones en La Mareta (Lanzarote), solo desempató, y a favor de Marlaska, el pasado 31 de agosto en la SER, aunque intentó equilibrar entre sus dos ministros, al precisar que sí hubo informes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del CNI, pero ninguno adelantó la "magnitud" de la avalancha migratoria. Relato que desgranó este jueves también en sede parlamentaria. La posición de la titular de Defensa se hacía más difícil de sostener.

Todos en el Ejecutivo y en el PSOE reiteran una convicción: Sánchez no la cesará ni ella dimitirá de su cargo. La previsión es que Marlaska y ella aguanten hasta el final de la legislatura

Los gestos de Robles en el pleno no hicieron sino ahondar el malestar interno con ella. Hasta el punto de que algunos cargos deslizan que si no está cómoda en el Gobierno y no comparte las decisiones del presidente, lo lógico es "irse". Salir del Gabinete. Pero también todos en el Ejecutivo y en el PSOE reiteran una convicción: Sánchez no la cesará ni ella dimitirá de su cargo. La previsión es que tanto ella como Marlaska —un ministro muy quemado por la sucesión de crisis en su departamento, pero al que el presidente ha salvado siempre— aguanten hasta el final de legislatura. Ellos dos, junto con Luis Planas, titular de Agricultura, son los miembros más veteranos del Ejecutivo.

Son varios los ministros (y exministros) que expresan su malestar con Robles, y también otros prefieren guardar silencio para no avivar las brasas aunque comparten muchas de las críticas hacia ella. "Solo vela por ella misma", "es insolidaria", "no piensa en los demás", comentan. Es decir, que es de ella misma, como diagnosticó el ya fallecido Rubalcaba. Y se remiten a aquellas palabras que el presidente intercambió con su entonces ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE en noviembre de 2020: "Yo creo que se acuesta con el uniforme [...]. Es una pájara", reía el líder socialista en unos wasaps publicados en mayo de 2025 por El Mundo.

Margarita siempre ha sido un verso suelto dentro del Ejecutivo. No creo que sorprenda que tiene criterio propio, pero en una crisis tan grave como esta el Gobierno tiene que demostrar unidad completa", asevera una ministra

"Margarita siempre ha sido un verso suelto dentro del Ejecutivo. No creo que sorprenda que tiene criterio propio, pero en una crisis tan grave como esta el Gobierno tiene que demostrar unidad completa", sostiene una ministra. "Ni es leal, como ella dice, ni tiene tan buena relación con el presidente, pero así es la vida", resopla otro integrante del Gabinete. "Dentro de un Gobierno y un partido es lógico y natural que haya posiciones y opiniones diferentes, pero por encima de tu opinión, y en un tema como este, no me parece lo más correcto trasladar esa pataleta de forma tan evidente. Trabajar en equipo no es eso", asegura una exministra.

Otra es aún más dura con la titular de Defensa: "Margarita se la está devolviendo a Pedro y a Marlaska. ¿Alguien se cree que cuando se supo que Pedro la llamó pájara no se lo iba a devolver? Lo que ha hecho ahora no tiene ningún pase, pero sabe que Pedro ya no la va a cesar. Lleva abusando mucho tiempo". En la misma longitud de onda se mueve un alto responsable de un ministerio con años ya de experiencia también orgánica: "No puede ir nadie a su bola en un Gobierno. Lo siento, pero hace daño al global. Yo soy muy PSOE y de hacer las cosas por el colectivo y por lo que nos jugamos. No estamos para crisis de gobierno, sino para remar todos a una. Es que no procede lo que ha hecho".

En el PSOE, la lectura también es bastante compartida. "No puede ser tan verso libre. Está haciendo daño al Gobierno y lanza la impresión de quiebra en él", apunta un jefe de Organización de una federación con mucho peso. "A ella la valora la derecha, pero no la gente del partido. Genera cierto rechazo entre los progresistas. Marlaska procedía del espectro conservador de la judicatura [quien le promovió como vocal del Consejo General del Poder Judicial fue el PP], pero cae mejor dentro", continúa este mismo alto mando.

Le tengo mucho afecto a Margarita y creo que es muy valiosa y que lo está haciendo muy bien en Defensa... pero lamento mucho este gesto, francamente. Si yo estuviera en su piel, dimitiría", apuntan una integrante de la dirección socialista

—Yo soy de las que piensa que cuando alguien no está contento y discrepa de quien le ha nombrado, porque nadie es ministro por oposición, sino por designación, lo que tiene que hacer es irse agradeciendo la oportunidad y cerrando la puerta al salir —apunta una alcaldesa, verbalizando una opinión compartida también por altos mandos en la Moncloa—. Los versos libres están muy bien para los cantautores, pero no para los cargos designados. A mí desde luego me molesta su actitud. Si no estás contenta, te vas. Y si te quieres quedar, acatas, pero lo de estar dentro tocando los cojones yo no lo veo. La gente del partido está más quemada con ella que con Marlaska, porque no siendo ninguno militante, es más leal él que ella.

—En mi humilde opinión, las discrepancias es preferible defenderlas dentro —indica una integrante de la cúpula federal socialista—. Le tengo mucho afecto a Margarita y creo que es muy valiosa y que lo está haciendo muy bien en un ministerio tan difícil como Defensa... pero lamento mucho este gesto, francamente. Si yo estuviera en su piel, dimitiría.

El rey Felipe VI visita, acompañado de la ministra de Defensa, Margarita Robles, la exposición 'España en los Estados Unidos. La contribución de los españoles y su ejército al surgimiento de una nación', junto al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page; el presidente de las Cortes regionales, Pablo Bellido y el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, este viernes en el Museo del Ejército, este 4 de septiembre de 2026. | EFE / ISMAEL HERRERO

A Robles sí se le valora internamente por su gestión en su departamento, por tener bajo control a las Fuerzas Armadas en estos más de ocho años, a diferencia de un Marlaska al que se le concatenan las crisis internas y los conflictos con Policía y Guardia Civil. Y a Sánchez le resulta valioso su perfil: una ministra que gusta a la derecha y que puede atrapar a los sectores más templados del electorado. Y en la pasada legislatura le servía de contrapeso a Podemos: ella era la más beligerante con los morados, ayudaba a centrar al Ejecutivo.

Robles fue una apuesta personal de Sánchez: la integró en sus listas en 2016, ella le respaldó en el 'no es no' a Rajoy, luego él la nombró portavoz y después ministra de Defensa con el poder del CNI

Además, siempre ha sido una apuesta muy personal suya: la fichó en 2016 cuando era magistrada del Supremo para unas elecciones que se vislumbraban ruinosas para el PSOE —y así fue, su peor resultado histórico: 85 escaños—, ella sostuvo el no a la investidura de Mariano Rajoy junto con otros 14 diputados socialistas, le respaldó en su lucha en las primarias de 2017 y él la nombró portavoz del grupo tras su victoria. En 2018, cuando llegó a la Moncloa, Robles entró directa en las quinielas de ministrables y se hizo con la cartera no de Interior —nunca la quiso, siempre recordó sus años como secretaria de Estado en los estertores del Gobierno de González—, sino de Defensa, y consiguió quedarse con el control de CNI, que en los ejecutivos de Rajoy recayó en la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Robles ha ido creciendo en su ministerio, ha asumido una ingente cantidad de fondos públicos —el gasto militar ya está en el 2% del PIB— y ha pulido su perfil público. En esta crisis de Ceuta, no solo ha dejado a resguardo a los servicios de inteligencia, sino que supo mostrar empatía en su viaje a la ciudad autónoma, aguantando el chaparrón de críticas de unos ciudadanos indignados por el "abandono" del Gobierno, logrando tranquilizar a una de ellas, Pepi. La misma respuesta que dio cuando se desplazó a Valencia tras la dana y mantuvo el tipo en un encontronazo en un garaje con unos vecinos de Paiporta. Y fue la única ministra que pidió "disculpas" por la gestión del Ejecutivo en la emergencia ceutí. Sus críticos sostienen que nada es casual en ella y que busca ser empática para agradar a las derechas. "Ella ya sabe que le queda lo que quede de legislatura, y solo busca salvarse de la quema. Vamos, que el facherío madrileño al menos no la insulte en la calle. Debería saber que la derecha española es cruel, implacable y no paga traidores", observa un veterano.

La ministra no se sorprende de que le llamen "verso suelto": "No es nada nuevo que se diga eso, pero es una mujer comprometida y de Estado, y eso es casi lo contrario a ir por libre. Y del partido ella no es"

Robles, advierten en su círculo, no se sorprende de que la llamen "verso suelto" o que le reprochen ir por libre. "No es nada nuevo que se diga eso, pero es una mujer comprometida y de Estado, y eso es casi lo contrario a ir por libre. Y del partido ella no es", recuerdan.

Los que la defienden remarcan que ella "ha sido muy útil para Sánchez" todos estos años. "Margarita además es la única que ha sido sincera y empática en esta crisis. Se ha puesto del lado del Ejército, del CNI... Lo que yo creo que ocurre es que cada vez hay más gente que no se traga los relatos de Sánchez, porque el Gobierno no ha podido gestionarlo peor, la verdad", apunta una dirigente muy distanciada de Ferraz. "Y este fracaso del Estado", continúa, "es el último gran fiasco: Defensa contra Interior, Interior contra la Policía Nacional, el Gobierno contra los jueces... Un festival, vaya".

Otros ministros y altos cargos del Gobierno prefieren equilibrar. Dar una de cal y otra de arena. Y no ahondar en la herida. "Normalidad y no sobreinterpretar. Hay que seguir, que tenemos mucha faena. Estas son semanas difíciles y solo se superan trabajando e intentando que se resuelva todo lo antes posible. Es cierto que los temas que afectan al Consejo de Ministros siempre son más noticiosos o hacen más ruido, hay que asumirlo, pero yo defiendo que no hay que darle más vueltas", afirma un miembro del Gabinete de perfil más técnico. "No hay tema", resuelve otro ministro del área económica, "lo único que nos ocupa y nos preocupa es normalizar la situación en Ceuta lo antes posible". "Todo está muy complicado, pero saldremos adelante", huye de la polémica otro integrante del Gobierno que conoce bien a los titulares de Defensa y de Interior. "Ella", señala una secretaria de Estado, "es peculiar, pero también es verdad que Defensa es un ministerio muy difícil. Ellos [los militares] lo hubieran arreglado con armas".

—Es cierto que me di cuenta de que ella no aplaudía, me estaba fijando —asegura una ministra que insiste en que tiene buena relación con Robles—. Pero no veo que esto se saque de quicio. Es verdad que no se lleva con Marlaska, pero sí se trata con el presidente, con el ministro de Exteriores [José Manuel Albares], con Ángel Víctor Torres [responsable de Política Territorial y ahora nombrado mando único en Ceuta]. Hay que tener en cuenta que ella no es de partido. Pero, por ejemplo, en esta crisis Margarita está contribuyendo a la solución.

En el partido hay quienes apuntan que el presidente debería haber "puesto orden" en su Gabinete, que su error fue haber nombrado a dos jueces, y "no sale bien ni uno", y que hay "indignación" con Robles

En el partido hay quienes apuntan que Sánchez debería haber "puesto orden" en su Gabinete para frenar el ruido, que su error fue haber nombrado a dos jueces para dos ministerios de Estado como Interior y Defensa —"no sale bien ni uno, y lo hemos dicho mil veces, y eso que Fernando es buena gente"—, y que el episodio actual no se puede dejar enterrado porque es un "escándalo". "Hay indignación con ella —constata un cargo local con interlocución con muchos mandos—. Lo que pasa es que a Robles se le ha dejado mamonear con los nombramientos del Poder Judicial [ella fue vocal del CGPJ], y eso ha supuesto darle armas, muchas armas, y a mayores el presidente puso en sus manos el CNI, menudo suicidio. Poner en Interior y Defensa a dos personas que no son del PSOE es un error grave, porque no tienen las claves que los políticos de raza, como Rubalcaba o [José] Bono".

La ministra de Defensa Margarita Robles, conversa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia sobre Ceuta este 3 de septiembre de 2026 en el Congreso. | EFE / CHEMA MOYA

Para un Ejecutivo que no deja de acumular crisis, que no logra dominar la agenda y que se aproxima a unas generales muy debilitado, la controversia de Marlaska y Robles parecería una arista menor. Pero la diferencia, advierte un responsable con muchos años de oficio en el PSOE y con hilo directo con la Moncloa, es que en esta ocasión quien ha quedado comprometida es la figura del presidente: "Es que es un gesto deliberado de desafío al presidente. Lo que sucede es que ella sabe que Pedro no se puede permitir cesarla. Pero a un presidente no se le desafía. Si no estás a gusto, te vas. Y si te quedas, eres leal. La puesta en escena del jueves en el Congreso fue un gesto medido y abiertamente desafiante. Decir a estas alturas que es un verso libre es una indulgencia".

La diferencia es que queda comprometida la figura de Sánchez: "Es un gesto deliberado de desafío a él. A un presidente no se le desafía. Si no estás a gusto, te vas, y si te quedas, eres leal", dice un veterano

Robles continuará al frente de Defensa. Como Marlaska seguirá pilotando Interior. De eso caben pocas dudas, al menos por ahora. Lo dijo el presidente en la SER: su intención no es, "para nada, hacer cambios en el Gobierno". Estirar el combustible hasta el final de la legislatura sin sustituir ninguna pieza.