Después de algo más de un mes, una pequeña corrección de la trayectoria. Un giro, al menos discursivo. Un mínimo aviso. Pedro Sánchez comenzó este jueves a modular su estrategia respecto a Marruecos. Aunque fuera tímidamente, porque está por ver que esa cierta posición de mayor firmeza se traduzca en hechos. Pero pasó de eximir a Rabat por completo de toda responsabilidad de la entrada masiva a Ceuta del 30 y 31 de julio a admitir que hay "indicios" que deben "aclararse", a elevar el tono y a lanzar un puñado de advertencias. El presidente se mueve unos centímetros para responder a una creciente presión social, porque es consciente de que la batalla frente a la opinión pública (y frente a sus socios) la tiene perdida, y ese viraje coincide además con el conocimiento de un informe policial entregado a la Audiencia Nacional que apunta a que los gendarmes marroquíes sí guiaron el asalto en la frontera y con una finalidad migratoria solo "aparente", no real.
El presidente enfrentaba este jueves un pleno en el Congreso extremadamente delicado, con la derecha y la ultraderecha percutiendo en un asunto sensible y de alta rentabilidad electoral y unos aliados parlamentarios que le habían dejado solo por la deficiente gestión de la crisis humanitaria y por haber defendido hasta la saciedad que el Gobierno no tiene ninguna "prueba" o "indicio" de que Rabat participara de ningún modo en la avalancha migratoria.
Sánchez reafirma la españolidad de Ceuta y Melilla desde el arranque de su intervención, y luego revela que Exteriores había convocado el 21 de agosto a la embajadora marroquí, Karima Benyaich
En la Moncloa habían anticipado en las horas previas a la sesión en la Cámara baja, y tras conocerse la literalidad del informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) elevado a la jueza María Tardón, que no habría cambios de posición. Pero Sánchez sí moduló su discurso. Desde el primer minuto, cuando recordó que Ceuta y Melilla son ciudades españolas "desde hace siglos" y por acuerdo diplomático desde 1860 y lo seguirán siendo "hasta el final de los tiempos". Un subrayado de la españolidad de las dos ciudades autónomas que no podía ser casualidad después de que dos ministros marroquíes —el de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y el de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq— las reivindicaran y aludieran a su liberación. Declaraciones "inaceptables", señaló Sánchez algo más adelante en su intervención y que motivó que Exteriores convocara a la embajadora del reino alauí, Karima Benyaich, el pasado 21 de agosto.
Ahí estaba una primera señal. Porque ese mismo día el ministerio de José Manuel Albares si aireó su protesta e informó de que la queja por las palabras de Ouahbi se habían "trasladado claramente" por los canales diplomáticos. No hubo más precisión. Tampoco la dio el ministro en su comparecencia en comisión en el Congreso del viernes pasado. Ahora el presidente revelaba que se había adoptado esa medida, que en lenguaje diplomático se traduce como una llamada de atención. Exteriores relató posteriormente que como Benyaich, persona de la máxima confianza del rey Mohamed VI, no se encontraba en España en ese momento, a la reunión en la sede del ministerio, "y siguiendo lo dispuesto en la Convención de Viena [sobre las Relaciones Diplomáticas de 1961]", acudió el encargado de negocios. El artículo 19.1 de ese tratado, en efecto, establece que si un jefe de misión no se encuentra en la legación diplomática, asume sus funciones, como máxima autoridad de la embajada, el encargado de negocios. "Sin que eso varíe en absoluto", añadía Exteriores, "ni el acto en sí ni el valor diplomático de la convocatoria", de manera que deducir otra cosa "es erróneo y no se ajusta ni al derecho ni a los usos diplomáticos que rigen las relaciones entre Estados".
El propio presidente reconoce que desde el asalto masivo se había instalado la idea de que Rabat tuvo que ver: "Soy consciente de las dudas, de los indicios, de las preguntas que hay. Me hago cargo"
Esa fue una clara señal de que las cosas han cambiado para el Gobierno. Si hasta ahora no se había contado esa decisión, justificaban en la Moncloa, era "por prudencia y responsabilidad". Algo había hecho clic en el Ejecutivo. Y el propio presidente explicó por qué: desde el 1 de agosto, "nuestras tertulias y redes sociales se llenaron de voces que señalaban a Marruecos como el responsable, y yo me hago cargo de ello". "Sé que mucha gente piensa que las autoridades marroquíes provocaron esta crisis. Y [lo] entiendo porque soy consciente de las dudas, de los indicios, de las preguntas que hay en el aire. Me hago cargo de todas ellas. Pero, señorías, como presidente del Gobierno, me corresponde gestionar esta crisis con rigor y con prudencia". Es decir, que la presión social ha influido en su giro.
Un cambio de paso muy medido que se manifestó en varios pasajes de la intervención inicial de Sánchez y en las réplicas a los grupos. Porque su punto de partida es el mismo: "A día de hoy, nadie ha aportado pruebas al Gobierno que permitan concluir que la entrada masiva a Ceuta fuera diseñada o ejecutada por las autoridades marroquíes". En la Moncloa remarcan, de hecho, que el informe del CENIF "avala" su planteamiento, porque apunta a agentes marroquíes, pero no señala al autor último de esa acción que entiende "planificada".
Insiste en que "nadia ha aportado pruebas al Gobierno" que apunten al reino alauí, "a día de hoy". Pero algo que deberá "dirimirse" es si el 30 de julio hubo "incapacidad o inacción"
Lo relevante es que, por primera vez, el presidente se abrió a la posibilidad de que la investigación acabe señalando a Rabat. Es más, incluso aseguró que deberá "dirimirse" si durante las horas centrales del 30 de julio, cuando miles y miles de inmigrantes cruzaron el espigón del Tarajal, hubo "incapacidad o inacción". Es decir, si hubo "permisividad", como denunciaron los agentes del CENIF en su informe.
"Cargados de hechos probados"
El Gobierno compartirá sus indagaciones "con total transparencia", prometió, y "si existieran esas pruebas sólidas actuaríamos en consecuencia, con total contundencia, como existe la situación", porque si algo ha dejado claro el Ejecutivo, siguió, es que "no tiene miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros". "Pero vamos a trabajar como hemos actuado siempre, cargados de hechos probados, contrastados", porque lo que no repetirá es lo de "otros", "que nos llevaron a participar en una guerra ilegal con pruebas falsas". Aludía, claro, a José María Aznar y a su decisión de unirse a EEUU en la guerra de Irak agarrándose a la existencia de armas de destrucción masiva que jamás se encontraron porque el régimen de Sadam Husein no poseía ese arsenal.
Promete actuar "sobre evidencias y no sobre sospechas sin contrastar ni prejuicios", porque los pasos en falso "no pueden deshacerse" y el Ejecutivo no quiere montar un "conflicto diplomático"
El líder socialista fue muy enfático, durante la sesión en el Congreso, de seis horas, a la hora de recalcar la necesidad de moverse con "prudencia", de no dar pasos en falso, puesto que su obligación es defender el "interés de los españoles" y tomar decisiones "sobre evidencias y no sobre sospechas sin contrastar ni prejuicios, ni intereses partidistas". "Porque hay pasos que cuando se dan ya no pueden deshacerse", alertó. Es decir, que acusar sin pruebas a Rabat podría acarrear un problema mayor y desencadenar "un conflicto diplomático de primer orden" con el país vecino.
En la Moncloa reconocían haber sentido "miedo" tras los parlamentos de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal porque su dureza sin concesiones con el reino alauí abocaría, de gobernar juntos, prácticamente a un choque incluso armado. En todo momento insistió, también frente a sus socios, que hay material muy inflamable entre manos, y que hay que manejar con tiento exquisito: no existe una política de "apaciguamiento" con Rabat, como le culpó la izquierda del PSOE, sino de "buena vecindad", la "misma" que han mantenido "todos los gobiernos", al margen de su signo político.
Defiende su política de "buena vecindad" con el país vecino, no de "apaciguamiento". "Cuando se vayan aclarando las dudas, los indicios que están sobre la mesa, responderemos de forma contundente"
En definitiva, lo que estaba trasladando Sánchez es que "de momento" —y ese inciso era muy relevante— no se ha podido determinar si detrás de los mensajes de llamada para cruzar la frontera hubo "perfiles asociados a movimientos de protesta social marroquíes o también a los Estados de Marruecos, de Rusia o Israel". "De momento" eso está "descartado por los servicios de inteligencia" españoles. Al tiempo, levantaba el pie sobre el acelerador contra Rusia e Israel que sí había pisado el lunes en su entrevista en la SER, cuando acusó a ambos países de haber amplificado los "bulos" y desinformación "después" del asalto del 30 y 31 de julio. Pero esa prudencia en la que tanto incidió "no está reñida" ni con la "contundencia" ni con la "transparencia", subrayó. Dicho de otro modo, que el Ejecutivo actuará si hay un salto cualitativo. "Cuando se vayan aclarando las dudas, los indicios que están sobre la mesa, iremos respondiendo de forma contundente", garantizó a la líder de Podemos, Ione Belarra.
Hubo más gestos. Para apuntalar su versión de que "ningún informe previó" ni la "escala" ni la "probabilidad" de la entrada masiva de aquellos dos días, el presidente avanzó que había dado orden de publicar un dosier con "todos" los avisos y comunicaciones existentes, para que puedan ser examinados por los medios y los ciudadanos. Su Gabinete en pleno aplaudió ese anuncio... salvo la titular de Defensa, Margarita Robles, quien de manera elocuente no palmeó desde su escaño, igual que al final de la intervención del presidente se sentó antes y dejó de aplaudir antes que el resto de sus compañeros de Consejo de Ministros. "Esto no es Bulgaria", defendían con humor fuentes próximas a Robles a la salida del pleno. En principio, el martes próximo se procederá a la desclasificación de documentos, y Defensa no se opone aunque sí pide que se tenga en cuenta que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) tiene relación con otras agencias de espionaje de otros países a las que no les gustaría que se airasen conversaciones clasificadas.

Visita del Rey "en las próximas semanas"
También Sánchez adelantó que pueden cambiar más cuestiones en la interlocución con Rabat. Por el momento se están "revisando todos los mecanismos de coordinación de alerta" que se comparten con Marruecos y se van a construir "garantías adicionales" para que no se repita el episodio del 30 y 31 de julio. "Nosotros tenemos que seguir cooperando con Marruecos. Queremos una relación de buena vecindad [...]. Pero es evidente que, después de lo ocurrido, esa cooperación tiene que ser diferente". Otro aviso explícito al reino alauí.
También advierte de que, "después de lo ocurrido, la cooperación con Marruecos tiene que ser diferente". Y mete presión adicional al aproximar algo más la fecha del viaje del monarca a Ceuta y Melilla
Un elemento añadido de presión, y potencial fuente de conflicto, es la visita del Rey a Ceuta y Melilla. Sánchez avanzó el lunes en la SER que la visita "se hará", y este jueves precisó que llegará "en las próximas semanas", sin aproximar más las fechas, aunque es improbable que ocurra antes de las elecciones legislativas marroquíes del 23 de septiembre y la formación de su nuevo Ejecutivo. De consumarse, será el primer viaje a las dos ciudades autónomas de Felipe VI y Letizia, y también el primero del jefe del Estado en casi 20 años, pues el anterior lo protagonizaron Juan Carlos I y Sofía, con José Luis Rodríguez Zapatero en el poder, y levantó una profunda irritación en Mohamed VI.
Desde la Moncloa reconocían que el jefe del Ejecutivo había elevado el tono con Rabat, aunque advertían de que la sesión de este jueves no era "el primer paso de una escalada". "Lo que está claro es que si hay pruebas, se perseguirá al culpable, quién puede dudar de eso", señalaban. ¿Y qué había motivado el giro? En el equipo directo del presidente lo atribuían al "ruido" y negaban que el informe del CENIF hubiera influido, porque de hecho "da la razón" al Gobierno, al no apuntar a un autor responsable.
En la Moncloa niegan que el viraje se deba al informe del CENIF. Y en Ferraz aseguran que en la reunión del lunes ya se plantearon dos vectores: "contundencia y humanidad"
En la cúpula socialista indicaban, sin embargo, que ya en la reunión del lunes pasado, posterior a la entrevista en la SER en la que se negó siquiera a rozar a Marruecos, se pusieron sobre la mesa dos vectores, "contundencia y humanidad". Antes, por tanto, de que se supiera la existencia del informe policial. "Pedro ha ido modulando en la dirección correcta, y con ese informe ahora sobre la mesa ha sido un enfoque más adecuado. Yo creo que ese documento ha sido el detonante, aunque la cuestión de la contundencia ya estaba prevista como enfoque desde el lunes", relata un miembro de la dirección del partido.
El Ejecutivo también confirmó este jueves que tiene plena constancia de que Rabat "está investigando lo sucedido" en Ceuta, igual que está haciendo el Gobierno español. "Y que lo haga es una obviedad. Así que se irán averiguando cosas seguro", confían.
En el puente de mando socialista y en el Ejecutivo se decían satisfechos con la sesión en el Congreso, pese a que se presentaba muy cuesta arriba, con una Cámara completamente hostil. "No veníamos a convencer, veníamos a explicar nuestra posición. Y es la de prudencia, porque no puede ser otra, y se nos tiene que exigir esto, igual que habría que exigírselo al primero partido de la oposición, porque lo que va a suceder es que Vox se va a comer al PP. Feijóo y Abascal se arrepentirán de lo que han hecho, del uso ruin que han hecho de Ceuta. ¿Qué están proponiendo, que declaremos la guerra a Marruecos? Es muy irresponsable y da mucho miedo", indicaban en la Moncloa. Tampoco extrañó en el corazón del Gobierno que los socios no se apeasen de su rechazo a la posición de Sánchez, y lo achacaban a la proximidad de las generales. "¿Hemos estado muy solos? Bueno, es la soledad del capitán del barco. Es prudencia y serenidad. No nos podemos permitir otra cosa. No podemos hablar con ligereza de montar guerras".
En la cúpula del Gobierno admiten la soledad en esta crisis, aunque la achacan a la cercanía de las elecciones y a que el Ejecutivo tiene que ser "prudente" y no hablar "con ligereza de montar guerras". Y se quita hierro a los gestos de Robles
Superado el trago de un pleno áspero, la actitud de Robles sabía a pura anécdota. Para ella misma, que como decían en su entorno sigue pensando que es "un lujo" formar parte del Gobierno y que tiene su derecho a expresarse como quiera. Y por parte de la Moncloa, que restaba todo vuelo a los gestos de la ministra de Defensa. Lo trascendente de la sesión era, sin dura, la corrección de la estrategia del presidente. Completamente visible y diáfana después de un mes largo sosteniendo que Rabat era y es un socio "fiable" y colaborador. Pero la opinión pública completamente a la contra y el peso de un informe en poder de la jueza han operado ese mínimo cambio. Con muchas precauciones. Quizá todas.
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