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La prostitución, los robos y las drogas cubren el 'sol canario' en el barrio de Arenales

Barrio Arenales en Las Palmas de Gran Canaria

Carmen Vivas

El sol. Un invitado que baña de manera incesante el archipiélago canario. Ese que aporta alegría a las calles y energía a las personas, el protagonista en nuestras Islas Afortunadas, excepto en una de las zonas de su capital.

Hasta hace poco San Cristóbal o San José podían considerarse los más problemáticos, pero el barrio de Arenales ha emergido de los suburbios para coronarse como el más conflictivo de Las Palmas de Gran Canaria. Se construyó a finales del siglo XIX y principios del XX, en un momento histórico para la capital grancanaria. Se comenzaba a dar la apertura económica con la construcción del Muelle de La Luz y de Las Palmas y se derribó la muralla que durante siglos había puesto el límite entre la zona urbana y la rural, englobando principalmente los barrios de Vegueta y Triana.

Parcelación de Arenales
Parcelación de Arenales Topónimo Gran Canaria

Durante cuatro siglos, el espacio estuvo delimitado por el mar y las murallas que rodeaban la zona. Salvo por los asentamientos de los agricultores y los marineros fuera de los muros el área estaba dedicada al cultivo, donde se encontraban las huertas de Triana y «las Arenas», una marisma de arenas y tierras más al norte que hasta la expansión de 1800 eran consideradas «fuera de La Portada». Fue ahí cuando la gran marisma y el humedal de la muralla pasaron a denominarse ‘Arenales’.

No es hasta 1852 cuando se procede al derribo de la muralla, en pleno auge económico, derivado del comercio de la grana o cochinilla en el que la ciudad era más un centro de producción que de distribución. Ahí es cuando la burguesía se convierte en la encargada de promover el desarrollo urbano de la ciudad. Más tarde, en 1858, se da comienzo a las parcelaciones y el reparto de sitios urbanizables, iniciándose a su vez concesiones de construcción en este nuevo barrio.

Los robos y la prostitución en Arenales

El tráfico de droga, la prostitución, los gritos e insultos a altas horas de la madrugada y los robos a plena luz del día, han hecho que Arenales no vuelva a ser el mismo. Entre las calles más ‘oscuras’ destacan Molino de Viento, Agustín de Bethencourt y Pamochamoso.

Precisamente, entre estos callejones encontraron el pasado 31 de octubre un cadáver hallado junto al Centro Cívico Suárez Naranjo. Suceso que aún se encuentra en investigación por la Policía, aunque las hipótesis apuntan que la muerte se debe a una sobredosis.

Fernando (41 años) «nacido y crecido» en Arenales, cuenta para El Independiente que la calle de Molino de Viento «eran otros tiempos». Comenta que lo único malo que hay ahora mismo «es la venta de droga, porque la calle antiguamente era de prostitución, y no había problemas ninguno».

Una de las prostitutas de la calle Molino de Viento en el barrio Arenales, en Las Palmas de Gran Canaria
Una de las prostitutas de la calle Molino de Viento en el barrio Arenales, en Las Palmas de Gran Canaria Carlota Martínez

El pasado año 2021, las trabajadoras sexuales hicieron una campaña, pidiendo ayuda ciudadana, para que se las reconociera como empleadas bajo el hashtag #YoConLasPutas: «Con este hashtag las trabajadoras sexuales y los colectivos pro-derechos han realizado recientemente una campaña para visibilizarse, pero sobre todo para exigir derechos que las reconozcan como trabajadoras y las amparen como sujetos. En esto precisamente consiste mirar de frente la prostitución, hacerlo viendo detrás de esta palabra y al frente de este trabajo a personas, mayoritariamente mujeres, sin prejuicios que las estigmatiza, las condena y hace que consideremos que ellas y el trabajo que ejercen son un problema que genera vergüenza y miedo empujando a salir del barrio a quienes habitan en él», narra el comunicado lanzado por parte de la Asociación feminista canaria ‘Draga Espacio’

Y prosigue: «La colaboración vecinal es clave para diferenciar las situaciones de trata del ejercicio voluntario de la prostitución, por ello, consideramos que es fundamental alejarnos de acciones paternalistas que pongan por delante ‘mirar’ o ‘ver’ (que se ha concretado en carteles con ojos) lo que puede llevar a interpretar la colaboración ciudadana desde acciones como vigilar, prohibir, censurar, castigar, condenar o, en otro orden, en acciones compasivas que nada colaboran en la transformación social y que alejen a las mujeres que ejercen la prostitución de sus vecinas y vecinos, que las miran y las señalan como ‘las otras'», sentencian.

Uno de los trabajadores de la Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales cuenta su experiencia con la delincuencia narrando que lo único que puede decir es que «por las tardes pasan los muchachos y tratan de agarrar cualquier cosa de aquí», dice señalando las cajas repletas de comida que guardan en su despensa. «No sé si por necesidad, o por qué, pero lo agarran y se lo llevan», explica.

Fernando discrepa en ese sentido: «Fíjate, yo no lo he pasado eso, pero sí sé que en las iglesias colindantes también han entrado a robar y demás», aunque su compañero Gabriel (24 años) le recuerda una situación que vivió a plena luz del día. «Cuando te vino un tío a pedirte, que tu tiraste las bolsas y todo y ya le ibas a pegar». «Ah sí», recuerda Fernando, «bueno pero es por eso, que hay que hacerse respetar. Pero yo sí he visto a gente que les roban y sí que me da pena porque es que se ve, que no responden. Tampoco hay que ser así».

La ausencia de policía aumenta la inseguridad

¿La policía no controla? Les pregunto. «¿Policía? ¿Eso qué es?, dicen de manera sarcástica, -me río- «ah, policía, si… Unos que van disfrazados, sí. Tú les llamas y cuenta de tres cuartos a una hora u hora y diez o y cuarto, a lo mejor porque ellos están jugando al cinquillo, escalera de color, o lo que les salga y entonces ellos no van a dejar la partida para venir por ti. Tranquila, que no lo van a hacer», cuenta. Y es que a pesar de que las intervenciones policiales en Arenales se triplicaron en 2021 han bajado de 603 a 51 este año. «La policía para a quien no tiene que parar», dice Gabriel, por su parte, «por ejemplo me ven a mí, piensan que soy un chiquillaje y me paran a mí a ver si llevo algo encima, pero a los que tiene que parar que son los que se ponen a robar y llevan cosas encima y tal, a esos no los paran».

La policía para a quien no tiene que parar

«Yo he estado en mi casa y han habido altercados por ahí, no que tengan que ver conmigo, pero claro no dejan dormir. Ya pueden ser las 12 de la noche, la 1 de la madrugada y demás y uno llama a la policía y uno cuenta, ya te digo, una hora, hora y pico, y es cuando llegan. Ellos llegan, ahí sí, dos, tres coches, lo que tú quieras y uno dice, ¿tanta gente para qué? Si tantos coches no hacían falta, ¿no? Con uno valía. Pero nada, llegan todos ellos, hacen el paripé, se van, y vuelven otra vez, y dices tú ‘¿entonces para qué?'». A pesar de ello, viven tranquilos, o más bien, tienen que hacerlo.

De esta manera, el PP presentó en el mes de octubre denuncias como medio de generar una reacción municipal e instaron a los vecinos de Arenales a denunciar ante la policía los problemas de inseguridad y convivencia que vienen relacionados desde hace años, pero que se han agudizado tras el levantamiento del confinamiento. Las peleas, los gritos y la venta de droga han superado ya la capacidad de aguante de muchos vecinos.

Preguntamos a un agente de estacionamiento si cree que Arenales es un barrio conflictivo. Asintiendo nos dice «¿No lo ves?». Cuenta que hay muchos robos, pero sobretodo ocurren los fines de semana y por la noche. Una calle luminosa y sin apenas gente, a pesar de la prostitución, que parece tranquila a simple vista y que se encuentra paralela a una de las de mayor tráfico de la Isla, León y Castillo, se convierte en otro mundo cuando llega el viernes por la noche.

Gabriel explica para este periódico que «esto es una lotería, te puede tocar o no. Sobretodo en la parte de abajo, donde está Molino de Viento, ahí es mejor no meterse». «Por la noche es donde suele estar toda la movida. Luego, en la parte de abajo, donde está León y Castillo, se ponen mucho a vigilar, a ver si vas solo, si no vas solo… A mi mismo más arriba me tocó, en Tomás Morales», narra, «vino un tío a robarme. Me sacó un pincho, que le diera todo, y yo, sinceramente, ese día no había dormido, me bloqueé… pero no me quitó nada, yo me eché para alante y le dije que ‘no me vas a quitar nada, no tengo nada’ y punto. Al final él por su camino y yo por el mío».

Antiguamente era la prostitución, ahora el único problema es la venta de droga»

El concejal de Urbanismo, Javier Doreste, reconoció que el Consistorio no tiene medios para realizar las inspecciones necesarias, de ahí que propusiera la denuncia de los afectados. Expuso que no constaban denuncias y que no había capacidad de inspección por parte del ayuntamiento, pero que cualquier denuncia era tratada por el Ayuntamiento con todas las garantías legales para todos los afectados.

Desde esta posición, el grupo de gobierno rechazó una moción del PP que trataba de articular una respuesta municipal en tres frentes: el de la seguridad, con un refuerzo de la presencia policial y la activación de las cámaras de videovigilancia, inoperativas desde hace tres años; el del control de las actividades y los usos permitidos en los inmuebles; y, por último, el de la atención social para las mujeres en situación de prostitución.

«La coca es el motor de mi vida»

El Independiente ha podido hablar con uno de los drogadictos de la zona. Ayose, de unos 42 años, contaba con una sonrisa lo bien que lo pasaba con sus colegas por esas calles, que aunque, dice, no vive ahí, han sido las que le han visto crecer y las que le dan vida cada día. «La coca es el motor de mi vida», expresa a esta servidora. «Aquí, lo pasamos bien, estamos todo el día riendo, bebiendo, con música, bailando. A mí me han apuñalado, me han robado y mira, aquí sigo, feliz», cuenta con una botella de alcohol bajo el brazo.

Ayose (izquierda) y uno de sus amigos (derecha) frente a la calle Molino de Viento en el barrio de Arenales (Las Palmas de gran Canaria)
Ayose (izquierda) y uno de sus amigos (derecha) frente a la calle Molino de Viento en el barrio de Arenales (Las Palmas de gran Canaria) Carlota Martínez

Ayose, a diferencia de Fernando, sí cree que vaya con asiduidad la policía, aunque reconoce que nunca ha tenido ningún tipo de conflicto con ellos.

Roma estudia los colores de Arenales

A pesar de la delincuencia, Roma se ha interesado en los colores que bañan los edificios del barrio canario con más peligroso de la isla. Su encanto y sus singularidades arquitectónicas fueron las que llevaron a una restauradora del municipio de Santa María de Guía a estudiarlo. Isolina Ramos consiguió transportar la magia de Arenales a la Real Academia de España en Roma, con el objetivo de poner en valor el mortero y las pinturas originales de los edificio. Es la tercera canaria que consigue ser becada por la institución. La precedieron los artistas tinerfeños Francisco Borges y Juan Bethencourt.

Arenales fue uno de los barrios que marcaron el principio del arte neoclásico en la ciudad, coincidiendo con la época en la que aparece la figura del arquitecto que, hasta ese entonces, no existía en las Islas.

La idea que nacía en Arenales era la de barrio residencial, de familias de clase media-obreras que trataban de seguir ese gusto estético. En el neoclásico prima la horizontalidad, las aberturas, las puertas y las ventanas bastante altas. Los elementos de madera en las carpinterías y se comienzan a ver los trabajos de forja, de metal en los balcones, explica.

Por otra parte, Ramos cree que se están perdiendo muchos elementos que son patrimonio de la ciudad y que la hacen singular. La restauradora no se define como una «radical conservadora», pero deja claro que debe existir una forma y una estética similar.

La piedra, los morteros de cal y la arena que se empleaba en esa época despiertan la curiosidad de la experta. «Los morteros de Arenales tienen un amplio contenido en arenas muy similar en todos los edificios analizados», destaca, lo que viene a decir que la cogían a pie de obra. Es la arquitectura anterior a la Escuela de Arquitectura Las Palmas, a la Revolución Industrial y al boom turístico, que a Canarias llega un tiempo más tarde.

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