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Tres Mil Viviendas: droga, paro, pobreza... y un futuro que nunca llega

Los vecinos de este barrio sevillano, levantado hace más de 40 años y uno de los más pobres de España, demandan más apoyo de las administraciones públicas: "Hay mucha gente honrada que se busca el pan humildemente cada día"

Polígono Sur de Sevilla para la serie de barrios conflictivos

Carmen Vivas

«Era la barriada más bonita que había en la ciudad y hoy es la más destrozada. Es el cubo de basura de Sevilla». Camino ya de los 74 años, Carmen lleva viviendo desde hace más de cuatro décadas en las Tres Mil Viviendas, uno de los barrios más degradados y con peor fama de todo el país. La droga, el desempleo, el fracaso escolar, la pobreza, la delincuencia y la exclusión social marcan el día a día en una parte importante de este núcleo urbano, a tan sólo cuatro kilómetros y medio del centro.

A mediados de los 70 se concibió una gran operación urbanística al Sur de la ciudad con la que se pretendió realojar a familias que malvivían en diversos núcleos chabolistas y a parte de la población que se trasladaba desde el mundo rural en busca de trabajo. A la vista de los resultados, quizá esa idea de concentrar en una misma zona una importante cantidad de familias procedentes en muchos casos de la exclusión fue un gran error.

Fue así como empezó a levantarse las Tres Mil Viviendas o barriada Murillo, estructurada en cuatro sectores diferenciados por el color de sus fachadas (rojo, amarillo, verde y marrón) y a las que se sumaron unos años después los núcleos contiguos de Martínez Montañés o Las Vegas (1.424 viviendas) y Antonio Machado (700). Muchos de estos pisos son en régimen de alquiler protegido de la Junta de Andalucía, que los gestiona a través de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA).

Murillo, Antonio Machado y Martínez Montañés son tres de los seis barrios que integran el Polígono Sur de Sevilla, una extensión de 145 hectáreas en la que se calcula que viven unas 35.000 personas. Es una de las 99 zonas desfavorecidas identificadas en la Estrategia Regional Andaluza para la Cohesión e Inclusión Sociales (ERACIS) como áreas de «actuación prioritaria» por registrarse una situación grave de exclusión. El Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntala con un dato esa realidad: es la de menor renta neta media anual con 5.666 euros por habitante.

Ejercicio diario de supervivencia

Las Tres Mil Viviendas es uno de los principales focos del tráfico de droga de la ciudad y escenario frecuente de graves sucesos, como el disparo recibido en la cara por un hombre de 35 años el pasado 24 de octubre -murió dos días después en el hospital- o el apuñalamiento mortal de otro varón a principios de septiembre. Episodios como estos son los que han hecho que sea conocido fuera de Sevilla este barrio, donde también residen centenares de familias trabajadoras -muchas dedicadas a la venta ambulante- que tratan de salir adelante en medio de no pocas dificultades y que sueñan con un futuro mejor para sus hijos. Para muchas, cada día es un auténtico ejercicio de supervivencia.

«El lastre fundamental es la droga. El problema no es el paro, que lo es; la escasa formación de la población, que lo es; el escaso interés en el sistema educativo de una parte de los vecinos, que lo es; o la exclusión, que también lo es. Fundamentalmente es la droga», opina Jaime Bretón, actual Comisionado para el Polígono Sur. Se trata de una oficina puesta en marcha por el Gobierno Central, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla hace 19 años para impulsar un plan integral de recuperación del barrio y que ejerce la interlocución directa con los vecinos.

Bretón se alinea en el grupo de los que considera que «se ha avanzado» en las dos últimas décadas, especialmente en materia de equipamientos. La zona cuenta hoy con 17 centros educativos, dos de salud, instalaciones deportivas, un centro cívico y otro de participación activa de mayores, un edificio de creación cultural, una residencia universitaria… Con todo, el comisionado lamenta que se haya perdido la «oportunidad» de ubicar la comisaría de Policía Nacional en el corazón de las Tres Mil Viviendas -finalmente se ha levantado junto al apeadero de Cercanías situado al lado del Hospital Virgen del Rocío- y aboga por que las administraciones construyan en alguno de los 11 solares que carecen de uso actualmente dependencias administrativas para que «otra parte de la ciudad confluya» y se favorezca así la integración.

Muchos vecinos están esperanzados con el cambio, quieren progresar y llevar una vida como Dios manda»

«En los últimos años no veo avance alguno, yo no lo he notado», sostiene Rafael Pertegal Santiago, secretario de la Asociación de Vecinos Martínez Montañés e hijo del veterano dirigente vecinal Rafael Pertegal Ruiz de Henestrosa. Residente en la zona desde hace 33 años, él valora «positivamente» la figura del actual comisionado pero demanda una apuesta más decidida de las administraciones: «Cuando se presentan a las elecciones, los partidos políticos dan tres pinceladas para ganar votos pero después no le dan continuidad. Estamos un poco abandonados. Aquí hay muchos vecinos que tienen la ilusión de prosperar, de mejorar y trabajar por su barrio».

Pertegal critica que no se haya hecho aún realidad la rehabilitación de bloques y viviendas incluida en los diferentes planes integrales aprobados para el Polígono Sur y demanda una mayor supervisión sobre las ayudas que se conceden para el barrio. «La Administración debería tener un mayor control sobre estas subvenciones: a dónde van destinadas, de qué manera y que frutos se obtienen. No se puede dar una cantidad para un proyecto y luego no esté terminado o no haya tenido ningún resultado», plantea.

Como ha comprobado El Independiente durante la visita realizada esta semana, algunos edificios están destrozados. La estampa es más propia de una zona de guerra que de un barrio ubicado a no demasiada distancia de uno de los clubes sociales y deportivos más selectos de Sevilla (Pineda).

«Que se arreglen los bloques por dentro», reclama Moisés -de 23 años- mientras carga el coche de cubos de flores para venderlas en la calle. Esa misma reivindicación sale de la boca de Dolores Monje, que lleva residiendo en la barriada Martínez Montañés la mayor parte de sus 50 años de vida.

Ella regenta un pequeño y modesto kiosco de productos de alimentación y limpieza en un bajo, uno de los escasos puntos para comprar que han quedado en la barriada de Martínez Montañés. «Se vive regular, para qué vamos a decir que se vive bien. «No tenemos luz, los escalones están partidos, hay muchísimas ratas…», comenta sin rodeos al periodista, que un rato antes ha fotografiado un charco de aguas fecales.

En junio de 2020, Felipe VI y Letizia visitaron las Tres Mil Viviendas para interesarse por la situación de los vecinos en plena pandemia y conocer el trabajo que lleva a cabo el comisionado y los proyectos sociales que desarrollan fundaciones como Don Bosco y Alalá. «En el Polígono Sur no cabe más pobreza ni exclusión», se leía en el cartel que exhibía una mujer que había acudido a ver a los Reyes. Junto con el también sevillano de Los Pajaritos, es el más pobre de toda España.

«Cambio en la mentalidad»

Delegado del distrito Sur durante su etapa como concejal en el Ayuntamiento de Sevilla (1987-1996), Jaime Bretón considera fundamental que se produzca un «cambio en la mentalidad» de los vecinos, especialmente entre las nuevas generaciones. «No pueden esperar que la Administración les ponga el piso, les pague la luz y el agua, les dé de comer y les encuentre un trabajo. Tienen que formarse y educarse, tienen que dar el salto de calidad de romper con los patrones anteriores y hacer un esfuerzo personal como hacemos todos. Y luego evidentemente el tema de la droga, hay que acabar con la droga. En estos barrios, la Administración se tiene que imponer, porque si el Estado de Derecho mira hacia otro lado y no lo hace son los malos los que asumen ese rol, lo cual es muy perjudicial para todos. Mientras no se arregle el tema de droga avanzaremos poco a poco», añade.

El barrio alberga desde hace más de 30 años un centro de tratamiento de adicciones que, ubicado junto a uno de los dos consultorios médicos y mantenido por la Diputación de Sevilla, es el que administra más metadona de toda la ciudad: tiene unos 500 usuarios. Ahí han llegado a ser atendidas hasta tres generaciones de una misma familia (abuelo, padre e hijo).

«La gente se tiene que formar y educarse y desde las administraciones daremos las herramientas necesarias para que lleguen las oportunidades. Pero si la gente ve que el camino más fácil para comprarse un móvil o un BMW es plantar marihuana y dedicarse a eso, el aliciente de la preparación y el trabajo desaparece en un sector de la población que no le tiene miedo a estar coqueteando con la ilegalidad y con el sistema carcelario», razona el Comisionado para el Polígono Sur.

La proliferación de cultivos de marihuana en el interior de los pisos ha provocado otro problema añadido que terminan sufriendo muchos vecinos ajenos a esta actividad ilícita. A finales del pasado mes de febrero salió ardiendo un transformador de luz que dejó sin suministro tanto a numerosas viviendas de la barriada de Martínez Montañés. Muchos bloques continúan hoy sin luz, lo que ha provocado que muchas familias -con personas mayores, niños y enfermos- no dudaran en realizar enganches ilegales para poder disponer de energía. Es minoritario el número de pisos de esa zona que tienen contratos de suministro, una situación que se trata de regularizar ahora con escasos resultados todavía.

«Ante la incompetencia de las diferentes administraciones, el vecino no ve otra salida que seguir cogiendo la luz de donde humanamente pueda. No hay derecho que tenga que ir en tres ocasiones a contratar la luz ni tampoco que la Junta diga que tiene el presupuesto bloqueado y que no puede seguir adelante con el proceso porque no tiene dinero. Entonces estos vecinos, ¿qué hacen? ¿Se quedan sin luz hasta que desbloqueen el presupuesto o hasta que AVRA quiera asumir sus competencias? Es imposible», censura Rafael Pertegal.

Muchos vecinos muestran su hartazgo por el hecho de que siempre se hable de las Tres Mil Viviendas por cuestiones negativas. «Somos gente humilde y trabajadora», proclama Manuel, un vendedor ambulante que junto a Rafael Pertegal han acompañado al periodista por la zona para explicar los problemas que arrastran y la falta de soluciones que encuentran. «Veo pocas ayudas, de las que sí se benefician otras personas. Que sepa el Gobierno y la gente de la Junta lo que hay aquí. Quizá ellos están detrás y no lo ven, por eso quisiera invitarles a que vinieran al barrio. Se pueden hacer muchos proyectos para poder salir adelante, por las criaturas mayormente», indica.

Buscarse el pan «humildemente»

Juan Gómez (47 años) también se dedica a la venta ambulante y conoce bien las prioridades. «Hay de todo como en todos sitios. Hay mucha gente honrada que se busca el pan humildemente cada día. Que den oportunidades y trabajo. Un padre de familia que no tiene empleo sale cada mañana como un loco porque tiene que darle de comer a su familia», comenta.

«Lo que necesitamos los vecinos es una oportunidad», sentencia Rafael Pertegal, deseoso de que las entidades sociales puedan sentarse con las administraciones con competencias en esta zona para buscar «un proyecto ilusionante» para esta zona. «Muchos vecinos están esperanzados con el cambio, quieren progresar, integrarse verdaderamente y llevar una vida como Dios manda», expone. «Yo soy feliz en mi barrio, pero me gustaría que mis hijos crecieran en él con mejores condiciones», apostilla.

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