Es pequeño, apenas tres calles problemáticas. Figura como el punto rojo de todas las grandes ciudades que las guías oficiales recomiendan evitar, los locales no frecuentan y la realidad, en muchos casos, desmiente a unos y otros. Ni tan bien, ni tan mal. Los registros oficiales aseguran que en el barrio de San Francisco de Bilbao viven apenas 7.300 personas. También que sólo el 31% es población de origen extranjero, el doble que cualquier otro distrito de la capital vizcaína. La imagen popular más extendida habla de este barrio como el rincón de la droga, de la prostitución y la delincuencia. Ubicado a escasos metros del centro de la ciudad, del punto de llegada previsto para el Tren de Alta Velocidad, entre el Casco Viejo y la Ría del Nervión, su historia se escribe entre minas, Camino de Santiago y discriminación.

El barrio de San Francisco no es lo que fue ni lo que todos desearían que fuera. Del lugar en el que los mineros de la mina cercana lo elegían, -o se resignaban-, para vivir o donde olvidarse de sus penas en locales de alterne y bares de dudoso prestigio, queda poco, casi nada. El barrio en el que durante los años 90 la heroína mostraba su crueldad a plena luz del día es sólo un pasado difícil de borrar. Después llegó la cocaína y la situación sólo se rebajó levemente, hasta que el hachís y otras drogas lo convirtieron en el rincón del trapicheo y la convivencia tensa que es estos días.

El Nervión a su paso por el puente de Cantalojas.
  • BARRIO: San Francisco
  • CIUDAD: Bilbao
  • POBLACIÓN: 7.300 habitantes, el 31% de origen inmigrante, fundamentalmente Marruecos y el África subsahariana

El barrio de San Francisco se encuentra cerca del centro de la ciudad, entre el barrio de Abando y el Casco Viejo, en uno de los márgenes de la Ría del Nervión.

En las décadas en las que la inmigración extranjera apenas existía, San Francisco era ‘el barrio de los gitanos’, decían en Bilbao. Con sus costumbres, sus convivencias conflictivas. Después, llegó la inmigración marroquí, más tarde la procedente de Latinoamérica y más recientemente la subsahariana. Alfonso lleva 25 años como policía, la mayor parte de ellos patrullando por San Francisco. Asegura que el barrio hoy sigue siendo conflictivo pero nada que ver con lo que lo fue tiempo atrás: “Hoy en día la droga, como tal, ha dejado de ser un problema. Claro que sigue existiendo, pero más como trapicheo. El verdadero problema es la convivencia de la gente que vive en este barrio”.

Hace unos años eran los clubes de alterne y la prostitución las que se mezclaron con la droga generando una peligrosa y delictiva combinación. Este agente de la Ertzaintza afirma que hoy en San Francisco apenas funcionan un par de clubes en la calle Cortes. “Es una calle normal. Después está la calle San Francisco, una calle comercial y donde se concentra ese trapicheo de drogas y productos robados. Es ahí donde se registran esos problemas de peleas, gritos y demás por las noches”. La calle San Francisco cruza el barrio y está repleta de cámaras de vigilancia, pero apenas surten ya efecto: “Los problemas están con esa gente ociosa todo el día, que se concentran y deben convivir entre ellos. Las cámaras ya les dan igual. De algún modo, las autoridades saben que en una ciudad debe existir un lugar como este para tener a toda esta gente concentrada en un ‘gueto’ y no dispersa por la ciudad”.

Una difícil rehabilitación comercial

Desde hace 25 años, tanto la Ertzaintza como la Policía Municipal patrullas a diario por el barrio. Hay quien ve en ellos una reiteración de la estigmatización del barrio y quien asegura que permite que la degradación no vaya a más. Los datos oficiales muestran que en el vecino barrio de Abando, el centro de la ciudad, es donde más hurtos se producen, y que es en San Francisco donde se hace negocio con lo sustraído.

Rebeca decidió un día darle una oportunidad a San Francisco. El Ayuntamiento de Bilbao había animado a los emprendedores a trasladarse a sus calles para regenerar esta zona de la ciudad. Ayudas, promesas de seguridad y planteamientos orientados a imitar apuestas bohemias y rompedoras como el Borne de Barcelona encandiló a muchos. En la última década numerosos restaurantes, galerías de arte o pequeños negocios han abierto en el barrio… y cerrado poco después. Rebeca no puede, pese a que lo desearía: “Mi error fue comprar la lonja. Ahora me siento atrapada”. Una década después reconoce que no volvería a hacerlo, “ni loca”: “El ambiente de peleas continuas, de inseguridad, de suciedad que me encuentro todos los días es terrible”.

Por su negocio de diseño de ropa infantil son muy pocos los que pasan cada día. Su venta es fundamentalmente on line y es la que le permite continuar con el taller: “Vine porque el Ayuntamiento dijo que esto sería el nuevo zoco de Bilbao, que iba a rehabilitarse. Sin embargo, la realidad no es esa, creo que ha ido a peor”. Rebeca asegura que la puerta de su taller está cerrada para evitar sustos, “aquí hay delincuentes día y noche que campan a sus anchas”. En 2014 le robaron en su comercio, “se llevaron muchas cosas, máquinas incluidas”. Dice que la suciedad y la convivencia entre quienes “ocupan todo el día las aceras y los portales” es el mayor problema: “Es terrible, nunca estás tranquila. Yo cierro mi taller a las tres de la tarde porque por la tarde no se puede estar. Cuando salgo siempre voy con mi spray, imagínate, una chica sola frente a tantos chicos…”.

La visión pesimista del estado del barrio la comparte Gorka, presidente de la Asociación de Vecinos San Francisco Auzokideak. Lleva seis años residiendo en él y desde que llegó afirma que la situación ha empeorado: “Quizá en los 80 estaba la situación era más difícil, pero desde que estoy ha ido a peor”, señala. No niega que en algunos puntos de San Francisco, como Marzana o Bilbao La Vieja en poco tiempo se ha mejorado de modo importante la realidad, “pero en zonas como Corazón de María o el Puente de Cantalojas se podría decir que es horrorosa”: “Ha empeorado considerablemente y qué decir del tramo alto del barrio, la calle 2 de Mayo, ahí es de llorar”.

Convivencia conflictiva

Lamenta que en un barrio en pleno centro de la ciudad no se haya logrado atajar la situación de delincuencia y bandas que existe: “Es cierto que la convivencia es parte del problema, pero lo es porque hay bandas delictivas enfrentadas por el control de zonas del barrio para sus trapicheos. Por tanto, no diría que el problema sea la convivencia sino la delincuencia”.

«Hoy día no es como en los 80, con la heroína. Diría que la droga ya no es un problema pero sí la convivencia y los trapicheos»

ALFONSO. Ertzaina.

A sólo una calle del local de Rebeca está la tienda de ropa de Betto Snay. En la puerta, un lema en euskera: ‘Afrook, koloreak bizitzen’ (Afrook, viviendo los colores). Es un guiño a la integración en la sociedad vasca que hace este angoleño que llegó a Bilbao en 1999. Poco antes su madre huyó de la guerra en su país y más tarde se trajo a Betto y sus tres hermanos. Su altura le motivó a jugar al baloncesto en el equipo de Santurce, hasta que una lesión le obligó a dejarlo. Fue la oportunidad para aflorar su segunda pasión: la música. Lo hace a ritmo de rap y con ello, expresar todo lo que siente, lo que le gusta y le disgusta, lo que desearía transformar y lo que habría que conservar.

“Cuando cantas lanzas mensajes con lo que sientes. Vi que muchos se identificaban con lo que decía. Me propuse intentar influir en la sociedad pero en positivo, lo negativo está muy visto”, asegura. Defiende la necesidad de reconocer la diversidad cultural y racial como una riqueza, un valor, y eliminar “esa imagen fea que aún pesa sobre la inmigración, ¿somos un mundo plural y diverso!”.

Hace años puso en marcha una tienda de ropa de segunda mano, ‘Bazar San Francisco’. Fue la que le abrió los ojos del potencial desaprovechado que convivía en aquellas calles. Sus vecinos venían a pedirle trabajo, pero él no tenía cómo dárselo. La clave estaba en detectar sus cualidades e intentar canalizarlas. Lo habló con su amigo George Belinga, un vasco, hijo de madre vasca y padre camerunés, que cómo él ha sufrido en primera persona el estigma de ser ‘inmigrante de segunda generación’.

Así surgió Kops SF 34, el vivero de empresas que Beto y George promovieron y que hoy es una de las tablas de salvación y huida de la marginalidad para muchos jóvenes del barrio. “Es un modo de empoderar a inmigrantes con ganas de emprender. Lo más satisfactorio es que hemos logrado crear comunidad, impulsar proyectos, incidir en sus vidas y favorecer un desarrollo social y económico”. George recuerda cómo en este tipo de barrios la clave pasa en gran medida por “crear espacios de oportunidad” para romper la rueda sin fin en la que se puede entrar: “Cuando llegas a un país que no es el tuyo, no hablas el idioma, la cultura, lo que te falta son redes, apoyo. Nuestra misión es ser camino para otras personas, abrirles una puerta hacia un desarrollo vital”. En estos siete años, el proyecto ha ido evolucionado gracias a la cesión de locales de la Ikastola Harrobia, en la Plaza de la Cantera. Es allí donde nacen los talleres.

Barrios de llegada

“Este tipo de barrios son barrios de llegada. Creo que tienen que existir en todas las ciudades. Gente que llegan, mejoran su situación y se van. Luego vienen otros”, señala George. En el caso de San Francisco asegura que el perfil de la inmigración ha cambiado en los últimos años, con una mayor presencia de población de origen africano. No oculta que pueda existir un nivel de delincuencia y cierta conflictividad, “pero en un barrio con necesidades como es éste es lógico que exista”.

Betto cree que muchos de los problemas radican en que se perpetúan los estereotipos y las ideas falsas, en muchos casos por desconocimiento y miedo: “Es vergonzoso que vivas en el barrio de aquí al lado, en Indautxu, y mucha gente no conozca San Francisco. O que a los turistas se les insista en que no pasen por aquí. Ese tipo de mensajes estigmatiza a la población y refuerza la idea de que aquí todos somos malos”.

«Nuestra misión es ser camino para otras personas, abrirles una puerta a un desarrollo vital»

GEORGE BELINGA. KOOP SF 34.

Lamenta que en los intentos que se han hecho desde las instituciones para revitalizarlo no se contará con los vecinos. Sitúa precisamente en ello el fracaso: “Hace años se quiso impulsarlo con galerías de arte, restaurantes guapos… pero para ir había que reservar o llamar primero al timbre para ver si te abrían o no. En este barrio no se necesitan galerías de arte con cuadros a 800 euros. No se ha contado con la gente y eso es un error. Los negocios que vengan deben aportar algo al barrio”.   

El próximo 3 de diciembre Betto celebrará un concierto en la sala Bilborock, un local multiusos habilitado en una antigua Iglesia situada en la entrada a San Francisco. En el cartel, con su imagen, aparece como ‘El gudari africano’ anuncia la actuación de cantantes y dj del barrio. Además, se venderán camisetas con las que el 20% irá destinado a otros de sus proyectos ’Camas de cartón’. “Con esos recursos salimos a la calle para apoyar a la gente que duerme en las calles del barrio, les damos una manta, algo caliente y hablamos con ellos, escucharles es muy importante”.

Cuando el concierto concluya la realidad del barrio de San Francisco de Bilbao no habrá cambiado. Tampoco la visión de él desde un lado y otro del mapa de la ciudad o de la trinchera social desde la que se observe. Peligroso, degradado y sin apenas solución para unos y una oportunidad para enriquecerse culturalmente, abrirse a la diversidad y encontrar hombres y mujeres que sólo buscan una vida mejor… si se les deja.