Tribunales

El callejero franquista: ¿por qué Capitán Haya no y Millán Astray sí?

Imagen los carteles de las calles de Madrid que mantienen el nombre montado sobre la imagen de Millán Astray y los hermanos García Noblejas sobre las que cambian de nombre

El TSJ de Madrid obliga al Ayuntamiento a mantener el nombre de la calle General Millán Astray. Carmen Vivas

Las referencias del callejero a personajes del franquismo siguen siendo un recurrente reducto insumiso contra la Ley de Memoria Histórica. Esta semana, el protagonismo en Madrid ha recaído en las calles Millán Astray y Caídos de la División Azul, últimos varapalos a los cambios que aprobó el Ayuntamiento, por aquel entonces de Manuela Carmena, para eliminar los vestigios franquistas del mapa de la ciudad y cumplir con la disposición legal.

Lo que para algunos es una burla hiriente a la sensibilidad democrática, para otros es la batalla sin fin por mantener intactas las placas vinculadas al régimen. Pero, sea como fuere, y opiniones a parte, en la capital ha sido el Tribunal Superior de Justicia quien ha dictaminado sentencia y acordado, en este caso, mantener la denominación de ambas calles con localización en el distrito de Latina la primera, y de Chamartín la segunda.

Una calle a los ‘caídos de la División Azul’ no es exaltación del franquismo»

TSJ DE MADRID

La normativa a la que apelaba el consistorio de Carmena prohíbe la simbología de exaltación de la Guerra Civil y de la dictadura, pero los fallos judiciales han considerado que la calle Millán Astray fue nombrada así en 1924 en recuerdo del fundador de la Legión, y que la otra denominación rinde homenaje a los voluntarios de la División Azul, no al régimen franquista en sí: «La actuación impugnada adolece de la suficiente motivación, sin que del contenido del expediente administrativo puede desprenderse, de manera inequívoca, que Millán Astray participara en la sublevación militar, ni tuviera participación alguna en las acciones bélicas durante la Guerra Civil, ni en la represión de la Dictadura», sostiene el juez de instancia.

El autor del grito «¡Mueran los intelectuales!», el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, ante Miguel de Unamuno, no tuvo que ver con la Guerra Civil española, ni participó en la represión de los contrarios al golpe de Estado de Francisco Franco. Esta ha sido la interpretación del juez que ha caído como jarro de agua fría y resignación en manos de especialistas e historiadores para los que no hay justificación histórica que exculpe al fundador de la Legión de su colaboración con el levantamiento militar contra la democracia.

Francisco Franco y Millán Astray. Cuartel de Dar Riffien. Fotografía de 1926.

Sumadas a éstas, Madrid dispone actualmente de cuatro sentencias más dictadas en correspondencia con la nomenclatura de la Calle del Algabeño, Glorieta de Cirilo Martín y Crucero de Baleares. Seis en total de las cuales dos afectan a la misma, en concreto, a la del Algabeño.

Además, según fuentes oficiales del Ayuntamiento madrileño para El Independiente, están pendientes de sentencia del recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia, la Calle General Asensio Cabanillas, Hermanos García-Noblejas, Doctor Vallejo Nájera, Capitán Haya y Comandante Zorita.

‘Falta de datos’ que no cierran heridas

Desde la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica reclaman a los organismos públicos que se cumpla con dicha ley y que se reconozcan y amplíen los derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa durante el régimen.

La Asociación se acoge para ello en el Artículo 15 -apartado 1º-, por el que se establece que «las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura».

Imagen de archivo de la placa a la calle dedicada a la División Azul. Víctor Sanz.

Sin embargo, la ‘falta de datos’, parece un freno continuado a la acción. Al igual que con la Calle Millán Astray, la ‘imposibilidad de probar’ es un argumento esgrimido para sentenciar otras muchas peticiones de cambios de nomenclatura.

Parecido caso fue la anulación del cambio de la calle dedicada al torero ‘El Algabeño’ el mismo día que un operario del Ayuntamiento de la ciudad retiraba la placa. En este caso, el magistrado consideró que «por razones artísticas no parece que en su día se pusiera el nombre de la calle para agradecer o ensalzar la colaboración con la dictadura, sino, más bien, por reforzar de su quehacer en la tauromaquia. Lejos de aportar hechos concretos, es un juicio de valor».

No parece que se pusiera el nombre de la calle para ensalzar la colaboración con la dictadura. Lejos de aportar hechos concretos, es un juicio de valor»

ramón fernández

Los hechos aportados en esta ocasión se sostenían en base a que el torero y terrateniente andaluz, en julio de 1931 estuvo involucrado en la muerte de cuatro obreros en el Parque de María Luisa de Sevilla y prestó voluntaria colaboración en la sangrienta limpieza política de los barrios populares de Sevilla por Queipo de Llano, al inicio de la Guerra Civil.

El juez recalcó además en este caso que «se echa en falta que aporten datos objetivos, fácticos y concretos, que permitan analizar si las conductas específicas pueden interpretarse como tal colaboración o, simplemente, si ayudó a los sublevados que se alzaron contra el gobierno legítimo de la República».

Imagen de archivo de ‘El Algabeño’.

Entonces, ¿cuáles deben ser los hechos aportados, y cuál es el criterio establecido para que unas calles cambien de nombre y otras no?

En el caso de la calle dedicada al Capitán Haya, también en Madrid, el magistrado de lo Contencioso-Administrativo número 15 de Madrid, Eusebio Palacios Grijalbo, consideró que «se hace difícil vislumbrar que el Capitán Haya hubiera contribuido con su actividad de piloto militar a la exaltación de la sublevación militar», y, sin embargo, la placa fue retirada y la nomenclatura pasó a ser la actual: Calle del Poeta Joan Maragall.

Una puerta ‘medio’ abierta

Para la plataforma Millán Astray y el Colectivo de Familiares de Caídos en Rusia, la noticia de mantener las nomenclaturas actuales y fallos a su favor, puede abrir nuevos caminos y dejar la puerta entreabierta a provocar una cascada de sentencias judiciales que supongan el varapalo definitivo a los cambios que aprobó Manuela Carmena. Cambios que, consideran, responden a «una campaña de odio».

«Ha quedado derrotado el rencor, el sectarismo y las falsedades de los radicales de la Memoria Histórica, que han pretendido de manera ilegal manchar el honor de uno de los españoles más importantes del siglo XX», asegura Guillermo Rocafort, secretario de la plataforma en honor al fundador de La Legión en los diferentes comunicados a través de redes sociales que se han publicado.

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