Tesla sigue dando pasos en la buena dirección. Pese a los problemas financieros que siempre acechan a la compañía fundada y dirigida por Elon Musk, parece que los planes en cuanto a ingeniería y diseño sí que están dando sus frutos. El Model X de la firma es uno de los primeros SUV (Sport Utility Vehicle) eléctricos en estar en las calles y forma parte de la dupla de modelos que vende Tesla.

Tras unas pruebas de seguridad vial, la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA, por sus siglas en inglés) ha concedido al Model X cinco estrellas por sus altos niveles de seguridad. Es el máximo nivel que se puede otorgar y la primera vez que un SUV es capaz de hacerse con dicha calificación.

“El Model X se comporta muy bien en situaciones de peligro, e incluso supera a otros SUV meramente por su arquitectura eléctrica y por su diseño”, ha explicado Tesla en un comunicado. “El paquete en el que está la batería es muy rígido y crea un centro de gravedad muy bajo”, reza la nota.

La principal virtud de este centro de gravedad tan cercano al suelo es que es muy difícil que el Model X vuelque o acabe dando vueltas de campana, circunstancia que agrava considerablemente los daños tanto para los pasajeros como para el vehículo en caso de accidente. De hecho, Tesla ya ha informado en varias ocasiones de que hasta sus ingenieros tienen problemas para provocar una situación verosímil en la que el coche acabe del revés en medio de la calzada.

Tesla siempre ha presumido de la seguridad de sus creaciones. Según estudios internos, realizados por los propios cerebros de la compañía, los ocupantes de un Model X tienen un 93% de probabilidades de salir ilesos en caso de que se produzca un accidente, un porcentaje que es muy elevado.

Buena nota del Model S

Cuando el Model S, el otro coche que comercializa ahora mismo Tesla, tuvo que enfrentarse a las mismas pruebas de seguridad los resultados no se hicieron públicos de inmediato. Eso no privó, en cualquier caso, a Tesla de asegurar que habían superado todos los estándares y que estaban por encima de los test que llevaba a cabo la NHTSA. La propia agencia se encargo de enfriar estas declaraciones, aunque en ningún momento negó el buen comportamiento del coche ante estas pruebas.

En cualquier caso, la seguridad perfecta no existe. Tesla vivió uno de sus episodios más oscuros el pasado 7 de mayo, cuando Joshua Brown, un hombre de 40 años, murió en una autopista de Florida cuando su Model S, en el que viajaba con el conductor automático activado, chocó con un trailer de 18 ruedas. El coche quedó destrozado.

Tras investigar el accidente, las autoridades estadounidense determinaron que el sistema de sensores que llevaba instalado el Model S no había detectado el camión y, por tanto, no había activado el sistema de frenado. Brown, mientras, iba viendo una película en un DVD portátil, según informó Reuters.

Después de seis meses de investigaciones las autoridades acabaron por determinar que Tesla no tenía la culpa. En su informe explicaron que el conductor tuvo hasta siete segundos para actuar y reducir el impacto, pero que no lo hizo porque su atención no estaba puesta en la carretera.

Aunque Tesla quedó exenta de responsabilidad, el accidente sí provocó un cambio en la política de seguridad de la compañía. Los ingenieros de Elon Musk empezaron de inmediato a desarrollar un nuevo software para el coche, que redujo los incidentes considerablemente.

Llega el Model 3

Tesla está en un momento clave. Tras destrozar todas sus marcas bursátiles después de anunciar el Model 3, llega el momento de cumplir con las promesas. Musk es conocido por sus brillantes ideas, pero también por incumplir sus propios plazos y por establecerse metas que luego quedan lejos de la realidad.

El Model 3 es el primer coche eléctrico de Tesla que pretende alcanzar unas ventas masivas. Su precio es más que aceptable para un coche de estas características, pues se puede conseguir por unos 33.000 euros y con el depósito previo de una señal de 1.000 euros que luego de descuenta del total.

Es un vehículo plenamente eléctrico y con función de pilotaje automático, capada en países donde está prohibido como España, y que alcanza los 100 kilómetros por hora en apenas seis segundos. Tiene, además, una autonomía de 345 kilómetros sin necesidad de repostar.

Las ventas, de momento, van como la seda. Ya se han superado las 500.000 unidades, pese a que los dueños no podrán disfrutarlos hasta, por lo menos, dentro de un año. Las fábricas de la compañía en California están funcionando a pleno rendimiento para conseguir alcanzar las cotas de fabricación. El trimestre pasado Tesla sólo pudo producir 25.000 coches, por lo que para satisfacer la demanda del Model 3 tendrán que mejorar sus tiempos.