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La partida de golf que nos cambió la hora

A las 2 serán las 3. Sí: dormirás más. Si quieres.

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La partida de golf que nos cambió la hora

Resumen:

El Independiente Podcast. Recuperamos esta emisión del pasado marzo en la que contamos la paradójica vida de la primera persona que propuso el cambio de hora… para poder jugar tranquilo al golf.

 

A William Willett le encantaba el golf. Aquel era un deporte relativamente popular en la Inglaterra meridional donde vivió este hombre a caballo entre los siglos XIX y XX.
Willett no era un jugador cualquiera. Le gustaba el golf de tarde. Claro, en aquel tiempo no era muy normal que los campos para la práctica del juego estuvieran iluminados. Por eso prácticamente sólo se podía jugar en verano. Eso a Willett le incomodaba. Porque le gustaba mucho el golf. Así que propuso, por primera vez, un cambio de hora de la nación, al llegar el verano, para que la luz del día durase más. Nadie le hizo caso… hasta después de su muerte.

Más de un siglo después, el 40% de los países del mundo cambia la hora en primavera y otoño. Es el conocido como horario de verano o de ahorro de electricidad. Hasta 2001, cada país comunitario podía decidir en qué fecha ajustaba sus relojes. Desde que se aprobó la Directiva Europea 2000/84/CE, el último domingo de marzo se adelanta una hora el reloj: a las 2 son las 3. El último domingo de octubre se atrase una hora el reloj: a las 3 serán las 2 de nuevo.

  1. Del Trópico a Rusia. Países a los que les da igual cambiar la hora

    La mayoría de los territorios tropicales no cambian sus relojes dado que las variaciones de la duración del día son insignificantes alrededor del ecuador. Rusia cambiaba su hora, pero dejó de hacerlo, igual que la inmensa mayoría de América Latina. Sólo hay cambio de hora en Chile, Paraguay y parte de Brasil.

  2. España no fue el único que se adaptó a Alemania

    Franco decidió que el 7 de marzo de 1940, mediante una orden de Gobierno y siguiendo el ejemplo de los vecinos europeos, se adaptaría la hora española a la de Alemania.Según el Boletín Oficial del Estado de aquella jornada, se justificó por las “ventajas de diversos órdenes que el adelanto temporal trae consigo”.
    También lo hicieron entre otros Francia y el Reino Unido, aunque los británicos volvieron a su huso natural al término de la Segunda Guerra Mundial.

  3. San Fernando: el lugar donde se fabrica la hora española


    En el Real Observatorio de la Armada de San Fernando se fabrica la hora oficial española. Cinco relojes de cesio y un máser de hidrógeno emiten señales que, tras pasarla por un algoritmo matemático, se convierten en exactos, estables y precisos microsegundos al compás de la hora universal coordinada. El cambio de hora está automatizado.

  4. La hora universal es un invento reciente

    En la calle Rellotge Vell de Valencia se instaló el primer reloj público de España.

    En la calle Rellotge Vell de Valencia se instaló el primer reloj público de España. Google Street View

    El siglo XIX es el siglo de los relojes, ya que, hasta entonces, la hora era una cosa poco universal. Según explica el capitán Francisco Galindo, custodio de la hora oficial española en el ROA de San Fernando, “sistemáticamente hemos organizado nuestras vidas en torno al Sol. Pero el desarrollo del transporte y luego las finanzas obligaron a una coordinación de las referencias de tiempo. A mediados del siglo XIX la hora se llevaba a nivel local, cada ciudad tenía su hora y no era importante la que tuvieran en otras”.

  5. ¿El huso incorrecto?

    La Asociación para la Racionalización de los Horarios defiende que “tenemos la hora que no nos corresponde”. Según explicaba su presidente a El Independiente, “Lo normal es que cuando te levantes para trabajar haya luz, porque la luz te activa. Lo anormal es ir a trabajar de noche. Yo defiendo lo natural, y quien defienda lo antinatural que me lo explique”.

  6. ¿El huso correcto?

    El Catedrático del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, Jorge Mira, defiende que España está “en el huso correcto” y que la posición contraria provoca “pánico” en los científicos porque se razona “sobre un mapa plano cuando la Tierra es redonda”. Por ello el amanecer de Madrid en invierno no está alineado con el de Londres, sino con los de Frankfurt, Hamburgo, Copenhague o incluso Helsinki, situada en el GMT +2.

  7. Se ahorra relativamente poco

    El argumentario oficial es económico. La Unión Europea justifica los cambios de hora en el ahorro energético, que alcanzaría los 300 millones anuales en España según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Según el presidente de Arhoe, “en esos estudios no se contempla el uso extra de aire acondicionado por las tardes, el encendido de nocturno de las televisiones…”.

    En 2010, un análisis realizado por Ecologistas en Acción en base a los seis cambios de hora anteriores echó más tierra todavía sobre la teoría del ahorro. “De los seis periodos estudiados, en cuatro de ellos aumenta el consumo de energía desde un 2,2% hasta un 2,95%. Sólo se reduce el consumo un 0,03% en una ocasión y un 2,1% en otra”.

  8. Se altera nuestro sueño

    Las personas mayores son probablemente las más afectadas por el cambio de hora que tendrá lugar la noche del sábado al domingo ya que, según la Sociedad Española del Sueño (SES), pueden llegar a tardar hasta dos semanas en adaptar su sueño al nuevo horario, según recoge Efe. En adultos, la adaptación puede llevar entre tres y cuatro días.

    El organismo funciona conforme a un reloj biológico descubierto por los este año premiados con el Nobel de Fisiología. Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young. Utilizando las moscas como modelo, aislaron un gen que controla el ritmo biológico, que responde a ciclos bastante precisos de 24 horas. Mostraron que este gen codifica una proteína que se acumula durante la noche, y luego se degrada durante el día. Posteriormente, identificaron componentes proteicos adicionales de esta maquinaria, exponiendo el mecanismo que gobierna el mecanismo de reloj biológico dentro de la célula. Ahora reconocemos que los relojes biológicos funcionan por los mismos principios en células de otros organismos multicelulares, incluyendo humanos.