Ciencia y Tecnología

Luces y sombras en la recuperación del lince ibérico

Hace menos de 20 años, una tímida cifra de 90 linces (Lynx pardinus) poblaba la península ibérica en algunos puntos aislados de Andalucía. A día de hoy, a falta de que se termine el último censo, es posible que haya más de 500 ejemplares repartidos entre esa comunidad, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal. Sin embargo, aunque la recuperación de este emblemático felino, que un día llegó a ocupar casi toda la península, no para de crecer, los esfuerzos por sacar al lince del peligro crítico de extinción –categoría en la que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha incluido– tienen que enfrentarse, año tras año, a una amenaza: los atropellos y, en menor medida, el furtivismo.

A falta de dos meses para que acabe este 2017, ya han muerto 33 ejemplares. La organización conservacionista WWF España lo ha calificado como «año terrible» para el lince ibérico. En concreto, han sido 21 los animales atropellados en lo que va de año, mientras que, al menos cinco, han muerto por disparos o trampas ilegales. El resto de fallecimientos se ha producido por otras causas. Para entender el porqué de la preocupación de aquellos que se dedican a la recuperación de este animal que sigue en peligro crítico de extinción, basta con comparar las cifras con las del pasado año.

A lo largo de todo el 2016 murieron también 33 linces en la península ibérica, pero los casos de atropello fueron 15, según un informe que elaboró el Proyecto Life Iberlince, de la Unión Europea, para la reintroducción de este felino. Otros animales perdieron la vida por enfermedad, ahogamiento o inadaptación. Ese año, el furtivismo no estuvo entre las causas de muerte destacadas. En 2015 fueron 20 los linces fallecidos, de los que otros 15 fueron atropellados.

Linces Sali y Brezo

Linces Sali y Brezo El Acebuche

Puntos negros

La mayoría de estos atropellos ocurren en puntos negros que ya se conocen. Según indica Ramón Pérez de Avala, de WWF, los más problemáticos están en la A-4 a la altura de Ciudad Real, la N-420 al norte de Córdoba y la A-301 casi en su totalidad, además de en la CM-410 en Castilla-La Mancha.

El director del proyecto Iberlince, Miguel Ángel Simón, señala que este año los atropellos han sido excesivos. «Pero todo hay que analizarlo en un contexto de tiempo y espacio. El área de presencia del lince ha crecido mucho fuera de Andalucía y por eso este año ha habido muchos atropellos en Casrtilla-La Mancha», señala. «No obstante, crear nuevas áreas de reintroducción es fundamental para el proyecto, aunque conlleve otros problemas», añade.

En cualquier caso, Simón indica que es necesario hacer un análisis de los atropellos y los lugares donde se han producido, para establecer ahí un paso de fauna junto con medidas asociadas, como vallas que conduzcan a los animales a esa zona. «No es razonable construir un paso de fauna allí donde haya habido un atropello, aunque son una causa de muerte importante». Simón señala que, en los inicios del proyecto, la muerte por enfermedad era mucho más grave que los atropellos debido a la escasa variabilidad genética de la especie. Ahora, ambas causas se han igualado.

Esto es gracias a los esfuerzos por conectar las poblaciones, uno de los grandes hitos de este año y en el que siguen trabajando. «Es fundamental asentar las poblaciones y que haya un intercambio fluido de ejemplares», indica. También es un hito el haber ampliado la zona de presencia del lince fuera de Andalucía. «Tenemos entre cinco y siete hembras territoriales establecidas fuera de Andalucía y este año hemos tenido entre 12 y 14 cachorros».

Ha habido linces disparados a muy corta distancia, los responsables sabían a qué estaban disparando

El apoyo social también es importante para la recuperación. «Yo a veces me pregunto si no nos habremos pasado con este apoyo», bromea Simón. No obstante, tienen que seguir trabajando con algunos sectores de la población, como los cazadores.

«Este año me ha sorprendido la cifra de muertes por furtivismo, es algo que aparece y desaparece de año en año como los ojos del Guadiana», afirma. Por ello, además de que las autoridades abran diligencias, Simón considera importante buscar más el apoyo del sector cinegético. «Este año ha habido linces disparados a muy corta distancia, los responsables sabían a qué estaban disparando», sentencia.

En este aspecto, fuentes del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona), explican que «las muertes ocasionadas por disparos o por medios de caza prohibidos podrían suponer la comisión de un delito con penas de prisión de hasta dos años». En los casos de atropello también interviene el Seprona, «para determinar las responsabilidades que pudieran derivarse para el conductor del vehículo», como exceso de velocidad.

Conejos para el lince

Sin embargo, el mayor peligro para la recuperación del lince y la principal preocupación para los que trabajan por ella es la enfermedad hemorrágica que afecta al conejo, provocada por el virus RHDVb, que en 2012 mutó y, desde entonces, ha diezmado las poblaciones de conejos.

«El 90% de la alimentación del lince se basa en el conejo», señala Pérez de Ayala. Y sin conejos, el lince se queda sin alimento. Lo peor es que no hay solución por ahora. «Hay varios laboratorios investigando esta enfermedad, que no afecta a los linces, pero es necesaria mayor inversión para continuar el trabajo», añade.

Para Simón, a día de hoy es lo que más le preocupa. «Y no sólo porque sea el sustento del lince, sino porque también lo es de muchas otras especies protegidas, como el águila imperial, y una fuente de riqueza económica para zonas que se dedican a la caza», recuerda. «Desde el programa de recuperación del lince intentamos hacer sueltas de conejos sanos, pero son medidas paliativas», concluye.

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