Los hombres y las mujeres con las ideas más grandes pueden ser silenciados por los hombres y las mujeres con las mentes más estrechas. Aún así, piensa en grande”. Es uno de los mandamientos paradójicos escritos por Kent M. Keith en los 60 y que cuando lo recita Hedy Lamarr (1914-2000) adquiere plenitud de sentido.

La actriz austriaca emigró a Estados Unidos huyendo de la guerra y se convirtió en la quintaesencia del glamour de Hollywood. Quiso ayudar a su país de acogida a ganar la guerra creando un sistema de comunicación que patentó y entregó al ejército, pero no se lo tomaron en serio. Aceptaron su ayuda, aunque lo único que pretendían era que recaudara dinero gracias a su extraordinaria belleza. En la década de los años 40, Lamarr fue bautizada como la mujer más bella del mundo. Blancanieves en el cine y Catwoman en el cómic adoptaron su rostro.

“El cerebro de las gentes es más interesante que su aspecto”, defiende Lamarr en una grabación que se escucha en el documental Bombshell: la historia de Hedy Lamarr, un documental sobre su increíble historia que estrena esta noche Movistar+ (22.00 horas).

Lamarr fue la inventora del salto de frecuencia, una técnica que permite la comunicación entre un receptor y un emisor de manera continuada y segura. Una técnica que se empezó a usar en el ejército estadounidense y ahora es la base del funcionamiento de los GPS, el Bluetooth o el WiFi.

Su invento, inicialmente ignorado, fue recuperado por el ejército y para la Crisis de los misiles de Cuba los barcos estadounidenses ya estaban empleando su frecuencia en las comunicaciones. Ella no se enteraría hasta años después.

Una vida increíble

La familia de Hedy pensaba que había muerto sin contar su historia. El azar ha querido que se conserven cuatro cintas en las que le desvela todas sus inquietudes a un astrofísico del MIT. “Mi historia es increíble, es lo contrario de lo que la gente cree”. “Tenía la idea de que era una cosa estúpida”, cuenta Lamarr en dos momentos de la grabación.

A los cinco años cogió una caja de música y la desmontó para volverla a montar. Le gustaban los inventos. Tenía una mente curiosa y heredó de su padre la pasión por la tecnología. Inquietudes que pudo tener en el entorno de su familia acaudalada y culta mientras vivió en Viena. Era muy buena en química, de haber vivido en otra época hubiera iniciando una carrera científica, pero su belleza la eclipsó.

Carrera de actriz

A los 16 años decidió que estaba preparada para ser actriz, así que se dirigió a un estudio en Viena y empezó a aparecer en películas. La más importante fue Éxtasis (1933), por la que se hizo mundialmente famosa. En la cinta aparece desnuda y simula un orgasmo, el primero de la historia del cine, el Papa Pío XI quiso prohibir la película. Hitler también, ella era judía.

Su primer marido fue un industrial con vínculos con los nazis y los fascistas italianos. Vivió un matrimonio infernal. Él se moría de celos por su gran belleza, hasta el punto que intentó comprar todas copias que pudo de Éxtasis. De la cárcel conyugal huyó como una prisionera. Aprovechó una cena para dormir a una criada, le quitó la ropa y se disfrazó con su uniforme. Lamarr se escapó con todas sus joyas cosidas en la ropa. Aquello era un salvoconducto para la libertad.

Aterrizó en Londres y allí entró en contacto con Louis B. Mayer que reclutaba a actores que huían del nazismo para su estudio: Metro Goldwyn Mayer. Durante el viaje en barco a Nueva York, Hedy deslumbró con su belleza. Apenas sabía inglés, pero destacó entre todas las actrices que llevaba Mayer. Inició entonces una carrera meteórica que sólo frenó para desarrolla la frecuencia. Al ser ignorado su invento retomó la carrera cinematográfica. Lamarr claudicó. Sólo podía ser la mujer más bella del mundo.