Cada español usa de media 137 litros de agua al día. Y no dan para tanto: un grifo abierto durante un minuto gasta unos 12 litros. Una ducha, dependiendo de la duración, entre 50 y 100. Un baño, hasta 300. La capacidad media de una cisterna es de 10 litros y poner una lavadora consume entre 40 y 80 litros por carga. La Organización Mundial de la Salud considera que un acceso básico a este recurso, el más elemental, se sitúa en 20 litros por persona y día: justo para beber y cocinar lo suficiente para “sobrevivir a corto plazo”.

Sudáfrica es la joya de la corona del desarrollismo africano. Evolución ejemplar. Brilló en 2010 con la organización del Mundial de fútbol y no ha dejado de crecer como destino turístico y de negocios. Es uno de los más importantes polos comerciales del cono sur. Pero su segunda metrópoli más importante, Ciudad del Cabo, se dirige directamente hacia el desastre: el próximo 11 de mayo –la previsión se actualiza constantemente y se situaba la pasada semana en el 16 de abril- será la primera gran ciudad del mundo en quedarse sin agua corriente en la historia moderna. A partir de entonces, sus 3,7 millones de habitantes no podrán abrir los grifos de sus casas. Y si los abren, no saldrá nada. Tendrán que acudir a depósitos municipales -unos 200 en toda la ciudad, algunos ya operativos- para recoger su ración diaria: 25 litros por persona y día.

Algunos ciudadanos ya acuden a las estaciones de abastecimiento abiertas en Ciudad del Cabo ante la histórica sequía.

Algunos ciudadanos ya acuden a las estaciones de abastecimiento abiertas en Ciudad del Cabo ante la histórica sequía. EFE

Llegará entonces el temido Day Zero, una suerte de apocalipsis acuático que abocará a la ciudad a las colas y cierto caos. En cada punto de acceso al agua se dispondrán entre 50 y 100 grifos, con accesos diferenciados para peatones y vehículos, y seguridad armada que vigilará que nadie se pase del límite. Las autoridades tratan de evitar a toda costa que se llegue a esta situación y mantienen recomendaciones actualizadas para la población. La actual, que entró en vigor este jueves, ya insta a limitar el consumo de agua a 50 litros por día y ahorrar todo lo que se pueda.

Embalses al límite del colapso

Sin embargo, las estadísticas oficiales que aporta el Ayuntamiento subrayan que sólo el 55% de los habitantes consumen actualmente menos de 87 litros diarios. O lo que es lo mismo: hay 1.665.000 habitantes de Ciudad del Cabo que hacen caso omiso a las recomendaciones oficiales, pese a que el día de la verdad se acerca con paso inexorable.

El corte total de los grifos de agua corriente se producirá cuando el nivel de los seis embalses que surten de agua a la ciudad alcance el 13,5%. Y no es tanto como parece. Lo explica el propio Ayuntamiento: “Dado que el último 10% de agua de un embalse es difícil de usar, el agua disponible es aproximadamente un 10% menor al de su capacidad actual”. Es decir: cuando las autoridades cierren los grifos de sus 3,7 millones de ciudadanos, a Ciudad del Cabo le quedará sólo un 3,5% de agua por usar. Por comparar: en España la capacidad de los embalses se sitúa actualmente en el 50%, y sólo en casos muy excepcionales durante las últimas tres décadas ha bajado momentáneamente del 30%.

Ciudad del Cabo ya ha rebasado esa barrera y avanza de manera imparable hacia otros hitos peores. Actualmente, su capacidad se sitúa en el 25,8% (15,8% aprovechable). Y la situación es especialmente dramática en el mayor de todos. Theewaterskloof, que representa el 53% de la capacidad de almacenaje total, se encuentra ya al 12,9% de su capacidad. Es decir, al mismo límite de ser inutilizable. Y la tendencia actual es un descenso del 1% semanal.

Un pez muerto en una presa cerca de Ciudad del Cabo, donde el suministro de agua está amenazado por la fuerte sequía.

Un pez muerto en una presa cerca de Ciudad del Cabo, donde el suministro de agua está amenazado por la fuerte sequía. EFE

¿Cuánto de esto es culpa de los ciudadanos que no ahorran, y cuánto de las autoridades? El debate es importante, pero no cambia el resultado final: se necesitan soluciones. Y las plantas desalinadoras proyectadas avanzan todas con retraso, además de aportar una capacidad extra que no resolverá los problemas de abastecimiento. Las infraestructuras -tuberías, canalizaciones, bombas- del país africano no están en las mejores condiciones y buena parte del agua se pierde en el camino del embalse al grifo. Es un problema en todo el mundo, pero ciudadanos y expertos reclaman más prevención ante una sequía histórica y anunciada.

Sequía inusual…cada vez menos

El oeste de Sudáfrica acumula dos años terroríficos, con temporadas de lluvia exiguas y sequía generalizada. 2017 acabó con 153,5 mm de precipitaciones acumuladas, en comparación a los 513,5 de media de la serie histórica. Empeoró los ya pobres 221 mm de 2016 y los 325 mm de 2015. El año 2013, junto a 2009 y 2008, son los únicos de la última década en los que las precipitaciones terminaron por encima de la media.

“Los análisis basados en los datos de lluvia disponibles muestran que la sequía, manifestada por los bajos niveles de precipitaciones entre 2015 y 2017, ha sido extraña y severa”, dice Piotr Wolski, investigador del Climate System Analysis Group (CSAG) de la Universidad de Ciudad del Cabo. Wolski lleva meses dedicado al estudio de esta sequía en particular, a sus causas y al efecto sobre la población.

Ha concluido que tanto 2017 como las series temporales de los últimos dos, tres y cuatro años son, con diferencia, las más bajas de las últimas cuatro décadas. Y pese a que las condiciones climáticas favorecen una amplia volatilidad entre los datos de un año y los de otro, la tendencia del histórico es claramente a la baja. “Las lluvias son progresivamente menores. Pero todavía habrá años húmedos, quizá más húmedos que el más húmedo que hayamos vivido hasta la fecha. La tendencia probablemente se deba al cambio climático causado por el ser humano. La variabilidad, bueno, es resultado de la variabilidad del clima”, analiza en uno de sus estudios.

Precisamente por eso, porque el clima es imposible de predecir con exactitud, las conclusiones no se pueden seguir al pie de la letra. Pero los investigadores sí aplican modelos de futuro -más de 50 en total, entre todas las organizaciones que estudian detalladamente este caso-, y las proyecciones se parecen mucho. En el próximo siglo habrá menos lluvia, más sequías y, si no se ponen soluciones, probablemente más situaciones como la que la urbe sudafricana va a empezar a vivir en apenas 2 meses. La sequía será la nueva normalidad.

Tablas elaboradas por el doctor Piotr Wolski, con modelos de predicción de las precipitaciones futuras.

Tablas elaboradas por el doctor Piotr Wolski, con modelos de predicción de las precipitaciones futuras. DR. PIOTR WOLSKI - GROUND UP