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El investigador Juan Carlos Izpisúa

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Izpisúa: “No. No seremos inmortales”

El hombre que consiguió rejevencer ratones: "En EEUU se admira la sanidad española, pero la enfermedad se ataca desde la investigación"

A Juan Carlos Izpisúa Belmonte (Hellín, 1960) se le ha presentado como el científico que casi ha conseguido el Santo Grial de la eterna juventud. Pero él se ve como un investigador optimista que, simplemente consiguió retrasar el envejecimiento en unos ratones en 2016. Dos años después de la muerte de los roedores (longevos inquilinos del Instituto Salk de Expresión Genética que dirige en California este albaceteño), “sabemos un poquitín más”. Una de ellas, en la que es categórico, es que “no seremos inmortales”. Jarro de agua fría para la moda gurú del transhumanismo. Izpisúa es, sin embargo optimista: viviremos más y mejor. A poder ser, sin uno de los peajes de superar los 100 años: el cáncer.


Así es como el equipo de Izpisúa consiguió revertir el envejecimiento en ratones, a partir de un descubrimiento de 10 años antes. | Vídeo: Mario Viciosa

 

Desde la muerte de aquellos no-inmortales, pero longevos ratones de laboratorio, “sabemos un poquitín más pero no mucho más sobre qué es el envejecimiento”, explica pausado Izpisúa. El biologo atiende a El Independiente en los actos del 350 aniversario de los laboratorios Merck, de los que es su invitado capital. No deja de ser curioso que hace tres siglos y medio ya habían nacido algunos organismos vivos hoy, como las hidras, que, sin ser inmortales, pueden superar los 1.000 años de vida. ¿Tenemos que aprender de las hidras?

Una célula tumoral es como una célula madre, pero haciéndolo mal y descontroladamente

“Más bien de las células cancerígenas”. También se las considera potencialmente inmortales. Se reproducen sin control y tienen decenas de estrategias para esquivar al sistema inmune y demás procesos que las llevarían a su destrucción. “Un célula [tumoral] tiene casi las mismas propiedades que una célula madre con la diferencia de que no lo hace bien ni de manera tan controlada. El estudiar esas pequeñas diferencias entre cómo una célula madre genera un organismo perfecto y como el cáncer genera una enfermedad creo que nos va a ayudar a entender mejor cómo evitarlo e incluso poder prevenirlo cuando éste está riesgo de que suceda”.

La idea del envejecimiento ha cambiado con los años. Hoy sabemos que es un proceso a nivel celular. Las células se replican, pero no indefinidamente. Hay un número limitado de copias, porque en cada una, como cuando copíabamos una cinta VHS, se va perdiendo calidad de imagen. Hasta lo irreconocible. Pero hay una solución.

Programados para morir, no para envejecer. Así se reprograman células

Ratón envejecido por una mutación y ratón rejuvenecido en laboratorio

Ratón envejecido por una mutación y ratón rejuvenecido en laboratorio Salk

Tener un recambio permanente de células sería la solución, por tanto, al envejecimiento. Lo más parecido a eso en la naturaleza es un reservorio de células madre pluripotenciales (capacer de terminar desarrollando cualquier función). ¿Es posible reprogramar una célula de la piel, por ejemplo, para que termine siendo una célula con otras funciones?

Shin’ya Yamanaka, premio Nobel, descubrió que tocando la expresión de sólo cuatro genes, una célula puede volver como a su origen. Y convertirse en pluripotente, como las células madre. Células que se reproducen rápido y pueden tener casi cualquier función, desde convertirse en un hígado a una piel.

El problema es que, para rejuvenecer, no basta con inyectarnos células madre y que se pongan a regenerar tejidos. Se reproducen muy muy rápido y una reproducción descontrolada suele asociarse al cáncer.

Izpusúa consiguió hacer eso pero en muy poco tiempo, el justo para que las células no se volvieran madre pero sí tuvieran capacidad regenerativa. Aquellos ratones ya murieron, aunque vivieron un 30% más. Y, sobre todo, envejecieron sin cáncer.

 

El equipo de Izpisúa en California está ahora analizando los datos de aquellos roedores. “Estamos viendo a nivel molecular qué cambios se produjeron en los ratones. Lo que sí sabemos es que [el envejecimiento] no sólo depende de nuestros genes”. No hay nada determinante en nuestro genoma que nos programe para envejecer.

Lo hace la llamada epigenética, “lo que está por encima y que son las alteraciones que están decorando en nuestro genoma y que de alguna manera reflejan nuestra interacción con el medio ambiente. Vivimos entre un 30% y un 40% más que hace 100 años, pero nuestro genoma sigue siendo el mismo”, ejemplifica Izpisúa.

Nos falta todavía pero en la medida en que se consiga retardar el envejecimiento, “la enfermedad tardará más en aparecer y los últimos años de nuestra vida serán más saludables” y en eso, prosigue “el entendimiento de las células madre nos va a ayudar mucho”. Por desgracia, esos avances están siendo más lentos de lo esperado.

España, modelo sanitario, pero no de investigación

Juan Carlos Izpisúa trabaja desde 2014 en Estados Unidos, tras diez años al frente del Centro de Biología Molecular de Barcelona. “Cada vez que vengo a España me doy cuenta de que el sistema de salud que tenemos aquí en comparación es mucho mejor, aunque haya cosas que mejorar. Lo que ocurre es que la curación de la enfermedad empieza en la investigación, y ahí [España] no está bien”.

En este sentido la industria farmacéutica ha pasado a enfocarse en las enfermedades vinculadas a la vejez. “Ha habido un cambio en los últimos cinco o diez años y ahora mismo el 90% de las empresas investigando en [la erradicación] del cáncer”, señala la presidenta de Merck España Marieta Jiménez. “Cuando pones a tantos buenos científicos a trabajar en ese foco estoy segura de que pronto encontraremos una cura”.

La investigación ayuda a curar más y más rápido

Para Izpisúa es una de las grandes paradojas de nuestro sistema, que podría ahorrar en materia hospitalaria si se invirtiese más “en el laboratorio, donde empieza todo”, antes de que llegue la enfermedad. “La investigación ayuda a curar más y más rápido”, ¿por qué no se invierte la ecuación? “Pregúnteselo a los gobernantes”.

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Izpisúa: “No. No seremos inmortales”