Desde este martes, un tramo de 1,4 kilómetros del Manzanares ha dejado de ser río para convertirse en canal. De remo, en concreto. Cerca de dos años después de que el Ayuntamiento de Madrid abriese las presillas, permitiendo que el agua fluyese por todo el tramo capitalino, el consistorio ha cerrado las compuertas 8 y 9 (entre el Puente de Praga –Santa María de la Cabeza– y el de la Princesa –Legazpi–, aproximadamente). El agua se empezó a embalsar en la tarde del 3 de julio y a finales de semana y “los patos están empezando a huir a la zona naturalizada”, señala Rosa Martín Tristán, periodista ambiental que ha iniciado una campaña para que Carmena dé marcha atrás en su decisión.

Fue la propia alcaldesa la que en septiembre de 2016 abrió siete de las diez compuertas, renaturalizando el río. Es decir, dejando que la vida salvaje volviese a sus aguas y márgenes. Al poco tiempo, bajó el cauce de los 3,5 metros a apenas un par de palmos. Se formaron islotes y la vegetación prosperó. Lo que para algunas personas era una imagen de “río seco”, para los ecologistas se convirtió en ejemplo de revitalización. Las aves (garzas, garcetas, ánades reales y gallinetas) volvieron a anidar en el Manzanares y los barbos han proliferado, junto a otras especies. El proyecto municipal partía de una propuesta diseñada por Ecologistas en Acción, aunque se reservaba espacio para el remo.

“El río sigue muy bonito desde el Puente de los Franceses hasta el de Toledo”, asegura Santiago Martín Barajas (@Santi_MBarajas), histórico de esta organización ecologista. “Ahora va a quedar como cuando estaba Ana Botella”. Desde Ecologistas en Acción señalan que “esta decisión está dañando la renaturalización del río, afectando a su funcionamiento como corredor ecológico y a la fauna instalada en ese tramo”. Martín Barajas reconoce que, aunque la mayor parte del Manzanares sigue naturalizada, “hubiéramos preferido que no hubiese ningún tramo embalsado”. Por eso Ecologistas en Acción pide la reapertura de la presa 9.

Esta organización también está atenta a lo que desde el Ayuntamiento se ha presentado como una solución para la fauna de este tramo: unas escalas para que los barbos puedan remontar el río. “Hay que ver si eso funciona”, destaca el responsable de Aguas de Ecologistas en Acción.

El Consistorio señala que era necesario reparar la presa número 9. De hecho, si no se ha cerrado antes es, además de por su avería, porque algunas aves se encontraban en periodo de anidación. Una vez nacidos y criados los pollos, los técnicos han pelado los cañaverales y han empezado a subir las aguas. Aún no hay fecha para que la Escuela de Remo vuelva a sus aguas, tras dos años de entrenamiento en seco. La concejala de Medio Ambiente Inés Sabanés planteó en su momento que la Escuela trasladase su actividad al embalse de El Pardo. Sin embargo, Patrimonio Nacional se ha negado a ello.

Se está haciendo seguimiento y se compatibilizará la biodiversidad con el uso deportivo”, según Ayuntamiento

“Tenemos un concepto de río como ecosistema vivo, que no es un canal ni un lugar donde desaguar aguas contaminadas”, aseguraba hace dos años Sabanés. Esa es la visión que mantienen tanto Barajas como Tristán. Desde el Ayuntamiento señalan que “se está realizando un seguimiento de la fauna en el Manzanares que, por supuesto, continuará ahora para compatibilizar al máximo posible la biodiversidad con el uso deportivo”. Para la periodista, aunque estuviese contemplado el embalsado de aguas en este tramo, “hemos aprendido a apreciar lo que tenemos en el mismo centro de la ciudad. Y ahora nos lo quitan sin avisar, cuando pensábamos que este Ayuntamiento era más verde e iba a proteger y conservar esa belleza natural”.

Tramo naturalizado del Manzanares, a la altura del Puente de Toledo

Tramo naturalizado del Manzanares, a la altura del Puente de Toledo M.V.

“Habrá que ver también la respuesta vecinal”, apunta Barajas. En su momento hubo quejas por los malos olores y proliferación de mosquitos ante las aguas estancadas. “Hay que asumir que no tenemos un Sena o un Támesis”, es decir que el embalsado de aguas en el Manzanares “es antinatural” y lo convierte en una sucesión “de piscinas negras”, señala el ecologista que se sigue mostrando orgulloso del éxito de su proyecto de renaturalización que, eso sí, seguirá vivo en más de 6 kilómetros de Manzanares a su paso por la ciudad.