Una estratosfera llena de nuevos ojos apuntando a los bosques, mares, fronteras y antenas de telecomunicaciones. Así podría empezar a ser el mundo satelital a partir de 2022 si la empresa Thales tiene éxito en la comercialización de su gran apuesta: el primer dron-satélite bautizado como StratoBus. Técnicamente es un dirigible solar “la idea es fabricar una especie de zepelín”, explica José Antonio Álvarez desde esta compañía francesa. “Su mayor virtud es su capacidad de quedarse quieto vigilando un área determinada” durante mucho tiempo, un reto para un dron o un satélite, aunque son éstos quienes lo hacen en la actualidad.

Así han concebido este dirigible cuyos primeros pasos se dieron con el diseño en 2015. Podrá dar una vuelta a la Tierra cada 90 minutos, aunque su fuerte es el seguimiento de áreas, quieto desde el cielo. | Vídeo: M.V., Thales

StratoBus flota a 20 kilómetros de la superficie terrestre. Es decir, no es un satélite espacial, pues se encuentra en la capa baja de la estratosfera pero por encima de los vuelos comerciales. Con 115 metros de largo, es comparable al largo de un campo de fútbol reglamentario. Su máximo diámetro es de 34 metros y pesa nada menos que 7 toneladas. Para ponerlo a flote, nada de cohetes, “con el consiguiente ahorro”. Cuenta con propulsores eléctricos alimentados por placas solares.

No es un dron-espía, pero puede servir para control de mares, fronteras o soporte a navegadores

El dirigible lleva una goleta de carga de 250 kg. Puede incorporar un sensor óptico, un radar, un detector infrarrojo o híper espectral. ¿Lo convierto esto en un minisatélite o dron espía? No necesariamente. Stratobus se concibe como un dispositivo versátil. Puede desde medir la contaminación de una zona a “funcionar como una especie de repetidor”, de antena de telecomunicaciones en zonas de baja cobertura. Por supuesto también es útil en vigilancia de fronteras o control de espacios marítimos. Sus sensores infrarrojos podrán detectar un incendio antes de que sea visible. Puede cubrir un horizonte terrestre de hasta 500 kilómetros de radio (800.000 kilómetros cuadrados). Eso sí, es fácilmente derribable, así que nadie está pensando en llevarlo a la guerra, como sus predecesores históricos.

En 2019 se construirá un prototipo a escala de unos 40 metros de largo. Su primer vuelo está previsto para principios de 2022. Si todo va bien (ya hay instituciones interesadas), la comercialización de la aeronave se iniciará a finales de ese año.

Un zeppelin en el mundo de los HAPS

Los HAPS son plataformas que flotan o vuelan a una altitud elevada -por encima del tráfico aéreo convencional- y que ofrecen una gran autonomía y resistencia. Pueden mantenerse operativos en una posición estacionaria en la atmósfera durante semanas o meses proporcionado una cobertura precisa y continua del territorio. También se pueden desplazar en función de la evolución de las necesidades del servicio requerido. La posición que ocupan estos HAPS en el cielo les permiten ofrecer una mezcla de dos mundos a veces antagónicos: las redes terrestres (incluyendo los drones) y los satélites. En el ámbito de la observación, pueden ofrecer imágenes de alta resolución de regiones concretas similares a las generadas por los drones durante grandes períodos de tiempo. Mediante el uso de instrumentos ópticos y radar, garantizan la observación diurna y nocturna bajo cualquier condición meteorológica. En el ámbito de las telecomunicaciones, permiten reducir los puntos ciegos de cobertura, aumentar el ancho de banda y reducir significativamente el retardo de la señal respecto a las soluciones satelitales.