La posidonia es un ser fascinante del que se van conociendo cada vez más detalles. Una planta submarina que forma bosques en las aguas del Mediterráneo, de donde es autóctona. En aguas baleares está su ejemplar más longevo, con más de 100.000 años. Sencillamente porque puede clonarse a sí misma. Pero su llamativa capacidad de supervivencia está amenazada por los vertidos y los fondeos de embarcaciones de recreo. «Es como si un tráiler aparcase en medio de los Picos de Europa», señalan desde Greenpeace, que este fin de semana ha atracado su barco Esperanza en Ibiza para hacerse eco de su campaña A toda costa. Desde la organización celebran que, desde esta semana, un decreto autonómico protegerá sus 650 km2 de bosque de posidonia. La organización ecologista ha creado una web para que la población denuncie este tipo de situaciones.



Nos acercamos a ver desde dentro la campaña en defensa de la posidonia que Greenpeace ha desarrollado este fin de semana en Ibiza, junto a youtubers como Yellow Mellow, Jonan Wiergo o la actriz Inma Cuesta | Vídeo: M.V. / Greenpeace

 

El decreto prohíbe la pesca de arrastre, las extracciones de áridos, el vertido de materiales dragados y el fondeo incontrolado. Asimismo, se incluyen dentro de este régimen las instalaciones de acuicultura nuevas, los emisarios submarinos nuevos y obras nuevas en aquellos casos en que la tramitación ambiental correspondiente determine que puedan tener efectos negativos sobre la posidonia.

Las nuevas cartas náuticas incluirán las zonas de posidonia

También se regula el uso que debe hacerse de los restos de posidonia. Se prohíbe la retirada, la posesión, el transporte y el uso de restos de posidonia muerta en las playas naturales sin servicios, a excepción de las prácticas destinadas a usos tradicionales y con métodos manuales.

Las nuevas cartas náuticas incluirán las zonas colonizadas por posidonia para poder tomar decisiones responsables respecto a sus fondeos y no resultar multados.

La planta que garantiza aguas cristalinas

Una de las paradojas de la posidonia es que algunas de las prácticas que la destruyen tienen que ver con el turismo de aguas cristalinas de Baleares. Y son ellas parte de las responsables de que las aguas y playas sean claras y blanquecinas.

Según la responsable de la campaña de costas de Greenpeace Paloma Nuche, «es la casa y recurso de muchas especies animales marinos, ayuda a mitigar el cambio climático porque fija carbono al lecho marino y contribuye a crear playas maravillosas porque fija la arena al suelo, protegíendolas del oleaje».

En Baleares se calcula que las grandes praderas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, pueden absorber el 7% de las emisiones de dióxido de carbono, según datos de las organizaciones Gen-Gob, Greenpeace, Oceana y Terraferida. En el Mediterráneo, en los últimos 50 años la posidonia ha reducido su extensión entre un 13% y un 38%. Las plantas que han resistido han visto reducida su densidad en un 50%.

Esto puede pasar al aparcar sobre posidonia

Ancla arrastrando posidonia

Las anclas y sus cadenas son una de las amenazas para las posidonias cuando una embarcación fondea sobre estas praderas. Esta es la instantánea captada por Juande Fernández en el momento en que uno de los barcos era advertido por Greenpeace de que estaba en una zona de posidonia. Aunque, en este caso, el patrón reaccionó bien, al levar el ancla arrastró involuntariamente parte de la planta. Esta situación puede ocurrir a diario en distintos puntos de Ibiza o Formentera.
«Salimos con las lanchas y hemos detectado más de 70 incidencias», señala Paloma Nuche. «Buceando con snorkel hemos seguido la cadena de cada ancla hasta encontrarla. Nos hemos acercado hasta los barcos, hasta a cada patrón, y en la mayoría de los casos hemos encontrado desconocimiento sobre la planta o creían que está sólo en Formentera».