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En el interior de la última foto-acción de Greenpeace en Huelva

La organización alerta sobre las balsas que acumulan vertidos tóxicos de la ría de Huelva

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En el interior de la última foto-acción de Greenpeace en Huelva
Foto denuncia de Greenpeace contra balsas tóxicas en Huelva

Foto denuncia de Greenpeace contra balsas tóxicas en Huelva

Resumen:

Hay muchas maneras de trasladar un mensaje. Pero en Greenpeace suelen hacerlo a lo grande. En esta ocasión, con el mayor de sus buques, el Esperanza, con una pancarta de 50m por 3m, dos lanchas, un dron y las marismas de Huelva de fondo o, más bien, un vertedero que a simple vista pasa inadvertido. Balsas con residuos tóxicos dragados en la ría. Ni huelen ni se ven, pero están ahí, “filtrándose silenciosamente”, una amenaza para el medio ambiente y la población, según Greenpeace.

Un reportero de El Independiente viaja a bordo del Esperanza y se mete en el corazón de la última acción de Greenpeace en Huelva | Vídeo: M.V.


 

El polo químico de Huelva, uno de los mayores del continente, “lleva liberando a la ría residuos que se han ido depositando en el fondo”, señala a El Independiente la doctora en Ecología Paloma Nuche, responsable de la campaña de costas de Greenpeace. “Ahora, los lodos están siendo dragados por las autoridades, pero los depositan en en la peor zona que han podido elegir, el espigón Juan Carlos I”. La ría acumula un largo historial de vertidos, algunos legalizados hace más de 40 años, pero denunciados por la UE en 2010.

En esta zona, de dominio público, realizar vertidos está ahora prohibido. Además es un espacio natural bajo protección. El problema viene de las balsas donde se almacenan los lodos retirados de la ría. Ocupan unos 7 km y no están correctamente “ni selladas ni impermeabilizadas por su parte inferior”, con lo que las tierras quedan expuestas a los temporales.

Ante una rotura, “la contaminación puede dispersarse grandes distancias. –añade Nuche– Es extremadamente peligroso para los habitantes de las localidades más cercanas, la ciudad de Huelva y Mazagón, situadas a escasos kilómetros, y también para el entorno natural tan valioso que lo rodea, las marismas del Odiel y Doñana”.


Estas balsas contienen lodos dragados del canal del puerto. Están contaminados con sustancias como plomo o arsénico. Se supone que se confinan en estos lugares de manera segura. Sin embargo, así quedaron tras el paso de los temporales ‘Enma’ y ‘Félix’ en marzo. | Vídeo: Mesa de la Ría y Greenpeace

 

La última de las alarmas se produjo el pasado marzo, cuando tras los temporales, aparecieron espumarajos y un cambio de textura y color de las aguas. El Seprona descartó que procediesen de un depósito de fosfoyesos que está más al norte, mientras que un informe del la UHU-CSIC apuntaba en la misma dirección. Ese mismo informe preliminar decía que sí se observaban restos antiguos. Sin embargo, las organizaciones ecologistas, como la Mesa de la Ría, creen que estamos ante una bomba de relojería. Especialmente en las balsas que se encuentran en el espigón, donde sí se produjeron roturas.

Greenpeace apunta a la Junta de Andalucía y al Gobierno por permitir que Huelva “conviva con el mayor vertedero de residuos de Europa, a escasos 500 metros de sus casas y dentro de un Parque Natural”.

Campaña A toda costa

Esta acción (aunque, en realidad, es una foto-denuncia) se enmarca dentro de la campaña A toda costa que está llevando al barco más grande de Greenpeace, el Esperanza, a recorrer la costa mediterránea española y parte de la atlántica.

Sólo en el primer trimestre de 2018, el ladrillo creció en la costa española un 6%.

Según el estudio del mismo nombre (elaborado por Greenpeace y el Observatorio para la Sostenibilidad), un 11,7% de la costa onubense está urbanizada. “Un dato muy elevado teniendo en cuenta que casi la mitad de la superficie costera son espacios naturales protegidos”. Sólo en el primer trimestre de 2018, el ladrillo creció en la costa española un 6%.

Tras pasar por Barcelona e Ibiza, el barco Esperanza será visitable este fin de semana en el puerto de Cádiz. Y el siguiente, en Tenerife.