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Hermógenes y Antonio, los españoles que tocaron la luna

Astronomía | Inteligencia artificial & Ciencia

Hermógenes y Antonio, los españoles que tocaron la luna

«Tan acostumbrados estamos al colonialismo científico, que el hecho de que estuvieran delante de nosotros dos españoles de nombre muy españoles, realizando trabajos raros siempre en boca de extranjeros, era hasta novedad».

Este párrafo se publicó en febrero de 1970 en Arriba, el periódico del régimen franquista. Los «dos españoles de nombre muy españoles» eran Hermógenes Sanz y Antonio Travesí y los «trabajos raros» a los que se dedicaban eran la investigación de las muestras lunares que trajeron los astronautas estadounidenses de las misiones Apolo. De hecho, Hermógenes y Antonio fueron los primeros españoles en tocar, literalmente, la luna.

La participación científica española en las misiones Apolo no se limitó a las bases que la Nasa instaló en Robledo de Chavela, Fresnedilla y Canarias. Hubo dos científicos, Hermógenes y Antonio, que pusieron todo su conocimiento al servicio de Estados Unidos para comprender de qué está compuesto el satélite que gira a nuestro alrededor. Pero sus nombres cayeron el olvido. Hermógenes murió. Antonio está perdiendo la vista en la recta final de su vida y a principios de 2019 se acercó al Museo Geominero de Madrid con una carpeta.

Hermógenes publicó junto a otros expertos en la revista Science el primer estudio sobre la edad de las rocas lunares»

Le recibió Rafael Lozano, científico titular del Museo. Y la carpeta estaba llena de documentos que el propio Antonio Travesí fue guardando a lo largo de los años. Telegramas de la NASA, decenas de recortes de periódicos, instrucciones de cómo investigar el material lunar, artículos escritos en revistas internacionales… «Trajo todo esto porque no quería que se perdiera. Así queda en una institución que los conservará», afirma Rafael Lozano mientras hojea los documentos en la biblioteca del Museo Geominero.

Hermógenes, experto en geoquímica isotópica

Hermógenes Sanz y Antonio Travesí trabajaban en la Junta de Energía Nuclear, el actual Ciemat. El primero era experto en geoquímica isotópica y viajó en 1966 al Instituto de Tecnología de California, el Caltech, para empezar a formarse en el análisis de isótopos.

«En ese laboratorio generaron un espectómetro de masas con una precisión desconocida hasta entonces», cuenta Rafael Lozano. «Y cuando llegaron las piedras lunares, Hermógenes publicó junto a otros expertos en la revista Science el primer estudio sobre la edad de las rocas lunares (cerca de 4.000 millones de años)».

Hermógenes publicó casi todos sus estudios científicos en inglés y cuando volvió a España no tuvo apenas reconocimiento, según asegura Rafael Lozano. «Al parecer, dejó la ciencia y se puso a escribir artículos de filatelia», añade el científico titular del Museo Geominero.

Antonio, activación neutrónica con un reactor nuclear

La experiencia de Antonio Travesí es algo diferente. Becario de la NASA en 1967, trabajó en el desarrollo de la activación neutrónica y acabó presentado un proyecto a la agencia espacial estadounidense llamado «Lunar trace elements». Poco después, recibió este telegrama: «Los aspectos científicos de su propuesta titulada «Lunar trace elements» para la investigación de los materiales lunares sido aprobados. Anticipamos que las muestras estarán disponibles próximamente. Nos ponemos en contacto directamente con el INTA para lo concerniente a las estipulaciones de la participación. John E. Naugle, administrador de la NASA».

En efecto, las muestras llegaron a España el 27 de mayo de 1970 en medio de una gran expectación. El embajador estadounidense del momento, Robert Hill, le entregó a Travesí dos gramos, uno de polvo y otro de roca. Su labor fue irradiar las muestras con un reactor nuclear y obtener la composición de elementos traza. «La activación neutrónica era algo que en aquella época sonaba a ciencia ficción», indica Rafael Lozano. «Hoy en día es una técnica que no se utiliza en España. Para hacerlo, habría que enviar muestras al extranjero».