Ver la tierra desde la estratosfera, a 30 kilómetros del suelo, pendiendo de un gran globo aerostático. Es la última propuesta del turismo espacial, también la más asequible para los viajeros más aventureros y con bolsillos más saneados. Si está pensando en la película de animación Up, borre esa imagen. La propuesta de Space Perspective es ciencia al servicio del turismo espacial en tiempos de la COP27: cero emisiones para llegar a la estratosfera y observar la curvatura de la tierra, y todas las estrellas, a 30 kilómetros del suelo.

«Space Perspective es la evolución natural del turismo espacial» explica Ana Bru, responsable de la comercialización de los viajes de Space Perspective en España. Los viajeros podrán ver la curvatura de la tierra -no el globo terráqueo completo- a 30 kilómetros de la superficie terrestre.

Ana Bru quiere ser la primera española en viajar al espacio. Por eso en 2016 se convirtió en la referencia de Virgin Galactic en España. Quince viajeros españoles engrosan las listas de la compañía de Richard Branson para viajar al espacio. Pero los planes de Virgin parecen retrasarse tras el primer viaje, protagonizado por el propio Branson. Mientras, Bru ha buscado una alternativa.

900 personas engrosan ya la lista de espera de la cápsula Neptuno, que tiene todos sus vuelos vendidos para 2024 y 2025, a pesar de que todavía no ha realizado el primer lanzamiento de prueba. Las plazas para la cabina, 8 viajeros más el piloto, tienen un precio de 125.000 dólares.

Neptuno despegará comercialmente en 2024 según los proyectos de la compañía. Space Perspective confía hacer el primer vuelo de prueba durante la primavera de 2023.

Turismo espacial

En 2001 el empresario estadounidense Dennis Tito inauguró la era del turismo espacial. Tenía 60 años y pagó 20 millones de dólares para viajar a la Estación Espacial Internacional (ISS) en la nave rusa Soyuz TM-32. Tuvo que vencer la firme oposición de la NASA, pero la ayuda de Buzz Aldrin, miembro de la tripulación del Apolo 11, los 20 millones de dólares pagados a la Agencia Espacial Rusa (RKA) y la amenaza del Gobierno ruso de abandonar el proyecto de la ISS facilitaron las cosas.

Tito despegó el 28 de abril de 2001 desde Baikonur. En los años siguientes, la agencia espacial rusa puso en órbita a otros turistas espaciales, en un mercado que no se abrió a competidores hasta los vuelos de las cápsulas Dragon de la compañía de Elon Musk, SpaceX.

Más de 200 personas han pasado por la Estación Espacial desde que su primer morador llegó en 2000. Sólo una docena de ellos han sido turistas espaciales, capaces de sufragar el viaje para orbitar a una altitud media de 400 kilómetros. La estación da una vuelta completa a la tierra en alrededor de 93 minutos completando 15,5 órbitas cada día.​

Actualmente, existen seis empresas que se dedican a organizar planes de vuelos turísticos al espacio: Virgin Galactic, Blue Origin, Axiom Space, y Boeing, además de Space Perspective y SpaceX. La empresa de Musk ha puesto en órbita un cohete tripulado por civiles y en 2021 lanzó el primer vuelo charter privado a la Estación Espacial. Tres empresarios que pagaron 55 millones de dólares por el viaje. 

Los viajeros

Los viajeros del espacio tienen «perfiles muy heterogéneos» asegura Bru. Desde el más obvio, el astronauta frustrado que puede por fin hacer realidad sus sueños, al fanático de la velocidad que quiere vivir la última experiencia extrema.

Pero todos tienen algo en común: la voluntad de vivir una experiencia única «ponerse a prueba» con un viaje que «no ha hecho nadie». Una experiencia con la que «tomas conciencia de tu fragilidad» asegura Bru.

Pese a ello, la responsable de Bru&Bru afirma convencida que «todo el mundo puede viajar al espacio». Todos los comprendidos entre los 18 y 80 años «con buena salud» acreditada médicamente y capaces de superar las pruebas previas. Cada compañía tiene sus protocolos de preparación.

En el caso de Virgin, dos días de entreno con pruebas médicas, test de ingravidez y un simulador para soportar las fuerzas generadas por la propulsión y el descenso. El caso de la cápsula Neptuno es diferente, aclara Bru. Es un viaje «amable» en el que la cápsula asciende a 12 millas por hora durante un trayecto de 6 horas para llegar a la estratosfera «y regresar, suavemente, a la tierra».

La única condición para que las personas interesadas en viajar hasta la estratosfera puedan hacerlo es que sean aptas para realizar un vuelo comercial. De ahí que no deje de crecer el ritmo de inscripciones para este viaje único.

Recreación de la Neptuno sobre los cayos de Florida
Recreación de la Neptuno sobre los cayos de Florida

El viaje

La nave Neptuno partirá desde el Kennedy Space Center (Florida), creado por la Nasa para el programa Apollo. La cápsula presurizada se eleva con un globo aerostático impulsado por hidrógeno renovable, sin propulsión por cohete y sin dejar así huella de carbono. «Sin turbulencias ni as fuerzas soportadas en un cohete» aclara Bru, asciende hasta una altura de 30 kilómetros para observar más de 700 kilómetros con una vista panorámica de 360º.

Neptuno utiliza la gravedad a través de la flotabilidad, es decir, que el gas
del interior del globo es más ligero que el aire circundante, por lo que lo
eleva literalmente, junto a la cápsula, hasta alcanzar el equilibrio por
encima del 99% de la atmósfera terrestre, donde flota. Para descender, la
nave espacial libera una ínfima cantidad de gas que se convierte en agua,
por lo que el vehículo es técnicamente de emisiones casi nulas.

El final del trayecto es un amerizaje en el océano donde una embarcación recoge al pasaje y lo lleva a puerto. «Lo más divertido no es a dónde vas, sino lo que haces y con quién lo haces» explica esta apasionada de los viajes casi desde la cuna. Y en el caso de los viajes espaciales no tiene dudas: «yo soy más yo en una cápsula espacial, tus facultades y tus miedos se multiplican»

Esquema del viaje del Neptuno.
Esquema del viaje del Neptuno.

Experimenta la ingravidez

Siendo precisos, el concepto de turismo espacial está limitado a aquellos viajes que se realizan a más de 100km de altura. Pero ha abierto un nuevo camino al turismo de experiencias en el que opciones como las de Space Perspective son más que bienvenidas. La compañía de Jeff Bezos -dueño de Amazon- Blue Origin, está llevando clientes en viajes de 10 minutos hasta el borde del espacio, y la empresa Zero G ofrece vuelos suborbitales en los que podrás experimentar la ingravidez.

Para lograrlo utilizan un Boeing 727 modificado que vuela en arcos parabólicos. La caída en picado permite disfrutar de 20-30 segundos sin peso durante unas 15 veces. En estos vuelos no puedes observar la Tierra desde el espacio pero al menos puedes vivir cómo se siente un astronauta en el espacio.

“Los viajes comerciales al espacio son una realidad y ojalá seamos muchas las personas que podamos apreciar la belleza de nuestro planeta” afirma esta apasionada de viajar.

Vuelos suborbitales

Existen aviones que, aunque no lleguen hasta el espacio, sí vuelan lo suficientemente alto como para percibir la curvatura de la Tierra. Diversas empresas rusas ofrecen vuelos supersónicos para civiles. Para ello, utilizan aviones MIG-29, uno de los pocos jets que pueden acelerar verticalmente como los cohetes.

La experiencia consiste en subirse a bordo de uno de estos jets hasta alcanzar una altura de entre 16.000 y 21.000 metros. Si el trayecto no te ha dejado mareado, podrás disfrutar de unas vistas espectaculares de nuestro planeta durante unos 50 minutos.