La inundación glaciar que el miércoles arrasó la frontera entre Nepal y el Tíbet -con cientos de muertos y más de 1.500 personas desaparecidas, según los últimos recuentos- no fue un terremoto, ni un volcán, ni un evento imprevisible. Fue un GLOF (Glacial Lake Outburst Flood), una avalancha masiva de hielo, roca y sedimentos que colapsó un lago glaciar y liberó de golpe hectómetros cúbicos de agua en un valle sin escapatoria. Para Juan Terrádez, técnico del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC-CTP), este desastre es “una catástrofe anunciada por el cambio climático”, un fenómeno que la ciencia llevaba años describiendo en informes especializados pero que hasta ahora parecía confinado a capítulos lejanos de la crisis climática.
Según explica Terrádez, los GLOF son fenómenos hidrogeológicos que "son portadores de riesgo y que los conocemos: caídas de bloques, desprendimientos, avalanchas". Pero su mecanismo es específico: "Los lagos glaciares se caracterizan por crearse cuando se retrae, cuando se va fundiendo el hielo del glaciar, cuando se va reduciendo esa lengua de hielo y se forma en la cavidad que ha excavado durante milenios el glaciar". Ese lago queda retenido por una morrena frontal, un dique natural formado por los materiales que el glaciar arrastra a su paso que actúa como barrera contenedora.
El problema surge cuando el permafrost (suelo permanentemente helado que actúa como "argamasa" que une sedimentos y rocas) comienza a degradarse por el aumento de las temperaturas medias globales. "Al subir las temperaturas, esa masa de hielo que une tantísimo material, muchas veces toneladas y toneladas de materiales excavados por el glaciar, se han caído de golpe y en masa en el propio lago", describe Terrádez. "Entonces, eso genera un tsunami, una ola que atraviesa o se lleva por delante toda la morrena que hacía de dique y entonces hace que bajen hectómetros cúbicos de agua todo al mismo tiempo".
Para Terrádez, el GLOF del Himalaya es "un capítulo más de las consecuencias desastrosas del cambio climático que normalmente no tenemos como presente, pero que se venían advirtiendo". Recuerda que los informes del IPCC sobre la criosfera ya incluían este riesgo, pero que "en el primer mundo no ocurren estas cosas así de simple". "La gente reacciona a la magnitud de lo que se nos viene encima a base de este tipo de palos", concluye.
El técnico del OPCC insiste en que "esto ocurre en procesos de desglaciación únicamente". "Cuando un glaciar está en crecimiento, cuando un glaciar está vivo, cuando tiene dinámica, cuando en lugar de tener un retroceso está en avance, no ocurre porque no se forman los lagos". Y la velocidad del retroceso actual "supera las previsiones hechas ya en los años 92 con los primeros informes y modelos del IPCC".
En el caso del Himalaya, las ondas sísmicas detectadas inicialmente hicieron pensar en un terremoto, pero Terrádez apunta que "lo que han detectado los sismógrafos es la propia perturbación que han generado las toneladas y toneladas de material que han caído al mismo tiempo". Expertos internacionales confirman esta interpretación: el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y varios glaciólogos han señalado que el evento sísmico registrado fue consecuencia, no causa, del colapso glaciar.
El Pirineo como laboratorio de alerta temprana
Aunque en los Pirineos el riesgo de GLOF es "anecdótico" por la reducida masa glaciar actual "comparado con estas masas de hielo de las que estamos hablando, esto es completamente anecdótico a nivel de riesgos geológicos", reconoce Terrádez. El observatorio pirenaico ha documentado fenómenos similares a menor escala.
El técnico del OPCC cita el ibón de Sabocos, en la estación de Panticosa, donde mediciones recientes con dron acuático y sonar revelaron que "la parte más cercana a la ladera de la montaña había disminuido una barbaridad la profundidad del lago". "Eso es justamente porque, en parte el cambio climático, en parte la propia gravedad, en este caso creemos [...] va cayendo un material y eso hace que claro que todo el volumen de agua, cuando el material es mucho, pues que se genere esa onda, esa ola gigantesca".
En 2017, durante una sucesión de olas de calor intensas, el Pirineo registró "un pico de caída de bloques" en zonas de permafrost como el Vignemale, donde "bloques que permanecían estables porque la masa que los sostenía era el hielo se desprendieron". "Nuestro permafrost se encuentra sobre todo en laderas escarpadas a la sombra", precisa Terrádez, quien subraya que en España "lo que quedan son pequeñas masas de hielo a nivel de riesgos geológicos es simbólico". Aun así, el observatorio mantiene sensores y termistores en tiempo real en zonas críticas para monitorizar la degradación de la criosfera.
Dónde está el verdadero peligro en Europa
Para Europa, los mayores riesgos de GLOF se localizan en los Alpes donde aún persisten masas de hielo significativas. "En los Alpes hay algunos peligrosos", reconoce Terrádez, quien añade que allí existen sistemas de vigilancia con láser, drones y sensores que monitorizan en tiempo real la criosfera. "Los Alpes tienen un sistema de vigilancia por láser escáner con drones que te van vigilando cómo se mueve la nieve o cómo se mueve la capa de hielo de los glaciares, tanto para hacer un seguimiento como para evaluar y emitir los boletines de riesgo de aludes", explica.
En cambio, en el Himalaya y los Andes la magnitud de la criosfera y la falta de recursos hacen inviable una monitorización similar. "Es una salvajada de criosfera lo que hay allí, aunque cada vez hay menos sigue siendo inviable también mantenerlo monitorizado como los Alpes", afirma Terrádez.
El riesgo real en España: avalanchas y crecidas repentinas
Aunque los GLOF no son una amenaza inmediata en los Pirineos, Terrádez advierte que el cambio climático sí está incrementando otros riesgos hidrogeológicos. "El único riesgo vinculado a la criosfera que realmente a día de hoy tiene que preocupar son las avalanchas", afirma. Este año, "ha habido varios muertos en el Pirineo" por este motivo.
Además, el observatorio identifica como principal incertidumbre las crecidas repentinas (flash floods) vinculadas a lluvias intensas sobre capas de nieve, como las ocurridas en Viescas o recientemente en Tarragona. "Eso tiene una influencia también en el comportamiento de las avalanchas", señala Terrádez. "En España quizá donde más incertidumbre hay respecto al comportamiento de los riesgos hidrogeológicos y el cambio climático es, por supuesto, el tema de las lluvias intensas vinculadas a lo que se denomina flash flood", explica.
Más que una anécdota
Para Terrádez, el GLOF del Himalaya es "un capítulo más de las consecuencias desastrosas del cambio climático que normalmente no tenemos como presente, pero que se venían advirtiendo". Recuerda que los informes del IPCC sobre la criosfera ya incluían este riesgo, pero que "en el primer mundo no ocurren estas cosas así de simple". "La gente reacciona a la magnitud de lo que se nos viene encima a base de este tipo de palos", concluye.
El técnico del OPCC insiste en que "esto ocurre en procesos de desglaciación únicamente". "Cuando un glaciar está en crecimiento, cuando un glaciar está vivo, cuando tiene dinámica, cuando en lugar de tener un retroceso está en avance, no ocurre porque no se forman los lagos". Y la velocidad del retroceso actual "supera las previsiones hechas ya en los años 92 con los primeros informes y modelos del IPCC".
"Cuanto más energía aplicas a un sistema, más se desequilibra el sistema y más eventos difíciles de prever y con una intensidad desbordante ocurren", resume Terrádez. En un planeta que se calienta más rápido de lo previsto, los glaciares ya no son sólo vestigios de otra época: son relojes de arena que marcan el tiempo de la adaptación. Y el GLOF del Himalaya es la prueba de que ese tiempo se agota.
Te puede interesar