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El agua de los embalses baja al 60,3% de su capacidad con grandes diferencias entre el Atlántico y el Mediterráneo

Embalse de Beleña, a 23 de julio de 2026, en La Mierla, Guadalajara, Castilla-La Mancha
Embalse de Beleña, a 23 de julio de 2026, en La Mierla, Guadalajara, Castilla-La Mancha | Europa Press

La reserva hídrica española ha iniciado el otoño con una ligera pérdida de agua, aunque mantiene una situación mejor que la de hace un año y que la media de la última década. Los embalses peninsulares almacenan actualmente 33.801 hectómetros cúbicos, el equivalente al 60,3% de su capacidad total, según los datos difundidos este martes 22 de septiembre por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

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La reserva está al 60,3% de su capacidad

La capacidad total de los embalses peninsulares asciende a 56.043 hectómetros cúbicos. De ese volumen, 33.801 hm³ están almacenados a 22 de septiembre de 2026. El nivel actual supera el registrado en la misma fecha del año anterior, cuando los embalses reunían 31.314 hm³.

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La diferencia también es favorable al comparar la situación actual con la media de los últimos diez años. Ese promedio se sitúa en 25.402 hm³, por lo que la reserva de este año supera en 8.399 hm³ la referencia media de la década.

El descenso semanal resulta coherente con el final del verano y con una época en la que aumentan el consumo urbano, el riego y la demanda asociada a las altas temperaturas. Además, las precipitaciones no se han distribuido de forma homogénea. El MITECO señala que han sido abundantes en la vertiente Mediterránea y escasas en la Atlántica. La máxima acumulada se registró en Valencia, con 71,9 milímetros, equivalentes a 71,9 litros por metro cuadrado.

El Atlántico concentra más agua

La vertiente Atlántica reúne 26.752 hm³, con una capacidad conjunta de 42.404 hm³. Esto supone que sus embalses se encuentran, de media, alrededor del 63,1% de su capacidad. Además, la reserva actual de este ámbito está por encima de la registrada hace un año, cuando alcanzaba 24.316 hm³, y también supera con claridad la media de la última década, situada en 19.064 hm³.

Entre las cuencas atlánticas, el Guadiana presenta uno de los niveles más elevados, con el 72,4% de su capacidad. También destacan Guadalete-Barbate, al 76,3%, y el Guadalquivir, al 70,3%. En el extremo contrario se encuentran Galicia Costa, con el 53,7%, el Duero, con el 53,9%, y el Tajo, con el 55,5%.

El contraste dentro de esta misma vertiente demuestra que la etiqueta “Atlántica” no implica una situación uniforme. Mientras algunos sistemas del sur mantienen una reserva holgada, varias cuencas del norte y del interior se sitúan en torno a la mitad de su capacidad. El Miño-Sil está al 60,3%, el Cantábrico Oriental al 60,3% y el Cantábrico Occidental al 61,2%.

El Mediterráneo tiene menos volumen total

La vertiente Mediterránea almacena 7.049 hm³ de agua sobre una capacidad conjunta de 13.639 hm³. Su porcentaje medio se sitúa, por tanto, cerca del 51,7%, por debajo del promedio de la vertiente Atlántica. Aun así, el volumen actual supera ligeramente el del año pasado, cuando las reservas mediterráneas alcanzaban 6.998 hm³, y también está por encima de la media de diez años, fijada en 6.338 hm³.

Dentro de este ámbito aparecen diferencias muy marcadas. Las cuencas internas de Cataluña se encuentran al 74,4% y la Cuenca Mediterránea Andaluza, al 65,1%. El Júcar se sitúa en el 51,2%, mientras que el Segura alcanza el 51,7%. El dato más bajo corresponde al Ebro, con el 47,9% de su capacidad.

El otoño será decisivo

La evolución de los embalses durante las próximas semanas dependerá de las lluvias, de la demanda de agua y de la continuidad de las temperaturas altas. La predicción estacional de AEMET señala una probabilidad del 60-70% de que el otoño climatológico sea más cálido de lo normal en toda España. En cuanto a las precipitaciones, existe una probabilidad del 40% de que sean superiores a la media en el norte y el este peninsular y en Baleares, frente a un 25% de que resulten inferiores.

Este escenario no permite anticipar con exactitud el nivel de los embalses al final del otoño. Una sola situación de lluvias intensas puede modificar rápidamente los datos de algunas cuencas, aunque no todas las precipitaciones se traducen de la misma manera en agua embalsada. La intensidad, la duración, el estado del suelo y la ubicación de las lluvias influyen en la escorrentía y en las aportaciones a los ríos.

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